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“Mi perrita ha perdido un trozo de lengua por la procesionaria”

En los últimos días se han registrado numerosos episodios de emergencia en Zaragoza por contacto con esta oruga en pinares del Parque Grande, Juslibol, La Jota, el campus de San Francisco y otros puntos de la ciudad

Laika le hace una carantoña a la cachorrita Keyla, que ha perdido parte de la lengua por la procesionaria.
Laika le hace una carantoña a la cachorrita Keyla, que ha perdido parte de la lengua por la procesionaria.
A.R.

Es una plaga anual, y se sabe cómo y cuándo llega. La oruga procesionaria crea numerosos quebraderos de cabeza cada año en febrero y marzo a los dueños de mascotas, especialmente perros, con episodios que desembocan en visitas a urgencias y, en algunos casos, ingresos de varios días para aliviar los efectos de envenenamiento que sufren estos animales domésticos. Este año, la tradicional eliminación de los bolsones de procesionarias en las copas de los pinos no ha llegado a todos los parques de Zaragoza, y se han registrado numerosos episodios de emergencia entre mascotas por contacto directo de hocico y lengua con la oruga o las acículas secas roídas parcialmente por el gusano y caídas de los pinos.

Ana Reinales vive en el barrio de La Jota, y ha pasado por un mal trago en estos días con su mascota Kayla. “He tenido perros toda la vida; junto a mi casa hay muchos pinos, y sabemos que siempre hay que tener cuidado en estas fechas cuando se pasea a los animales, pero si las bolsas de procesionaria se eliminan con tiempo, el peligro desaparece. Hace unos años ya pasamos un mal rato con un pastor belga, pero no fue un caso severo, era fuerte. Ahora tengo dos perras, una mestiza de dos años que se llama Laika y una cachorrita yorkshire de cinco meses, Kayla, que es más movida. La pobre tocó el bicho con el hocico y enseguida vi que algo le pasaba por sus gestos. Aunque fuimos corriendo al veterinario a por la medicación de turno, el veneno le llegó a la lengua y se le necrosó parcialmente en la punta y los laterales; mi perrita ha perdido un trozo de lengua por la procesionaria”.

La oruga procesionaria adulta, con los peligrosos pelillos de su lomo muy visibles
La oruga procesionaria adulta, con los peligrosos pelillos de su lomo muy visibles
HA

Kayla ha estado tres días ingresada en Valvet Valdespartera. “El trato ha sido espléndido, son grandes profesionales. La han tenido con goteros; no sabíamos si había llegado a tragar veneno, eso hubiera afectado al estómago. Se ha recuperado, pero no por completo; no está bien aún. El Ayuntamiento solía quitar los nidos, pero este año no se ha hecho o no lo suficiente, me cuentan que pasa por otros puntos de la ciudad. Aquí al lado, en el parque de Oriente, también hay nidos. Voy a denunciar este hecho; espero soluciones, y no es cuestión de dinero, aunque obviamente ese gasto extra de la hospitalización del animal no viene bien a nadie”.

Las denuncias por problemas derivados de la procesionaria en mascotas se extienden al campus universitario de la plaza San Francisco, el Parque Grande, Juslibol y otros puntos de la ciudad. “También es peligroso para los niños pequeños, que todavía no pueden saber del peligro que suponen esos gusanitos”, apuntaba telefónicamente una ciudadana en llamada a este diario.

Las explicaciones técnicas

El nombre científico de la llamada procesionaria del pino es Thaumetopoea pityocampa. Es un lepidóptero común en los bosques de pinos del sur de Europa, especialmente en zona mediterránea, y su presencia está catalogada como plaga. También aparece puntualmente en cedros y abetos. Estas orugas están cubiertas de pelos urticantes que se desprenden y flotan en el aire, provocando irritación en oídos, nariz y garganta en seres humanos, así como reacciones alérgicas. La toxina que sueltan es la Thaumatopina.

El veterinario Montxo Ferrández, de la clínica zaragozanoa Pelos, Plumas y Escamas, aclara que este problema es más común en perros más jóvenes y curiosos. “Lo huelen y lamen todo, y afecta sobre todo a la boca, labios y lengua. Este contacto se torna peligroso si los pelos urticantes de la oruga, que son como agujitas, bajan de la garganta y obstruyen las vías respiratorias. Prevenir estos episodios es cuestión de atención: si se camina entre pinos en esta época del año, sobre todo cuando la temperatura ha cambiado hacia niveles más templados, hay que llevar al perro con correa corta y controlado. Los nidos en los pinos, además, se ven con facilidad. El perro da señales claras de alarma: normalmente empiezan a babear mucho, a darse con las patas en la boca... tienes que fijarte si respira bien y si no es así, a correr hacia el servicio de urgencias”.

