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El puente de Hierro pide a gritos una mano de pintura

La pasarela luce oxidada y en muchos tramos con más grafitis que color blanquiazul que se le puso en la reforma de 2010. 

Las primeras arcadas de la margen derecha lucen sin apenas pintura.
Las primeras arcadas de la margen derecha lucen sin apenas pintura.
Heraldo

Hace exactamente doce años se ‘reestrenó’ el puente de Pilar, más conocido por los zaragozanos como puente de Hierro. Antes de 2010 la gran estructura era de color verde pero, por votación popular, acabó metamorfoseándose hacia el blanquiazul zaragocista. Se dijo entonces que estos colores permanecerían “durante los próximos 20 años”, pues se entendía que era el tiempo de vida estimado para las nuevas capas de pintura sobre las arcadas. Hoy se demuestra que la predicción fue en exceso generosa porque apenas doce años después el puente luce sobre el Ebro un tanto roñoso, oxidado y con más grafitis que restos de aquella pintura original.

En estos momentos se encuentra pendiente de adjudicar un contrato millonario (1.917.355 euros) para la conservación de los puentes de Zaragoza durante los próximos cuatro años, si bien las mejoras -sobre todo estéticas- en las plataformas dependen de proyectos más concretos. El Ayuntamiento dice ser consciente de la situación estética del puente de Hierro y tiene pretensión de "solucionarlo en cuanto sea posible", si bien no puede indicar ahora ningún tipo de actuación a corto plazo. No es un trabajo sencillo actuar sobre el puente, dado que hay que hacerlo por tramos a lo largo de sus 235 metros de longitud. Además, a la hora de repintar, hay que cubrir unos 11.300 metros cuadrados de superficie.

Curiosa imagen de 2010 con un tramo pintado, otro borrado y el verde antiguo al fondo.
Curiosa imagen de 2010 con un tramo pintado, otro borrado y el verde antiguo al fondo.
Heraldo/C. Moncín

En las redes sociales se ha compartido estos días algunas fotos que evidencian el mal estado de la pintura de las arcadas de hierro. Recordando lo que hizo el Ayuntamiento en 2010, en una probatina de sus canales de participación ciudadana, los internautas se han animado a lanzar una encuesta sobre el color con el que se debería repintar el puente.

El rojo bermellón, muy a tono con la enseña de la ciudad, no gusta demasiado salvo a quienes defienden que ahora toca pintarlo de los colores del Casademont Zaragoza y quienes creen que quizá pudiera emular a un Golden Gate maño. Las riberas del Ebro, en tal caso, deberían parecerse más a la bahía de San Francisco… La opción de recuperar el verde original sí tiene más apoyos, aunque la preferida sigue siendo el blanquiazul de inspiración zaragocista.

Las propuestas que se presentaron en 2010 para la votación popular.
Las propuestas que se presentaron en 2010 para la votación popular.
Heraldo

También los grupos municipales de la oposición se han hecho eco del deterioro del puente y del malestar de los vecinos del entorno. El PSOE denuncia que sobre los arcos “existen pintadas desde la rotura de la compuerta en 2017 y su estado general deja mucho que desear”, mientras que CHA Zaragoza, que aspira a volver a tener representación municipal en las próximas elecciones, también lamenta el abandono de las riberas por parte del equipo de gobierno.

Algo de historia

Durante muchos siglos, a lo largo de numerosos kilómetros de su recorrido, el río no tuvo otro paso que el puente de Piedra. Construido a finales del siglo XIX (en 1895), el puente de Hierro fue una obra de ingeniería muy avanzada en su época y se convirtió muy pronto en la imagen de la Zaragoza moderna. A principios de la década de 1990 del pasado siglo se acometió su reforma y se optó, entonces, por construir dos nuevos tableros para la circulación de vehículos que abrazan la estructura histórica. Esta solución, propuesta por Javier Manterola, hizo que la estructura original pasara a ser solo de uso peatonal. Desde entonces, el puente ha sido objeto de algunos rodajes y aparece, por ejemplo, en las películas ‘Una de zombies’, de Miguel Ángel Lamata, la más reciente ‘Las niñas’, de Pilar Palomero, o en el vídeo de ‘Perdóname’, de Amaral.

Una imagen de la pasarela, poco después de su construcción en 1895.
Una imagen de la pasarela, poco después de su construcción en 1895.
Coyne

Hace doce años, y a través de la contrata de mantenimiento de puentes, se invirtieron más de 735.000 euros para mejorar el drenaje superficial del tablero y renovar la impermeabilización del mismo. Las obras duraron seis meses y la guinda del pastel fue la “mejora estética” con el cambio de color. Durante décadas se había identificado al puente por su color verde, por lo que hubo que retirar varias capas de pintura con la técnica del chorreado: la aplicación de un chorro de arena sobre la estructura para levantar la pintura vieja y eliminar los vestigios de oxidación. Los trabajos se hicieron de tal forma que todos los restos se depositaron sobre el suelo “sin afecciones al cauce” y de modo respetuoso con el medio ambiente. De hecho, la pintura se aplicó con brocha en vez de con pistola para evitar daños en las aguas del río.

Al margen de la pintura y el lavado de cara, es probable que la infraestructura precise del cambio de algunos de los roblones (es decir, de los elementos que unían piezas metálicas y que presentaban algún tipo de deterioro a causa de la corrosión) por tornillos de alta resistencia y reparar algunas vigas metálicas, las barandillas. Es de suponer que se aprovecharía también para completar otros trabajos orientados como la eliminación de la vegetación de las pilas del puente que, o bien ha quedado retenida en el basamento a consecuencia de las crecidas del río.

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