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URBANISMO

¿Por qué Zaragoza no tiene su propia baldosa?

Ciudades como Barcelona o Bilbao tienen un pavimento muy identificable. En la capital aragonesa, sin embargo, se combinan más de una treintena de tipos de suelos diferentes.

Coloridos baldosines de una calle de Córdoba.
Coloridos baldosines de una calle de Córdoba.
Heraldo

Algunas se han convertido en iconos urbanos. Las baldosas que alfombran los suelos de Bilbao o Barcelona son tan propias de la ciudad que, incluso, se utilizan como símbolos para joyas, ropa, pósters, pasteles, logotipos… En ambos casos, además, las baldosas se ilustran con varios círculos que forman una suerte de flor y cuentan que se diseñaron de tal modo para que los surcos evitaran que se formaran charcos, tan habituales los días de lluvia en la capital vizcaína.

Otras urbes no han tenido una suerte tan homogénea en el diseño de sus suelos y en sus calles se combinan adoquines, mármoles, gres y baldosas de todo tipo. De hecho, Zaragoza es conocida por su pastiche estético, pero no es un caso único porque actualmente en los ayuntamientos de Burgos o de Valencia, por citar solo dos ejemplos, se está estudiando qué hacer para que “ siempre que sea posible y económicamente no sea desproporcionado” se use un único tipo de baldosa que “cree imagen de ciudad”. El área de Desarrollo Urbano del consistorio valenciano ya ha encargado a unos diseñadores gráficos la creación de una baldosa para usar en los nuevos proyectos de ‘supermanzanas’ y así crear un “identidad propia” y “dotar de coherencia” las calles de la ciudad.

Con las baldosas de Barcelona se han ilustrado decenas de productos.
Con las baldosas de Barcelona se han ilustrado decenas de productos.
Heraldo.es

¿Por qué no puede hacerse algo semejante en Zaragoza? En realidad intentos los hay y los ha habido, tanto por la vía de la decisión de los próceres de la ciudad como por ‘política de hechos consumados’ con grandes proyectos de reforma urbana. Así, por ejemplo, cuando hace ya una década desembarcó el tranvía en la ciudad se optó por unificar estéticamente todo su trazado con grandes baldosas grises de hormigón y antideslizantes. Fue una apuesta que se creía práctica, sencilla y funcional, hasta que hubo que pulir -manualmente y a lo largo de semanas- todos los bordes de granito que ejercían de separadores de las vías, dado que eran punzantes y no pocos coches se dejaron ahí los neumáticos.

Parón en las obras de Don Jaime por falta de baldosas
La calle de Don Jaime se puso a cota hace cuatro años y cambió toda su pavimentación.
HA

Otro paso decisivo en este intento de unificación del pavimento lo da, en la parte teórica, las ordenanzas que el Ayuntamiento de Zaragoza ha ido aprobando en la última década en lo respectivo al cuidado y la ornamentación del espacio urbano. O bien por una normativa propia y exclusiva o a través del Plan Integral del Casco (PICH)  (que procura “un tratamiento singular para un espacio singular"), en los últimos años se ha hablado y debatido mucho sobre las fachadas, los toldos, las fuentes y las farolas… Poco, no obstante, se ha escrito en relación al pavimento, que en Zaragoza se va cambiando y alternando sin un criterio definido. Así, en cada nueva reforma los arquitectos y urbanistas proponen un tipo de firme diferente y eso impide que haya conexión entre unos y otros. Sólo en el Casco Histórico conviven una veintena de baldosas diferentes, siendo las predominantes las clásicas (y aburridas) de seis pastillas. 

Hay que tener en cuenta que se calcula que en Zaragoza hay unos 4.800.000 metros cuadrados de aceras y que cada año las brigadas reparan unos 8.000 metros cuadrados de embaldosados. Así, es natural que anden como locas cuando de la plaza de España y sus losas de textura de pizarra se pasa al asfaltado adoquinado de Manifestación o al mármol travertino del entorno de la Seo sin solución de continuidad. Sin duda, la urbanización de esta plaza ha sido la que más polémica (y sobrecostes) ha generado en los últimos tiempos porque las losas de ónice iraní y el mármol travertino fueron materiales carísimos y resultaron de una calidad más que cuestionable. A las pocas semanas comenzaron a resquebrajarse y, para más inri, son losas que apenas absorben el agua por lo que en caso de lluvia o de rocío son numerosos los resbalones y los accidentes junto al palacio arzobispal. 

