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Dispara a su exjefe en Zaragoza: "Cuando sacó el arma y me encañonó vi que era la mirada de odio de Alberto"

La Audiencia Provincial ha empezado a juzgar este martes al electricista acusado de intentar asesinar a balazos a su exjefe en el barrio Jesús, acusándolo de su despido del hospital Royo Villanova. 

Alberto Pérez, durante la primera sesión del juicio celebrada este martes en Zaragoza.
Alberto Pérez, durante la primera sesión del juicio celebrada este martes en Zaragoza.
Guillermo Mestre

La Audiencia de Zaragoza ha sentado este martes en el banquillo a Alberto Pérez Giménez, el ingeniero industrial para el que la Fiscalía pide 11 años de prisión por tirotear e intentar asesinar a su exjefe a las puertas de su casa, en el barrio Jesús de la capital aragonesa. El Grupo de Homicidios llegó a la conclusión de que el acusado quería acabar con la vida de Javier V. S., jefe de mantenimiento del Sector I del Servicio Aragonés de la Salud (Salud), por considerarlo uno de los responsables de su despido como electricista del hospital Royo Villanova. Sin embargo, el encausado ha dedicado casi dos horas a intentar convencer al tribunal de que no fue el pistolero que sobre las 7.15 del 6 de abril de 2020 disparó contra su exjefe, que ahora tiene 49 años. El investigado, de 39 años, ha llegado a manifestar que no tenía “ninguna animadversión” hacia él y que siente mucho “el incidente que pudo costarle la vida”.

El sospechoso, que lleva dos años en prisión provisional por estos hechos, no ha ocultado durante la primera sesión del juicio la “enorme frustración e impotencia” que le provocó su despido, que llegó a grabar en vídeo y colgar en internet. “Yo soy una persona válida que me merezco trabajar en un puesto así. Pero me utilizaron de cabeza de turco, porque se me culpó de forma injustificada de la contaminación de un quirófano que estuvo clausurado siete días”, ha manifestado el encausado.

El de Alberto Pérez no ha sido un interrogatorio sencillo, ya que ha dado muestras de haberse estudiado hasta la última línea del sumario y ha ofrecido una coartada o explicación para todo. “No voy a entrar en su juego”, ha dicho el acusado tanto a la fiscal como a la letrada Carmen Cifuentes, que ejerce la acusación particular en nombre de la víctima, y al abogado de la DGA, José Luis Gay, negándose a responder a las preguntas que le incomodaban. El tono utilizado algunas veces responder y las interrupciones que ha hecho después a la víctima durante su declaración han llevado al presidente del tribunal a advertir varias veces al acusado que acabaría siendo expulsado. “Está dando usted una pésima imagen”, ha llegado a espetarle , sin llegar a mandarlo al calabozo.

El presunto autor de los disparos ha querido hacer evidente que a quien realmente culpa de su “injusto” despido es a otra de sus jefas, a la que ha llegado a referirse como “una enferma mental”. Ella estaba presente en la reunión en la que se le comunicó que iba a dejar de trabajar en el hospital y fue tal su reacción que el ahora acusado ya fue condenado en su día por un delito leve de amenazas.

Pero lo que las acusaciones intentan demostrar en este juicio, que se prolongará hasta el viernes, es que Alberto Pérez preparó también la emboscada mortal contra su exjefe. ¿Por qué tenía guardada en el GPS de su coche la dirección de la víctima? ¿Por qué cambió las matrículas de su furgoneta para pasar desapercibido? ¿Por qué se bajo de internet tutoriales para fabricar explosivos? ¿Por qué compró después los materiales para hacer bombas caseras?, son algunas de las preguntas que hoy le han formulado. Durante el registro de su vivienda, escondida en el conducto del aire acondicionado se encontró la caja vacía de una pistola. Y se da la circunstancia de que el arma utilizada en el intento de asesinato nunca ha aparecido.

Casi dos años de recuperación

Los cinco disparos que efectuaron contra Javier V. no consiguieron acabar con su vida, pero sufrió lesiones que podrían haber resultado mortales de las que ha tardado casi dos años en recuperarse. Porque no pudo reincorporarse a su puesto de trabajo hasta el pasado otoño y todavía lleva alojada en el pie izquierdo una de las balas.

"Salí del coche a retirar la bici que había en la acera. Noté que alguien se movía por detrás y enseguida pensé que era una celada"

La víctima ha recordado hoy con enorme entereza cómo se produjo el ataque. “Salgo del garaje con el coche y veo una bici sobre la acera que me impide el paso, por lo que paro y salgo a retirarla. La levanté y la dejé junto al árbol de la izquierda. Noté que alguien se movía por detrás y enseguida pensé que era una celada. Tenía le certeza de que era una trampa. Y cuando me giro, me encuentro cara a cara con esta persona”, ha explicado el jefe de mantenimiento del Sector I del Salud, quien ha identificado después “sin ninguna duda” al acusado como su agresor.

“Le pregunto que qué quiere, si el dinero, el coche... Pero no pronunció ni una palabra, solo sonidos guturales. Acto seguido, me dispara justo debajo del corazón y me perfora el estómago. Estaríamos como a metro y medio o dos metros”, ha contado.

“Noté el impacto y me intenté zafar, pero no tenía mucha escapatoria. Me giré para rodear el morro del coche mientras escuchaba más disparos. Entonces, uno me impacta en la espalda y me quedo agarrotado sin poderme mover”, ha narrado. “Cuando saca el arma y me encañona, le veo la mirada y era la misma mirada de odio que tenía Alberto cuando amenazó a Marta V. -la otra jefa- el día de su despido”, ha concluído.

La defensa, a cargo del letrado Alejandro Sarasa, ha preguntado a la víctima cómo podía estar tan seguro de que fue el acusado quien le disparó si cuando le tomaron declaración en el hospital tras el suceso no pudo dar ningún nombre. Y Javier V. ha explicado que entonces estaba todavía "en shock y medicado".

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