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La solidaridad y buena voluntad se alían para ayudar a Lázaro

La empresa Cubbe, la parroquia de la Presentación de la Virgen y los vecinos de La Bozada han conseguido un lugar para guardar sus cosas hasta que encuentre casa.

Lázaro Llorente, Adrián Pablo y Ceferino García, en la puerta de la parroquia cargando enseres.
Lázaro Llorente, Adrián Pablo y Ceferino García, en la puerta de la parroquia cargando enseres.
Guillermo Mestre

La semana pasada Lázaro Llorente, de 50 años, estaba durmiendo en la calle porque se resistía a abandonar los enseres que habían llenado su hogar en los últimos tres años. Debía salir del piso que durante ese tiempo le había facilitado una entidad social, en la calle de Andrés Gay Sangrós, por cumplir el tiempo máximo de estancia. Tutelado por los Servicios Sociales del Gobierno de Aragón, la salida provisional que buscaron para Lázaro Llorente fue una habitación en una pensión en la que, lógicamente, no podía llevar todas sus pertenencias. Le avisaron para que se las llevara y él pidió tiempo, pero no lo consiguió.

"El día 27 sacaron todas mis cosas y me dijeron que me deshiciera de ellas, pero no las voy a abandonar, son todo lo que tengo", contaba a este diario el pasado sábado, después de pasar tres noches al raso, con frío y niebla, velando por sus enseres.

Con mala salud, una pensión de 400 euros y muchas dificultades para encontrar trabajo por sus condiciones físicas, este ‘cubanomaño’ que ha vivido y trabajado en Zaragoza desde 1999, no contaba con que su historia iba a calar en buenas personas.

Primero fueron los dueños del bar Casa Yago, que lo conocían como vecino de la calle y le dieron desayuno, comida y cena hasta que se "resolviera el embrollo". Después fue Javier Pérez Mas, cura de la parroquia de la Presentación de la Virgen, y Ceferino García Oliva, un voluntario de la misma, que le facilitaron un lugar para dejar parte de sus enseres. "Pero solo podía tener unos pocos y solo unos días, claro. Y el resto están en un trastero pequeño que pago yo, pero no sé ni donde está ni quién tiene las llaves", contaba este miércoles Lázaro Llorente.

La noticia la leyó Adrián Pablo, director comercial de Cubbe Covarrubias, empresa del mismo nombre que acaba de abrir un espacio de 1.000 metros cuadrados con 200 trasteros en la calle Obispo Covarrubias. "Hablé con mis jefes y les propuse echarle una mano durante el tiempo que necesite. Para nosotros no es nada pero para él, en estos momentos, es mucho", señalaba Adrián Pablo en la puerta de la parroquia mientras metían las cosas de Lázaro en una furgoneta que también gestionó y proporcionó Cubbe.

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