BALDOSAS C/ SANMIGUEL / 16-03-05 / FOTO: JUAN CARLOS ARCOS 74AC0313.jpg
Un tramo de la calle de San Miguel en el que coinciden varios diseños.
Heraldo.es

Muchos ingenieros zaragozanos llaman la atención y piden que en la ciudad se predique con el ejemplo, pues en el extranjero (véase el caso de la plaza del basílica Saint Michel de Burdeos) han optado por utilizar piedra negra de Calatorao (de la firma Gramablack), con muchos mejores resultados y un coste mucho más económico. Se da la curiosa circunstancia de que en la cercana plaza de San Bruno ya se puso este tipo de acabado allá por 1998, pero el Ayuntamiento en reparaciones posteriores retiró algunas de sus losas para colocar unos pegotes mezcla de cemento y grava en sus huecos. Recuerdan fuentes municipales que en el Casco Histórico, la Comisión Provincial de Patrimonio también tiene voz y voto, pues tienen que aprobar las intervenciones en aquellas calles rodeadas de espacios protegidos o de inmuebles de interés arquitectónico, véase el reciente caso del Mercado Central. En la mayoría de esos casos la preferencia común es la terminación pétrea con tonos cálidos o rojizos o bien una simulación de adoquinado antiguo.

Fuera del corazón de la ciudad, basta con dar un breve paseo por los barrios de Las Fuentes, Universidad y Las Delicias para comprobar que lo único que define al pavimento de la ciudad es su heterogeneidad. Según el área de Urbanismo, siempre se procura que las baldosas sean cómodas, seguras, estables y económicas o, al menos, que no disparen los costes de la obra. También es fundamental que “exista suministro y se pueda reponer en caso de rotura”, aunque la colección de modelos que hay en los almacenes municipales es múltiple y variada. En este fondo de armario destaca la baldosa dividida en pequeñas cuadrículas o dibujos de hexágonos, que sirvió para pavimentar buena parte de la ciudad consolidada, en lo que en los años 70 se consideraban ‘los ensanches’. La clásica baldosa de cuatro o seis pastillas en su momento dio buenos resultados, pero ahora está ya machacada del uso, apenas tiene agarre y resulta peligrosa cuando está mojada por la lluvia o los baldeos. Cuentan que algunas de ellas, incluso, se fortalecieron con virutas de metal para evitar resbalones, pero 50 años después han perdido mucha efectividad.

En los últimos años diversas ciudades, entre ellas Zaragoza, han experimentado con baldosas que son capaces de amortiguar la contaminación, de transformar las pisadas en energía o, incluso, de ofrecer señal wifi a los viandantes. No obstante, son experimentos puntuales que se hacen en un tramo de calle y que no están llamados a extenderse por la ciudad. De hecho, unos de los hándicaps para renovar todo el pavimento es que los contratos de suministros de baldosas van por bloques, barrios o proyectos y son poco globales.

Algunas de las intervenciones del perfil de Instagram Juncosa.art
Algunas de las intervenciones del perfil de Instagram Juncosa.art
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En Burgos sí se ha solicitado ya que, cada vez que haya que actuar en una calle o se vaya a rehabilitar un entorno, se use el mismo tipo de baldosa y que esta sea “técnicamente sea adecuada para las necesidades climatológicas y atmosféricas” de la ciudad. La misma tesis defiende el Consistorio de Vitoria, mientras que en Valencia se aferran a la citada idea de las supermanzanas (que ganan espacio para el peatón con mobiliario urbano, maceteros y pintura de colores) para extender luego un mismo modelo por toda la ciudad. El observar los suelos de las ciudades, además, parece que se ha convertido casi en tendencia de la mano de las redes sociales, pues cada vez hay más artistas hacen acopio de imágenes no tanto de pies ni zapatos como de baldosines de la calle. El caso paradigmático es el de Juncosa.art, que ha llevado algunas de las losetas de Gaudí y de la flor de Barcelona por toda al geografía. Aquí entrarían también los suelos empedrados de Lisboa o el ‘síndrome de Stendhal’ con los azulejos de Oporto, pero eso ya da para otro reportaje...

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