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Cientos de ghaneses de toda España duermen frente a la estación Delicias para renovar el pasaporte

La Embajada del país africano les citó en el hotel de la intermodal, pero se vio desbordada y la Policía tuvo que intervenir para evitar altercados.

Varias dotaciones de las policías Nacional y Local se ocuparon de organizar las filas ante la dejación de funciones de la Embajada.
Varias dotaciones de las policías Nacional y Local se ocuparon de organizar las filas ante la dejación de funciones de la Embajada.
Oliver Duch

Pasar uno de los días –y su correspondiente noche– más calurosos del año guardando fila en la calle no es plato de buen gusto. Y la experiencia se torna aún más desagradable si no se consigue el objetivo buscado, como les ocurrió a cientos de ghaneses de toda España que hicieron fila desde el viernes frente al hotel de la estación Delicias. La embajada de su país había alquilado una sala para renovar los pasaportes caducados, pero la demanda desbordó cualquier previsión, lo que sumado a un teórico error de comunicación llevó a los funcionarios a mandar de vuelta a casa a todos aquellos ciudadanos que no tuviesen una residencia fija en la provincia de Zaragoza. Esta orden –que no aparecía claramente reflejada en la convocatoria oficial– generó un profundo malestar y varios momentos de tensión durante toda la mañana de ayer, lo que obligó a las policías Nacional y Local a desplegar un total de ocho patrullas. Un mal ambiente que tenía sustento: hasta la capital aragonesa se habían desplazado adultos, niños y ancianos desde Gijón, Bilbao, Barcelona, Lérida... y hasta desde Vigo. Desplazamientos largos y con un coste aparejado que derivaron en un fiasco mayúsculo.

Lo mismo le ocurrió a Nicholas Amankona, natural de la ciudad de Accra pero residente en Fraga, a donde tuvo que regresar con el documento caducado: «Hoy no hay conexión de autobús con Zaragoza y he tenido que venir en taxi. Me ha costado 60 euros, para mí es mucho dinero, al que habría sumado los 150 que cuesta el trámite de renovación y otros 20 euros por las distintas gestiones que ya he hecho días atrás por internet». Para este ciudadano, el origen del problema reside en que el Gobierno ghanés «ha intentado atender más personas de las que realmente podía y, una vez se ha visto superado, no ha sabido organizarse, como de costumbre». Este diario trató, sin éxito, de ponerse en contacto con la Embajada.

Las quejas por la pésima organización fueron continuas.
Las quejas por la pésima organización fueron continuas.
Oliver Duch

Uno de los más reivindicativos dentro de la multitud fue Emmanuel Yaw, quien inmigró a la capital aragonesa hace 14 años desde Sunyani. «He venido a renovar el pasaporte de mi mujer y de mi hija y me he encontrado con que primero nos han dado un número, pero luego este no servía de nada. Hay gente aquí que lleva muchas horas y nadie sale a dar explicaciones». Emmanuel pedía que se atendiese primero a los vecinos de Zaragoza y luego a los venidos de otras provincias, un deseo que a los pocos minutos satisfizo uno de los trabajadores de la Embajada. Este, voz en grito, pidió a quienes no fueran residentes de la provincia que se marcharan, lo que caldeó el ambiente y obligó a la Policía a parar los pies a quienes se lanzaron a exigir que se les atendiese.

Sin embargo, no se pasó de las palabras fuertes y, poco a poco, fueron bajando las pulsaciones en la calle de Miquel Roca. Hacia las 14.00 ya se había formado una fila relativamente ordenada que, si bien a priori solo debía estar integrada por zaragozanos, contaba con ghaneses residentes en otras provincias que confiaron en que se hiciese una excepción.

Quejas por las tarifas

«¿Cómo puede ser que la policía española haga el trámite en cinco minutos y por 20 euros y la Embajada de Ghana nos cobre 150 y tarde horas?», se preguntaba Gyamfi Atta visiblemente enfadado con la organización, que le «obligó» a dormir a la intemperie.

Abraham Kojovi (centro), junto a Gyamfi (i) y Nicholas (de rojo).
Abraham Kojovi (centro), junto a Gyamfi (i) y Nicholas (de rojo).
Oliver Duch

«Conduje 600 kilómetros y he dormido en la calle para nada»

Durante todo el fin de semana cientos de vecinos de toda España han convertido la fachada de la estación de autobuses en un ‘little Ghana’. Entre ellos se encuentra Abraham Kojovi, quien trabaja y vive de forma permanente en Gijón y que vio en la oficina temporal en Zaragoza de la Embajada una buena oportunidad para renovar el documento que le permite moverse entre países. Algo que, pese al gran esfuerzo personal, no acabó consiguiendo. «Ayer me metí en el coche y conduje hasta aquí del tirón, son casi 600 kilómetros para venir a Zaragoza. Como quedarme en un hotel me salía caro y ya había gente haciendo fila, me quedé también durmiendo en la calle para tener sitio hoy. Y ahora me encuentro con que no ha servido para nada, mi país me ha tomado el pelo, no les importamos lo más mínimo», expresaba con rabia mientras mostraba todos sus papeles y hasta el dinero que había logrado juntar.

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