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asesinato en zaragoza

La joven asesinada en Zaragoza tenía múltiples heridas de defensa y la Policía no cree la versión del detenido

El arrestado alega defensa propia, pero las pruebas parecen desmontar su coartada. El agresor tiene una lesión de arma blanca en el abdomen que podía ser autoinfligida.

Dos trabajadoras de una empresa de limpieza retiraban este miércoles sábanas ensangrentadas dejadas por el 061
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H. A.

La Policía no se cree la versión de Adil Lazizi, de 45 años, detenido por el asesinato de Cristina G., de 32, ocurrido en la noche del 30 de mayo en su vivienda de la calle Alegría, en el barrio de San José. El hombre continúa ingresado en el Hospital Miguel Servet recuperándose de una herida de arma blanca en el abdomen, cuyo origen atribuye a un ataque de la víctima. El criminal, que ya mató a cuchilladas a otra joven en 2001 porque se negó a mantener relaciones sexuales con él, alega en esta ocasión legítima defensa para justificar el homicidio.

En la declaración que prestó ante la Policía el pasado martes contó que su vecina de rellano -de la que llegó a decir que se le "insinuaba"-, llamó a su puerta y cuando abrió le clavó un cuchillo, el mismo que luego utilizó para acabar con la vida de la joven. Sin embargo, las pruebas que los agentes del Grupo de Homicidios han recopilado en el lugar del crimen y las primeras investigaciones apuntan a que los hechos ocurrieron de manera muy distinta a como los cuenta el detenido.

La agresión se cometió en torno a las 22.00, minutos después de que la joven llegara a su casa tras haber salido del trabajo (en una correduría de seguros) y pasado la tarde con compañeros de oficina y de compras. De hecho, iba cargada con bolsas cuando entró en su domicilio. Al parecer, el hombre la oyó o vio llegar y, por motivos que por el momento se desconocen, salió al rellano, la abordó en la vivienda de ella y se produjo una agresión de la que Cristina se defendió, pues en sus manos y brazos quedaron múltiples heridas de defensa. Luego el homicida le asestó varias cuchilladas mortales de necesidad.

Los gritos de la mujer fueron escuchados por vecinos del inmueble (de solo ocho pisos), uno de los cuales llamó al 091 para pedir ayuda. A pesar de ello, cuando las dotaciones policiales y dos ambulancias del 061 llegaron al lugar la víctima ya había fallecido y Adil Lazizi estaba en el portal armado con el cuchillo y sangrando y gritando que se moría. Los funcionarios lo obligaron a tirar el arma y después fue asistido por los sanitarios y trasladado en calidad de detenido al hospital.

La inspección ocular del lugar del crimen, el análisis de los rastros de sangre, de las huellas del cuchillo, de la trayectoria, forma y profundidad de las heridas de ambos arrojan mucha información que puede desbaratar por completo la versión exculpatoria del detenido. "También la envergadura y fuerza de cada uno, pues una vez desarmada la persona que presuntamente ofrecía un peligro para la vida este desaparece", explicaron ayer fuentes conocedoras del caso.

"Iba borracho"

No obstante, los abogados de detenido, Carmen Sánchez y Luis Ángel Marcén, defienden que su patrocinado actuó en "legítima defensa". Aseguran que el pasado lunes iba "borracho", su novia no estaba en esos momentos en casa y su vecina tocó el timbre de su puerta armada con el cuchillo con el que lo agredió.

Estas fuentes se inclinan por pensar que Adil Lazizi repitió el lunes el mismo crimen que cometió en 2001 en Madrid y del que fue víctima una joven francesa de 24 años, la misma que edad que tenía él entonces. La muchacha estaba con una amiga de vacaciones en España y había conoció ese mismo día al agresor y a un amigo de este en la discoteca Joy Eslava. Después de tomar unas copas, se fueron los cuatro juntos al piso del amigo en la calle Hierbabuena. Allí siguieron la fiesta fumando unos porros y cuando cada pareja se fue a una habitación, a la joven que estaba con Adil Lazizi le entró sueño y, según contó luego el criminal, se negó a mantener relaciones sexuales, por lo que se fue a coger un cuchillo a la cocina y le asesto diez puñaladas, varias por la espalda.

Por este crimen fue juzgado en la Audiencia Provincial de Madrid y condenado a 21 años de cárcel. El agresor terminó cumpliendo la pena en la prisión de Zuera, donde salió cinco veces de permiso, la última en 2020 cuando decidió no volver. Desde entonces estaba en busca y captura y había permanecido oculto hasta que su nombre volvió a salir a la luz pública el pasado lunes por haber asesinado a otra mujer de la misma manera.

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