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Condenado en Zaragoza por abusar de su hijastra durante dos años y causarle graves secuelas

La Audiencia Provincial lo condena a siete años de prisión por someter a tocamientos habituales a la chica desde que tenía 16 años para terminar metiéndose en su cama cuando estaba a punto de cumplir los 18.

El condenado, sentado, junto a su abogado, en los pasillos de la Audiencia de Zaragoza.
El condenado, sentado, junto a su abogado, en los pasillos de la Audiencia de Zaragoza.
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Siete años y un día de prisión, otros cinco de libertad vigilada y una indemnización de 10.000 euros por daños morales. La Audiencia de Zaragoza ha decidido que esta sea la pena con que Carlos Gabriel Toro Villalobos pague los dos años continuados de abusos sexuales a los que sometió a su hijastra, desde que tenía 16 hasta que estuvo a punto de cumplir la mayoría de edad. El acusado empezó practicando tocamientos a la menor, primero por encima de la ropa y luego por debajo. Pero no se conformó con eso y acabó metiéndose en su cama.

El miedo que le infundían las continuas amenazas de su padrastro y el temor a la reacción de su madre si le contaba lo que le estaba haciendo hicieron que la chica callara su martirio durante meses. Pero esa pesadilla silenciosa ha tenido graves consecuencias psicológicas, ya que le ha provocado un trastorno depresivo y estrés postraumático con alteraciones para dormir, tristeza y episodios de autolesiones.

Durante el juicio, el encausado, de 35 años, negó cualquier tipo de abuso a su hijastra, dijo no entender por qué le denunciaba y llegó a dejar entrever que podía tener algún motivo espurio. Pero sus argumentos no han convencido al tribunal, que da mucho más valor al testimonio de la menor. «Son declaraciones creíbles, coherentes, verosímiles y persistentes, no existiendo ninguna incredibilidad subjetiva ni móviles espurios», dice en su sentencia.

La Fiscalía y la acusación particular, a cargo de la letrada Candela Garries, calificaban los hechos como un delito continuado de abusos sexuales. Y es por este por el que el tribunal condena al acusado. La sentencia considera probado que llegó a producirse una penetración no consentida, pero al no mediar violencia –la víctima declaró en la vista que se quedó paralizada al despertarse de madrugada con su padrastro encima, se quedó «bloqueada» y «por miedo» se hizo la dormida– los magistrados no aprecian agresión sexual.

La defensa, a cargo del abogado José María Bayod, ha conseguido así que la pena se vea reducida de 16 a 7 años de prisión. Esta parte se apoyaba en un informe psicológico del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA) para intentar probar que la menor no padecía un estrés postraumático. Sin embargo, lo que ha hecho el tribunal es ponderar esta valoración, de una profesional que vio a la víctima en una única sesión de dos horas y media, y la de otros dos especialistas: un psiquiatra que la visitó en cuatro ocasiones y una psicóloga que estuvo con ella nueve veces. Y ha dado más valor a estos dos últimos diagnósticos.

Contra la sentencia cabe todavía recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia.

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