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El secuestrador de Montecanal seguirá preso durante 3 años y medio más

Dos jóvenes se enfrentan a cinco años de cárcel por la violenta agresión de la que fue víctima un vecino de El Gancho.

El secuestrador de Montecanal, de Zaragoza.
El secuestrador de Montecanal, de Zaragoza.
Oliver Duch

Si la Audiencia Provincial de Zaragoza no lo impide, a Julián David Gracia Gracia, más conocido como el secuestrador de Montecanal, le esperan otros tres años y medio en prisión. Porque esa es la pena que acaba de imponerle la titular del Juzgado de lo Penal número 9 por la paliza que propinó el pasado 3 de junio a la mujer con la que acababa de iniciar una relación sentimental y de la que decía estar "locamente enamorado".

Los hechos se produjeron en la pensión Laborra, un conocido establecimiento de la calle de Duquesa Villahermosa en el que la pareja llevaba seis días hospedada. El llanto y los gritos desesperados de la víctima, que repetía una y otra vez "no me pegues más", pusieron en alerta al recepcionista, que no dudó en pedir ayuda a la Policía. Cuando llegaron los primeros agentes se encontraron sangre por todas partes y a una mujer "aterrorizada".

"Nunca había visto una cara de semejante terror", declaró en el juicio uno de los policías locales que respondieron a la llamada de auxilio. Tanto él como sus compañeros recordaron que, tal era el pánico que infundía a la víctima su agresor, que llegó a orinarse encima. Por temor a las represalias, en un primer momento, la mujer trató de convencer a los funcionarios de que se había caído de la cama. Pasado un tiempo, algo más tranquila, confesó que había sido víctima de una paliza. Pero ni siquiera entonces se atrevió a denunciar a su pareja. De hecho, se marchó de la ciudad y al juzgado le costó un enorme esfuerzo localizarla para que compareciera en el juicio. Y aunque lo hizo por videoconferencia, una vez más se acogió a su derecho a no declarar contra el encausado.

Sobre el secuestrador de Montecanal -apodado así desde agosto del año 2000, cuando asaltó un chalé en Zaragoza y exigió un rescate por las dos mujeres a las que encontró dentro- pesaban ya dos sentencias firmes por delitos violentos. De ahí que la Fiscalía pidiera que a las lesiones agravadas por violencia de género se aplicara ahora la agravante de reincidencia. Y así lo hizo la magistrada, que pese al silencio de la víctima y el del propio acusado -que tampoco quiso contestar a ninguna pregunta durante la vista- considera suficientemente acreditados los hechos.

La sentencia condenatoria se apoya en los testimonios de los agentes, el recepcionista de la pensión, la clienta que ocupaba la habitación contigua a la de la pareja y el del médico que atendió en urgencias a la víctima. Según este, la paciente temía tanto la reacción del agresor que le pidió que pusiera en el parte que había sufrido un accidente. Pero no lo hizo. Y durante el juicio, el facultativo dejó claro que las erosiones que presentaba en el cuello no solo eran incompatibles con haberse caído de la cama, sino que apuntaban a un posible intento de estrangulamiento.

"Desconocemos qué es lo que exactamente ocurrió en la habitación de la pensión Laborra, pero ninguna duda cabe de que no se trató de una simple caída de la cama", manifiesta la magistrada a través del fallo. "Aunque por desgracia se desconoce la mecánica exacta de la agresión -añade-, el hecho es que existió". Y no solo eso, fue de tal "brutalidad" que un cuarto de hora después la víctima seguía en un estado de "consternación y pánico".

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