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arquitectura

Un jardín de hierro y mármol de mentira, traje de un centenario edificio de Zaragoza

El inmueble de la calle de Manifestación 16, en la actualidad el Hotel Catalonia El Pilar, data de 1902 y se considera una casa "ejecutada con maestría".

Tiene como vecina a la fuente de la Samaritana, al que fuera palacio de los condes de Sobradiel y a la iglesia de Santa Isabel de Portugal. Entre sus paredes guarda el día a día de las familias que vivían en los pisos, las conversaciones de los clientes del Gran Café Niké o las compras en el Pequeño Catalán. Ahora también las visitas de quienes se instalan en este hotel del corazón de la ciudad. Relatos de 120 años de historia, los que atesora el número 16 de la calle de Manifestación de Zaragoza.

El solar donde se edificó ya tenía historia. "En la casa que ocupaba anteriormente el solar de este edificio, nació el día 25 de septiembre de 1855, para honor y gloria de la literatura patria, el insigne periodista Mariano de Cavia Lac", reza una coqueta placa que se encuentra en la fachada desde octubre de 1908. "La admiración de todos rindió este homenaje a tan esclarecido ingenio", añade el relieve a la altura del primer piso.

A principios del siglo XX, Francisco Navarro Pérez era el propietario de varias fincas de las calles de Manifestación y Santa Isabel y decidió unirlas con un proyecto de Julio Bravo. Su fachada, que combina piedra y el ladrillo, destaca por los balcones de las tres fachadas y los miradores de los chaflanes, caracterizados por la ornamentación inspirada en la naturaleza. "Singular interés ofrece el hierro usado de manera abundante en los numerosos miradores acristalados, en los que impera como elemento decorativo fundamental el delicado 'coup de fouet' - con especial presencia de las líneas curvas- y los elementos vegetales. Por el contrario, son los elementos florales los que con prioridad decoran los antepechos de los balcones", explican en el informe histórico artístico del Ayuntamiento de Zaragoza.

Hotel Catalonia El Pilar, en la plaza del Justicia de Zaragoza.
Uno de los chaflanes, en la plaza del Justicia de Zaragoza.
Oliver Duch
"La casa es una síntesis ejecutada con maestría"

"La casa es una síntesis ejecutada con maestría, en la que en un planteamiento completamente eclecticista", se describe en la ficha. Lo justifican con la composición de la fachada, en la que se utilizan "referencias a estilos historicistas" y al se incorpora la "influencia del modernismo floral en los aspectos ornamentales", se añade.

Bravo, que dejó su firma en otros inmuebles de la ciudad, "fue un gran arquitecto urbano", lo define Jesús Verón en el diccionario de arquitectos en Aragón. "Todos sus edificios producen una explícita sensación de solvencia, adaptada con el paso del tiempo a las formas necesarias para ser interpretada sin error; su arquitectura, entre historicista y ecléctica, es comedida y eficaz, con esa profesionalidad característica de los arquitectos que dignifican su ciudad", añade Verón.

El edificio de Manifestación 16, vista desde la plaza del Justicia de Zaragoza.
El edificio, antes de la rehabilitación como hotel.
Oliver Duch
"La casa es un ejemplo magistral de lo que se podría llamar más un eclecticismo de influencia naturalista"

Los elementos modernistas forman parte del "giro estético" de Bravo en los primeros años del siglo XX. "Por ello la casa es un ejemplo magistral de lo que se podría llamar más un eclecticismo de influencia naturalista, que un modernismo definido en cualquiera de sus vertientes", se concreta en el informe municipal.

Este edificio consta de cinco plantas –cuatro más la baja- y otro piso bajo tierra. El sótano, que ahora es el comedor del hotel, conserva las carboneras por las que cargaba el sistema de calefacción. Son una decena de vanos con forma de cuña que cubren todas las paredes. Como ese, en el interior se conservan numerosos detalles de su pasado, que ayudan a dibujar cómo fue el edificio a principios del siglo XIX. Un ejemplo son las numerosas lámparas de gas que iluminan –ahora con electricidad- cada rincón.

Hotel Catalonia El Pilar, en la plaza del Justicia de Zaragoza.
Comedor del hotel, donde se aprecian las carboneras cubiertas con telas.
Oliver Duch

Por la calle de Manifestación, la entrada principal, se descubre una "bellísima" puerta de entrada, que el Hotel Catalonia El Pilar la conserva abierta, como legado de su pasado. Se encaja en un arco ondulado mixtilíneo, rematada con inspiración gótica. Esas referencias se repiten en el interior del zaguán o en otras puertas de madera tallada. "Los anteriores propietarios contaban que cuando salían tenían que llevar la gran llave", reproduce Ignacio Guinea, director del hotel y que ahora tienen expuesta en un cuadro. Otra de las historias del edificio que han trascendido es que los niños que vivían jugaban en los pasadizos que llegaban hasta la plaza de San Felipe, ahora cancelados por los bares de la zona.

Hotel Catalonia El Pilar, en la plaza del Justicia de Zaragoza.
Una de las puertas que se conservan, rodeadas de motivos vegetales.
Oliver Duch
"El conjunto es armónico y muy logrado, y es el ejemplo fundamental de la obra de Julio Bravo en la primera década del siglo XX"

Tras subir unos pocos peldaños, se llega a la caja de la escalera. "El conjunto es armónico y muy logrado, y es el ejemplo fundamental de la obra de Julio Bravo en la primera década del siglo XX, que repetirá en otras obras posteriores", determinan en el informe oficial del edificio. "No lo parece, pero es pintura al agua. Cuando llegamos al edificio estaba pintado de blanco, pero debajo de esa pintura estaba esta imitación a mármol, hecha a mano", comenta Guinea. En el centro de la escalera está la antigua cabina del ascensor, que sigue siendo cabina, pero de teléfono.

Hotel Catalonia El Pilar, en la plaza del Justicia de Zaragoza.
La caja de la escalera. Las paredes son un trampantojo de mármol pintado.
Oliver Duch

Tres grandes puertas de madera delatan que en tiempos allí hubo tres viviendas por planta. Así hasta la tercera, porque el cuarto piso guarda un secreto. "Hasta aquí es mármol, pero como en el último piso vivían los conserjes, la escalera ya era de cemento", muestra el director del Hotel Catalonia.

Hotel Catalonia El Pilar, en la plaza del Justicia de Zaragoza.
Sello de los talleres Mercier en las columnas del vestíbulo del hotel.
Oliver Duch

También se conservan las columnas de hierro que se difuminan en el vestíbulo. Se pueden encontrar en toda la planta baja y una placa en cada una de ellas revela que fueron fundidas en los talleres Mercier. "Son macizas", apostilla el director del complejo.

Antiguo Gran Café Niké, en la calle de Santa Isabel de Zaragoza.
Antiguo Gran Café Niké, en la calle de Santa Isabel de Zaragoza.
Archivo Heraldo de Aragón

En ese mismo espacio, en el lado de la calle de Santa Isabel, se ubicó en tiempos el Gran Café Niké. Su origen fue como tienda de tejidos, pero en la década de los 80 se convirtió en cafetería. "Su mobiliario interior y la decoración de fachada han desaparecido en las obras de rehabilitación del edificio llevadas a cabo entre 2003 y 2005", referencia la ficha histórico artística del Ayuntamiento, por lo que en la actualidad está "descatalogado". En la plaza estuvo, hasta la venta del edificio, El Pequeño Catalán, también dedicado al sector textil, como concluye Guinea.

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