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"Como refugiados, España y Europa te ayudan mucho y quieren lo mejor para ti"

Cuatro hermanos kurdos acaban de abrir el restaurante Rog Ava, especializado en comida siria, en el centro de Zaragoza.

De izquierda a derecha, los hermanos Ibrahim, Mostafa, Adam y Ahmad Ramadan en la entrada de su restaurante de comida siria.
De izquierda a derecha, los hermanos Ibrahim, Mostafa, Adam y Ahmad Ramadan en la entrada de su restaurante de comida siria.
Toni Galán

Como abrir un cuaderno nuevo, con todas las páginas en blanco por rellenar. Así resume el kurdo sirio Ahmad Ramadan, de 18 años, lo que supuso para él y su familia "empezar de cero" como refugiados en España el 25 de noviembre de 2017 dejando todo atrás por culpa de la guerra. "Esa fecha no la olvidamos. Todo fue nuevo: el idioma, la gente, la ciudad... Casi cuatro años después, este es el mejor país y Zaragoza, nuestra segunda ciudad (proceden de Kobane, al norte de Siria). Todos nos han acogido muy bien", señala este joven, que acaba de abrir junto a sus hermanos Ibrahim (23 años), Mostafa (22) y Adam (19) el restaurante Rog Ava ('la bajada del Sol' en kurdo) de comida siria "de barbacoa" en la calle de Don Jaime, 54-56, de la capital.

Desde que llegaron a Aragón siempre tenían en mente trabajar juntos en un negocio de hostelería para dar a conocer la gastronomía y la historia de su país natal. Esa oportunidad les llegó recientemente cuando un amigo que regentaba un kebab pakistaní les traspasó el local. "En Siria las familias nunca se separan, están juntas toda la vida. Es una tradición. Los cuatro hermanos estábamos empleados, por separado, en distintos restaurantes: Mostafa en Pamplona, Adam en Barbastro y Ahmad (que también estudia) y yo en Zaragoza. Es mejor trabajar para nosotros", explica Ibrahim. 

Todos ellos residen en la misma casa junto a sus padres, otro hermano y una hermana. Pero no siempre fue así: alguno de ellos ha estado viviendo por temas laborales en otras ciudades españolas e incluso en Lyon (Francia). También la huida de la familia a la vecina Turquía en 2014 -tras la caída de Kobane a manos del grupo terrorista Dáesh- fue por partes. Allí permanecieron tres años y no guardan un buen recuerdo. "Es mejor quedarte en Siria con guerra que en Turquía. Vas por la calle y te llaman sirio, trabajas en cualquier cosa y no cobras... Hay racismo", critica Mostafa Ramadan.

Por eso, cuando su padre, Mohamed Ramadan, recibió la llamada sobre la posibilidad de ser acogidos por España no se lo pensaron. Aterrizaron en Madrid y directamente llegaron a Zaragoza de la mano de la Fundación Cepaim (el proceso de asilo de refugiados es organizado y planificado por el Ejecutivo central). Atrás dejaban la mala experiencia turca, la pérdida de familiares por las bombas, el exilio de gran parte de sus allegados (sobre todo a Alemania, pero también a Canadá y Marruecos) e incluso el encarcelamiento de Ibrahim a manos de los islamistas. "Fueron los dos meses más duros de mi vida. Estaba estudiando fuera y me capturaron, junto a otras personas, cuando volvía a ver a mi familia. Los del Dáesh dicen que los kurdos no somos musulmanes. Querían que me sumara a ellos, estaba seguro de que iba a morir", relata el joven, que señala que logró escapar.

Llegada de familias afganas

Estos hermanos sirios son un ejemplo de integración ahora que la Comunidad empieza a recibir a los primeros refugiados de Afganistán que huyen de los talibanes. "Para ellos también va a suponer empezar de cero; les va a cambiar la vida. Es difícil cuando vas a una ciudad en la que no conoces a nadie ni sabes el idioma. Como refugiados, España y toda Europa te ayuda mucho y quieren lo mejor para ti, si no no lo harían. Desean que tengamos una nueva vida, que volvamos a estudiar...", coinciden los cuatro, que siguen de cerca las noticias que llegan de Kabul.

Los hermanos Ramadan en el interior del local, ubicado en pleno centro de Zaragoza.
Los hermanos Ramadan en el interior del local, ubicado en pleno centro de Zaragoza.
Toni Galán

Ellos han canalizado sus ganas de emprender juntos y el gusto por la gastronomía en el restaurante Rog Ava, que ofrece al público raciones, platos combinados, bocadillos, ensaladas, pizzas y postres y cuenta con una terraza con seis mesas. "La comida siria es diferente, casi todos los platos llevan especias. Y también la forma de cocinar es distinta. Hacemos un hummus con carne, el baba ganush (de berenjena asada, pimiento, tomate y cebolla), el kibbeh machine (con carne picada, brugul, cebolla y nueces) o el postre kunafa (con mozzarella), entre otros platos", enumera Ahmad, que resalta su deseo de que el negocio les vaya bien.

Por su parte, el cabeza de familia se muestra contento por la aventura empresarial de sus hijos. "Es mejor trabajar que estar con ayudas. Además, Zaragoza me gusta y la gente es amable", comenta Mohamed Ramadan, que no obstante quisiera volver a Siria una vez termine la guerra, iniciada en 2011. "La echa mucho de menos. Vivíamos muy bien allí: teníamos casas, locales, campos... Mi padre tenía negocios y una familia muy grande con la que siempre se juntaba. Hemos dejado atrás muchas cosas", comenta Mostafa.

En cambio, ellos no piensan regresar mientras las cosas les vaya bien en España. "¿Para qué vamos a ir? No hay luz ni gasolina ni gas.... No hay vida".

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