Ferrández también recomienda alivios caseros para los casos en los que no hay problema respiratorio. “Se les puede dar agua con un pulverizador tipo manguera o ducha, o inclinando una botella, pero siempre sin frotar, porque eso liberaría la sustancia tóxica que hay en los pelos urticantes; en el lomo del gusano, entre cada segmento una pequeña bolsita que libera miles de microagujitas y causa el envenenamiento. Es mejor que el perro mire al suelo cuando se le dé agua, para que no se trague algún pelito de la oruga que pueda tener en la boca. En urgencias se les da un antiinflamatorio potente y antihistamínico; así se puede paliar también el dolor. Por desgracia, si hay muchos pelos de oruga en la boca del perro, no es raro que se le caiga un trocito de lengua por necrosamiento; si ese trozo no es muy grande, no pierden calidad de vida, pero si lo es, a los pobres les cuesta un poco más recuperarse y comer o beber con normalidad, aunque se acaben haciendo al problema”.

El veterinario puntualiza que “los primeros días o incluso semanas tras el episodio no pueden comer bien, así que esos días hay que alimentarlo con cuidado y controlar que no se deshidrate. Anteayer me vino el último caso, un cachorrito de mes y medio de Botorrita; en la casa no tenían orugas en los pinos porque las habían eliminado, pero el vecino sí… y las orugas acabaron cayendo al terreno contiguo”.

Desde la Unidad Verde

Alberto Esteban es el jefe de la Unidad Verde de Zaragoza, adscrita al servicio de Parques, Jardines e Infraestructuras Verdes. Esta unidad se ocupa de varias tareas, desde el control y vigilancia del entorno natural hasta la detección de residuos ilegales, el rescate de animales o la elaboración de censos de aves. “Los adultos de esta oruga, a partir de una fecha concreta que suele coincidir con el mes de junio, vuelan como mariposas y viven sobre una semana y media; es entonces cuando realizan la puesta de huevos en las ramas altas de los pinos; se plantan en las acículas de hojas de pino y hacen una especie de vaina o colmena. A partir de ahí, cuando llega septiembre u ocyubre, nacen los gusanitos y pasan por cinco estadios”.

Un bolsón de procesionaria.
Un bolsón de procesionaria.
Guillermo Mestre

Los tres primeros estadios de crecimiento no son peligrosos. “Pueden durar de 20 a 30 días cada uno -explica Esteban- y ahí las orugas no crean problemas aunque haya contacto. En diciembre ya pasan a un cuarto estadio e inmediatamente después al quinto, ya con un tamaño considerable , ahí no se percibe como un problema, bolsas chiquitinas. Desde diciembre cuarto estadio y a continuación el quinto, cuando alcanzan un tamaño considerable -va de los tres centímetros a los cinco, y las hembras son más grandes- con los bolsones más visibles, que les sirven para protegerse del frío por las noches. Cuando mejora la temperatura, van saliendo y es cuando se convierten en un problema; se alimentan de las acículas de las hojas de las pináceas, pero a partir de febrero comienzan las procesiones de bajada por el tronco del árbol. Por eso se les llama así”.

El objetivo de esta oruga es enterrarse en la hojarasca y transformarse en pupa, el paso previo a la crisálida y la conversión en mariposa. “A veces esta transformación no se hace en el mismo año, se queda como pupa y enterrada un segundo año, y el proceso se va repitiendo. En cuanto a los árboles, colaboran a su defoliación y les crean más problemas para sobrevivir, aunque no sean las que acaben matándolo; sí pueden abrir el paso a barrenadores que acaben la tarea. Si no es así, la hoja vuelve a salir, sobre todo en el pino carrasco zaragozano. Antes que usar insecticidas, lo eficaz es retirar los bolsones o emplear otros recursos, como las cajas nido. Si los bolsones son pocos, hay que quitarlos y quemarlos en lugares seguros; si hay muchos, funciona bien un anillo-trampa que atrapa a las orugas baja la procesión por el tronco”.

La trampa es una especie de collar que se ciñe al tronco del árbol, y que tiene una bajante conectada a una bolsa de plástico llena de tierra de la zona; cuando llega la procesión de orugas, toman esa bajante y se introducen voluntariamente en la bolsa de plástico con tierra para enterrarse e iniciar su metamorfosis. Esta trampa reproduce las condiciones que buscan las larvas de procesionaria para culminar su ciclo biológico. Además, es reutilizable y puede guardarse para la siguiente temporada después de lavar con jabón sus principales elementos.

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