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La lectura, el nexo de unión entre ocho localidades de Calatayud

El CRATres Riberas cuenta con 112 alumnos repartidos entre estos municipios. En dos de ellos, Fuentes de Jiloca y Villafeliche, el centro sobrevive con cuatro niños.

Varios escolares del colegio de Maluenda juegan en el patio.
Varios escolares del colegio de Maluenda juegan en el patio.
JMACIPE

El Colegio Rural Agrupado Tres Riberas, que cuenta con 112 alumnos repartidos entre Miedes, Mara, Villafeliche, Fuentes de Jiloca, Morata de Jiloca, Paracuellos de Jiloca, Terrer y Maluenda, tiene en la lectura su particular hilo de unión. «Cada año seleccionamos una obra o un autor y hacemos actividades alrededor, incluso una de las jornadas de convivencia», explica Susana Torcal, directora de este centro con sede central en Maluenda.

Además de la animación lectora, el equipo directivo, que ya cuenta con cinco años de experiencia, ha impulsado la aplicación de la jornada continua, un plan para concienciar sobre salud a través de alimentación, higiene y bienestar físico y están trabajando en habilitar espacios para madrugadores y de tardes para favorecer la conciliación, la igualdad y la inclusión. «Nos han dado charlas escritoras, nutricionistas, entrenadores de fútbol...», recuerda.

«Como en todo hay sus pros y sus contras, pero aunque en cantidad seamos pocos eso no quiere decir que seamos menos», subraya la responsable. «Hay un trato más cercano, más individual que en un contexto más urbano no es posible», argumenta Torcal. Asimismo, señala que «al haber diferentes edades en una misma aula, favorece el aprendizaje y eso se nota a la larga para bien».

También apunta que otra apuesta es «que haya una socialización entre los niños y los padres, pero no de un solo pueblo, sino de todos los que conformamos el CRA». Como prueba, además de varias jornadas de convivencia durante el curso, también organizan una fuera del horario lectivo. En el Tres Riberas cuentan con 22 docentes y un equipo definido. «Es importante que haya renovación, pero hemos apostado por quedarnos», incide Torcal. En suma, lo que buscan es un objetivo claro: «Queremos fomentar el apego al medio rural, porque la escuela en un pueblo es la vida. Si sigue, hay niños, hay familias y hay alegría. Si se cierra, todo se va fuera, vas a hacer tu vida fuera y te vas a querer ir».

Durante el recreo se persigue que se desarrollen distintas actividades, como cooperación, música, juegos como el ajedrez o el parchís. Sergio Gállego, de 10 años, valora que lo que más le gusta es estar con sus amigos y la convivencia «con los niños y niñas de otros pueblos». Para María Rodrigo y Diego Burgos, de 9 años, el recreo y las actividades en torno a la lectura son otro de los atractivos. «Tenemos un pasaporte con recomendaciones de libros y lo que más nos gusta es el patio», reconocen ambos.

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