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Acusan a una mujer de calcinar la casa de otra en Alfajarín por celos: “Su único afán era hacerme daño”

Los testigos sitúan a la acusada, a su hija y al exnovio de esta en el lugar de los hechos el día que las llamas arrasaron la vivienda. Ella reconoce la animadversión hacia la dueña, pero niega la autoría del fuego.

La principal acusada, a la derecha, junto a su hija, también investigada, antes del juicio en Zaragoza.
La principal acusada, a la derecha, junto a su hija, también investigada, antes del juicio en Zaragoza.
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Los celos pueden hacer que algunas personas se comporten de forma irracional. Pero ¿podrían llevar a alguien a prender fuego a una vivienda hasta reducirla a cenizas? La Fiscalía parece estar convencida de que sí, de que lo ocurrido el 25 de enero de 2020 en la urbanización Los Huertos de Alfajarín (Zaragoza) fue una venganza. Y por eso ha sentando este viernes en el banquillo de los acusados a Susana de C. A., para la que ha pedido prisión por colarse en una casa, llevarse los objetos de mayor valor y provocar un fuego en el salón antes de marcharse. Pero entiende que esta mujer no actuó sola, sino con la colaboración de su hija, Nerea C. A., y del novio de esta, Tarek M. G. Los tres se enfrentan a penas de entre cinco y siete años.

La principal acusada no ha ocultado la enemistad que mantiene con la dueña del inmueble siniestrado, vecina de su entonces pareja sentimental. Durante su declaración en el juicio, ha llegado a reconocer que la difamó a través de las redes sociales llamándola “puta” y asegurando que en su casa se hacían “mamadas a cinco euros”. “En un momento de calentón puedes decir muchas cosas”, se ha justificado ante la titular del Juzgado de lo Penal número 3 de Zaragoza. Pero la mujer tampoco ha tenido ningún reparo después en seguir manchando el nombre de la denunciante e insinuar que en so domicilio se trapicheaba con ‘speed’, marihuana y otras drogas.

Lo que sí ha negado de forma tajante Susana C. A. es que ella desvalijara la casa de Alfajarín y mucho menos que le pegara fuego. Sin embargo, hay testigos que la sitúan tanto a ella como al resto de investigados en el lugar de los hechos el mismo día en que se produjo el incendio. “Nosotros fuimos a casa de Alberto -su expareja, que vive a escasos metros de la vivienda que fue pasto de las llamas- a recoger las cenizas de mis padres, que todavía seguían allí. Pero no nos abrió la puerta y nos tuvimos que marchar”, se ha justificado. Una versión similar han dado tanto la hija de la acusada como su entonces novio, quienes también han reivindicado su inocencia.

El ministerio público y la acusación particular sospechan que los acusados eran perfectamente sabedores de que la propietaria de la casa estaba por aquellas fechas fuera de Zaragoza, ya que había ido a ver su hijo a Bilbao. Y por eso aprovecharon la oportunidad para llevar a la práctica su plan. “Me llamó la Guardia Civil de madrugada para contarme lo que pasaba. Pero cuando llegamos, estaba todo calcinado”, ha declarado la denunciante. “Y sé que son ellos porque mi vecino Alberto me llamó esa misma tarde para decirme que los había visto por los alrededores y que iban a liarla. Pero ¿cómo iba a imaginar yo algo así”, se preguntaba la mujer.

Cuando le ha tocado declarar, el tal Alberto ha dicho que no recordaba haber llamado a su vecina. “Yo aquel día bebí mucho en la comida y me eché a la cama”, ha explicado. Tampoco ha sabido decir dónde están las llaves que la dueña de la casa, con la que mantenía una “muy buena relación, desde hacía años”, le dejó en su día. Quien también ha declarado a favor de los encausados es otro vecino, quien ha asegurado que los vio aquella tarde cuando paseaba el perro, “pero dentro de su coche”. “A quien vi sacando un televisor de la casa que luego que se quemó es a otro hombre, que se subió en otro vehículo donde había dos hombres más”, ha asegurado.

Durante la vista han comparecido también los Guardias Civiles y peritos de la compañía aseguradora que llegaron a la conclusión de que el incendio no podía haber sido fortuito. Según los primeros, se arrancaron dos verjas de las ventanas para acceder a la vivienda. Los investigadores de Mapfre han explicado después que se identificaron dos focos distintos: el primario, bajo la ventana del salón, y el secundario, en un dormitorio. “En ninguno de estos lugares había fuentes de energía, por lo que no pudo ser un cortocircuito. No hay duda de que fue un fuego intencionado”, ha insistido uno de los especialistas.

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