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Los bazares chinos se resienten: "Vendo un 30% menos y los productos me cuestan un 30% más"

Aunque no ha habido cierres en masa, el comercio asiático de Zaragoza sufre la caída en las ventas y el incremento del coste del transporte marítimo.

Xiaoren Gau, en su tienda Min Ren, en la calle Santa Inés de Zaragoza.
Xiaoren Gau, en su tienda Min Ren, en la calle Santa Inés de Zaragoza.
Toni Galán

Los bazares de Zaragoza no se escapan de la crisis. Estos negocios, regentados habitualmente por ciudadanos de origen chino, acusan en parte el impacto de la pandemia, pero también el incremento del coste de los productos llegados desde aquel país. El transporte marítimo de contenedores ha multiplicado hasta por siete su coste, lo que hace que ahora resulte mucho más caro traer mercancías habitualmente baratas. Eso acaba repercutiendo en los bazares y, aunque en menor medida, en los precios que se encuentran los clientes.

Tanto los propietarios de estos negocios como sus proveedores señalan que en la capital aragonesa apenas está habiendo cierres, más allá de casos puntuales. Admiten que la crisis se nota, que se vende menos, pero no hay una bajada de persianas en masa. Aunque a niveles inferiores a los de antes de la pandemia, el negocio resiste, y cada uno busca sus estrategias para intentar que el aumento de coste de sus productos no desestabilice la cuenta de resultados.

A pie de calle admiten que la situación no es fácil. “Las ventas han bajado entre un 20% y un 30%, y los productos me cuestan entre un 20% y un 30% más. Así es complicado, pero hay que aguantar, no podemos hacer otra cosa”, señala Xiaoren Gau tras la mampara que instaló en el mostrador de su negocio del Casco Histórico. Pese a ello, en la tienda no deja de entrar gente, y él no da abasto para buscar el cojín con las medidas exactas que pide una señora, el boli de punta fina que le solicita una chica o el ventilador “para el verano que viene” por el que le pregunta un vecino del barrio. “Los precios los he subido un poco, pero no mucho porque si no no venderíamos”, señala Gau.

En San Vicente de Paúl, Hui no tiene tanto éxito en su tienda Super Compra. “Si hubieras venido hace dos años a esta hora, habría bastante gente en la tienda, y ahora mira”, dice señalando los pasillos vacíos de su comercio. Señala que el negocio está “mucho más flojo que antes”, y que las ventas -en su caso- caen mensualmente entre un 30% y un 50%. Los productos que compran a los importadores, en cambio, calcula que han subido “un 20%”. “Es mucho, sobre todo teniendo en cuenta que ahora vendemos menos”, lamenta.

Interior del comercio asiático Min Ren, en Zaragoza.
Interior del comercio asiático Min Ren, en Zaragoza.
Toni Galán

En la calle Santa Inés sobrevive uno de esos todo a 100 (pesetas) que se empezaron a expandir por los barrios antes incluso de la implantación de los negocios orientales. Lo regenta desde hace 27 años Juan Romero, que reivindica “el todo a 100 de toda la vida”. Llegó a tener cinco tiendas, “pero cuando entraron los chinos...”, señala. “Es muy difícil competir con ellos, porque hacen todas las horas del día que haga falta”, apunta.

Según su experiencia, la pandemia ha provocado una caída en las ventas, pero de forma “asumible”, entre un 10% y un 15%, calcula. “Lo peor es la competencia, que estamos muchos en poco sitio”, asegura. Aunque en algunos casos busca sus propios proveedores, en general compra en los mismos grandes distribuidores que su competencia oriental, es decir, en los polígonos industriales de Cogullada en Zaragoza, de La Cova en Manises (Valencia) o de Madrid.

“Los precios han subido bastante, se nota mucho. No sé si es por la importación en los barcos, por la crisis o por qué, pero las cosas cuestan más”, refleja Romero. Como ejemplo, señala que un producto que él compraba a 40 céntimos, ahora le cuesta 52, es decir, un 30% más.

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