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Juicio por fraude en Zaragoza: los testigos no aclaran si la fábrica subvencionada llegó a funcionar

Acusan a tres empresarios de dilapidar una ayuda de 1,3 millones destinada a poner en marcha un negocio de material ignífugo en Calamocha

Los acusados, durante la primera sesión del juicio celebrada ayer en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
Los acusados, durante la primera sesión del juicio celebrada ayer en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
Heraldo

«La nave se levantó, tenía cubierta y cerramientos, pero dudo que llegase a haber actividad industrial», afirmó un testigo. «No llegaron a tener ni luz porque hubo un problema con el suministro eléctrico», indicó otro. «Yo vi funcionar máquinas de proyección de mortero», aseguró un tercero. Y un cuarto declaró que cargó en la fábrica 8.000 kilos de lana de roca (material ignífugo) para colocarlos en los cines Cinesa de Puerto Venecia.

El tribunal de la Audiencia Provincial que juzga por fraude y estafa a cinco personas acusadas de quedarse 1,3 millones de euros del erario destinados a poner en marcha una fábrica en Calamocha escuchó ayer declaraciones totalmente contradictorias. La cuestión no es baladí, pues las acusaciones –que piden cerca de 40 años de cárcel para los encausados– mantienen que    invirtieron solo una mínima parte del dinero de la subvención para aparentar que la empresa funcionó y se quedaron el resto.

Por su parte, las defensas argumentan que fue un negocio fallido que no salió adelante por culpa de los impagos.

En lo que sí coincidieron todos los testigos es en que la nave se construyó y tuvo cubierta y paredes, lo que no está claro es si dentro hubo actividad industrial. Uno de ellos declaró que fue contratado para montar, reparar y homologar varias máquinas de «segunda mano» que la empresa Aznabian pretendía usar para producir lana de roca. «Nosotros anticipamos el certificado de garantía de todas las máquinas para que lo presentaran en el sitio oficial», explicó. Este trámite se suele adelantar para conseguir las ayudas y luego, una vez reparadas, obtienen la chapa que garantiza la calidad. En este caso no se logró puesto que, al no recibir el pago pactado, la empresa no acabó el trabajo.

El testigo manifestó que cuando vio las facturas de las máquinas le llamó la atención que los precios estaban hinchados. «Las facturas que me enseñó la Guardia Civil eran desmesuradas», dijo.

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