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semana mundial de la lactancia materna

Retratos de lactancia materna en Zaragoza: "No es una lucha de biberón o teta, sino por naturalizar el pecho"

La fotógrafa zaragozana Pilar Barceló recupera esta iniciativa solidaria después de tres años de parón. Sus protagonistan cuentan las dificultades de este proceso y piden más avances para la mujer y la conciliación.

Retratos de lactancia materna en el Parque Grande de Zaragoza.
Retratos de lactancia materna en el Parque Grande de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Ariadna Royo, madre de Ixeya, una bebé zaragozana de 9 meses, va por su tercer periodo de lactancia materna. 

Su primer hijo nació por cesárea en el hospital, y después tuvo que buscar ayuda especializada de unas matronas que le acompañaron en el segundo y el tercer nacimiento. Con el primero -relata- tuve muchos problemas para dar el pecho, pero se solucionó con mucho esfuerzo y la ayuda de la matrona Laura Sola. "Fueron unos días muy duros, porque todo lo que llora el bebé lo llora la mamá. Luego con el segundo también me ayudó ella, después de atender mi parto en casa. Tuve un poquito de dolor al principio, pero por suerte tenía ya esa red que me creé tras la primera lactancia, al salir del hospital, y me estuvieron apoyando. Toda mamá necesita una tribu que la sostenga en el postparto", cuenta esta madre, una de las más de 30 mujeres que este martes por la tarde acudieron a una sesión gratuita de fotografía para celebrar la lactancia materna, una iniciativa solidaria que se ha vuelto a celebrar en el Parque Grande de Zaragoza después de tres años de parón por la pandemia. 

Recuperarla, con motivo de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, supone para muchas de ellas la oportunidad de "reencontrarse" y celebrar una fecha "ilusionante" y "muy necesaria" para seguir dando visibilidad a este proceso que muchas de ellas afrontan con ayuda de otras mujeres

"La gente se cree que hay una lucha biberón teta y no la hay. Lo que hay que visibilizar y naturalizar es el pecho, que eso no significa que a todas les haya podido ir bien”, recalca Ariadna, consciente de que no siempre es posible la lactancia materna, pero sí cree importante -y por eso acude también por primera a vez al evento- visibilizarla y seguir luchando para conseguir mejoras. 

Ariadna Royo
"​El pecho que da de comer no gusta en la sociedad, pero el pecho exuberante que lo enseña todo, sí. Hay una doble moral. Una mujer que da teta en la piscina aún escandaliza"

"En España -lamenta- todos los veranos salen noticias de 'a mí me han dicho que me tapara…' o 'de la piscina me han echado'. Es brutal el acoso que hay hacia mujeres lactantes y ese doble rasero. El pecho que da de comer no gusta en la sociedad, pero el pecho exuberante que enseña el pezón, sí. Con una mujer en 'topless' no pasa nada, pero una mujer que da teta en la piscina aún escandaliza. Por eso es importante todo esto, celebrar este día como se celebra el Día de la Mujer, y visibilizar un acto que es natural porque es el primer alimento para el bebé", recalca esta zaragozana, que acudió este martes a la cita acompañada de su hija Ixeya, de 9 meses. 

Para Ariadna, visibilizar esta cuestión no está reñido con dar el biberón, pero sí que cree que deberían mejorarse los permisos de maternidad y las bajas para garantizar los seis meses que recomienda la OMS. "Sé que gracias al biberón y otros avances que ha habido muchos bebés sobreviven también, pero con la incorporación de la mujer al trabajo hay una crisis de lactancia tremenda que viven casi todos los niños y no ayuda, porque cuando necesitan aumentar la producción de leche, tú se la tienes que quitar", advierte esta zaragozana, que vería con buenos ojos que se alargaran los permisos de maternidad. En su caso, señala, tuvo que pedir una reducción de jornada con el primero y reincorporarse después "tres horas" para que el bebé no perdiera ninguna toma. "Ahora he tenido que cogerme una excedencia porque el trabajo me pillaba muy lejos. La mujer (o el bebé) sigue perdiendo mientras no se aumente la baja de maternidad", recalca. 

María Gasca
"Un mínimo de seis meses de lactancia materna exclusiva con cuatro meses de baja no hay forma de compaginarlo. La corresponsabilidad es importante, pero para las madres falta mucho"

La misma opinión comparte María Gasca, madre de tres chicos de 7, 5 y 1 año. A su juicio, esa "doble moral" de la que habla Ariadna te obliga a ser más "pudorosa" al principio. "Luego ya con el tercero lo vas superando si alguien te mira o te dice algo", afirma esta zaragozana, que vería con buenos ojos que se ampliara el permiso de maternidad porque a día de hoy hay muchas mujeres se ven obligadas a dejarlo antes de tiempo. "Un mínimo de seis meses de lactancia materna exclusiva con cuatro meses de baja no hay forma de compaginarlo. Hay madres muy abnegadas que se sacan leche y la dejan para que tome en lactancia diferida. Me parece de auténticas heroínas. Para mí el sacaleches es un infierno", apostilla Gasca, quien se siente no obstante afortunada de haber podido sacar adelante tres lactancias. "Yo he tenido la suerte de que en mi trabajo nos dan un poco más de tiempo y he acumulado vacaciones. Mis lactancias han sido hasta que he querido, pero normalmente en los trabajos no hay esa facilidad y la conciliación es una mentira que no existe. Creo que se tendría que concienciar mucho más a la gente de que existan bajas maternales más largas, cuando se han demostrado sus beneficios. Y ahora está muy bien que han ampliado el permiso de paternidad, porque la corresponsabilidad también es muy importante, sobre todo cuando eres primeriza y te viene todo nuevo, pero para las madres falta todavía mucho", añade.

