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Confiesa al fin la brutal violación de una joven a la que tiró medio muerta junto a una carretera en Zaragoza

El agresor negó en su día hasta que conociera a la joven. Pero este jueves, 15 meses después de los hechos y cuando la víctima ya ha fallecido, ha aceptado 14 años de prisión por aquella dramática agresión sexual. La madre de la mujer, sentada a un metro del acusado durante el juicio, ha sido testigo de la confesión.

El acusado, durante su declaración ante la Audiencia de Zaragoza.
El acusado, durante su declaración ante la Audiencia de Zaragoza.
Oliver Duch

Cuando declaró por primera vez ante el juez de guardia como presunto autor de la brutal violación de una joven de 35 años a la que abandonó después a su suerte en un descampado del barrio de Valdespartera de Zaragoza, José Manuel C. R. lo negó todo y aseguró que ni siquiera conocía a la víctima. El magistrado que se hizo cargo del caso volvió a darle después la oportunidad de explicar lo ocurrido, pero el supuesto agresor decidió entonces guardar silencio. El investigado se ha sentado esta mañana en el banquillo de los acusados de la Audiencia Provincial de Zaragoza. Y consciente de que la Fiscalía y la acusación particular estaban pidiendo para él penas de entre 25 y 27 años, lo ha confesado todo.

La víctima, de nombre Beatriz, identificó desde el primer momento al acusado como el hombre que el 11 de agosto de 2020 estuvo a punto de acabar de su vida. No lo conocía de nada, pero fueron tales los desgarros y padecimientos sufridos que su rostro se le quedó grabado a fuego. Primero en fotos y después durante una rueda de reconocimiento, la mujer señaló sin ninguna duda a su atacante. Y lo mismo hubiera hecho hoy en el juicio de seguir viva. Pero aquella terrible experiencia y su delicada salud acabaron causando su fallecimiento hace unos meses.

La que ha podido escuchar como el criminal reconocía finalmente tan brutal atropello ha sido la madre de la víctima, que decidió seguir adelante con la acusación particular de la mano de la abogada Lola Fernández. Desde la primera fila de la bancada del público, a un metro escaso del hombre que destrozó literalmente a su hija -fue tal la violencia con la que se empleó el acusado que la víctima pasó varias semanas hospitalizada y nunca volvió a controlar algún esfínter-, la mujer ha sido testigo de como el agresor aceptaba una condena que lo mantendrá 14 años en prisión: 9 por la agresión sexual y otros cinco por las gravísimas lesiones. Para compensar, si es posible, el dolor de la familia de la fallecida, José Manuel C. R. tendrá que indemnizarla con 97.300 euros y hacerse también cargo de las costas del proceso, incluidas las de la acusación particular.

Para sellar el acuerdo y agilizar el juicio -estaban previstas varias sesiones, pero se ha despachado en una mañana-, la Fiscalía y la abogada de la madre de la víctima han exigido que el procesado confesara los hechos y abonase por adelantado casi 32.000 euros. A cambio, tal y como pedía la defensa, a cargo del abogado José Luis Melguizo, las acusaciones han considerado probado que el el agresor tenía diagnosticada una enfermedad mental y que el día que casi mata a la joven sufría un trastorno transitorio.

Una vida de desgracia e infortunio

Dado el reconocimiento expreso de los hechos por parte del agresor, el tribunal presidido por el magistrado José Ruiz Ramo ni siquiera ha precisado escuchar la declaración que en su día grabó la víctima. Sin embargo, a principios de este año, ella misma narraba su calvario a HERALDO.

"Cuando abrí los ojos, no me creía que siguiera viva, ahora no sé cómo vivir", decía la víctima hace unos meses a HERALDO

"Cuando abrí los ojos, no me creía que siguiera viva, ahora no sé cómo vivir", confesaba Beatriz. Y lo cierto es que la suya fue una historia de infortunio y desesperación. Por entonces, todavía de baja médica, sin trabajo y sin ingresos, esta zaragozana explicaba lo mucho que le estaba costando salir adelante. Sin recuperarse todavía de la dramática experiencia sufrida, la Seguridad Social le negaba hasta el ingreso mínimo vital: 461,50 euros que deberían haberle permitido soñar con un futuro que nunca tendrá.

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