Para María, la lactancia materna entraña una serie de dificultades "intrínsecas" a la práctica (como son el agarre, el tamaño del pecho, etc.) que se pueden ir superando con ayuda de profesionales, pero lo "más duro", a su juicio, son los problemas sociales que rodean a esta etapa. "Si no le das el pecho hasta los seis meses eres una mala madre, y si luego le sigues dando el pecho te reprochan que ya está muy mayor…'. Esos comentarios no hacen bien", opina Gasca, que al igual que Ariadna recurrió a la ayuda de otras profesionales para sacar adelante sus tres periodos de lactancia materna.

A menudo, advierte, este periodo se convierte así "en algo completamente diferente" a lo que muchas de ellas habían imaginado. "Mi primera lactancia fue un desastre total. La tuve que dejar a los 4 meses. No tenía ningún tipo de apoyo, había otra matrona en el centro de salud y en los 4 meses de lactancia que tuve viví 6 o 7 mastitis, y todo el mundo te decía: 'déjalo'. Me tomé las pastillas y lo dejé radical. La segunda vez estaba más segura de mí misma, sabía lo que quería y busqué ayuda en la asociación Vía Láctea. Él solo dejó de mamar a los 14 meses, poquito a poco, y no tuve que tomar pastillas ni nada. Con el pequeño, que tiene 15 meses, no he necesitado ayuda esta vez porque ya tenía experiencia. Y de momento no tiene pinta de que quiera dejarlo, así que estamos bien", cuenta orgullosa.

Retratos de lactancia materna en el Parque Grande de Zaragoza.
María Gasca con su hijo Mateo.
P. B. P.

Esta es la segunda vez que María acude al evento, del que disfrutó por primera vez en 2017. "Estuve con el segundo y para mí es una gozada venir, porque ves a más gente que también está dando el pecho y te sientes acompañada. Te das cuenta de que en el día a día muchas veces es un acto muy solitario, y parece que estás luchando contra todo. Encontrarte aquí con otra gente, que luego acabas conociendo de unos años y otros, es una fiesta. Y luego, además, te llevas un recuerdo a casa que te hace mucha ilusión siempre, porque como es tan cotidiano dar el pecho, tener un recuerdo bonito y una imagen hermosa de ti misma con el bebé en ese momento es precioso", confiesa. 

"Es bonito ver naturalidad, un bebé recién nacido o uno de dos años y medio tomando teta y que no te juzguen. Aquí nadie te dice: '¿otra vez teta?', '¡pero que ya está muy mayor!'... Hay muchos mitos alrededor de la lactancia materna que y ojalá se hicieran más informaciones sobre grupos de crianza para saber lo que pasa", añade, por su parte, Ariadna, que ha acudido al evento con su amiga Idoya, madre de una bebé de seis meses. 

Retratos de lactancia materna en el Parque Grande de Zaragoza.
Ariadna e Idoya posan con sus hijas en brazos.
P. B. P.
Mikaela
​"Vivo sola con él, y estamos los dos solos día y noche, pero encantadísima. Estoy deseando que se levante de la siesta para verlo y jugar"

Cuenta que fueron en su día compañeras de trabajo y ahora la maternidad les ha vuelto a reunir. Al igual que las demás mamás, Idoya reivindica la importancia de visibilizar la lactancia materna y darle "la importancia que merece". Ella es interina y estaba cubriendo una vacante cuando dio a luz a su hija Amaia. "Al no ser de curso completo tuve que incorporarme a los cuatro meses. El permiso de lactancia parece que es un derecho para todos los que trabajan y hay algunos convenios que no te lo dan", critica esta mamá. 

Mikaela y su hijo Matheus, durante la sesión de fotografía de lactancia materna en el Parque Grande.
Mikaela y su hijo Matheus, durante la sesión de fotografía de lactancia materna en el Parque Grande.
Pilar Barceló

También Mikaela, que ha acudido a esta sesión acompañada de su hijo Matheus, de 14 meses, pide más apoyo para las madres. Ella se enteró del evento a través del grupo de mamás del Centro de Salud Arrabal, y el calor no ha sido un impedimento para venir con su bebé. "Vivo sola con él, estoy divorciada, y estamos los dos solos día y noche, pero encantadísima. Estoy deseando que se levante de la siesta para verlo y jugar", añade esta madre, que lanza también un alegato en defensa de aumentar los permisos de maternidad en beneficio de los niños. "Estaría fenomenal porque ahora, a partir del año, se lo tengo que dar a su papá, con lo cual me estoy sacando con el sacaleches todas las semanas para no interrumpirle la lactancia", explica. Ella es funcionaria y ha tenido que cogerse una excedencia "primando el bienestar del niño al trabajo y el sueldo". Cuenta que en Rumanía el permiso de maternidad son dos años. "Tampoco es cuestión de comparar, pero si lo hacemos no hace falta irse a los países nórdicos... Yo llevo 20 años en España y conseguí quedarme después de muchos años de tratamiento. Ojalá estas iniciativas sirvan de algo, pero queda mucho... Hasta que los políticos no cambien las leyes, no conseguiremos igualarnos", concluye esta madre. 

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