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Daniel y Marta: lo que un festival unió y la pandemia ha consolidado frente al Pilar

Esta pareja decidió irse a vivir junta a finales de junio de 2020 cuando terminó el primer estado de alarma: “Nadie podía saber si iba a salir bien o mal, pero dadas las circunstancias, decidimos probar”.

Marta Casero y Daniel Quezada en la plaza del Pilar de Zaragoza.
Marta Casero y Daniel Quezada en la plaza del Pilar de Zaragoza.
Guillermo Mestre

La pandemia nos ha ayudado a no pensar las cosas demasiado. Y eso es precisamente lo que provocó que Daniel y Marta decidieran lanzarse a la piscina y, tras dos años y medio de relación, dieran el salto a mudarse juntos. A pesar de vivir en la misma ciudad, acababan de enfrentarse al hecho de pasar más de tres meses separados a causa del estado de alarma, una realidad que han atravesado cientos de parejas en Aragón. Hoy, un año después, viven en un cuarto piso -sin ascensor- en la plaza del Pilar de Zaragoza, en un lugar en el que la paz y la calma se disputan el protagonismo frente a todo tipo de elementos musicales. Instrumentos de cuerda, partituras, micrófonos, amplificadores y hasta un teclado… Eso, unido a unas vistas capaces de embelesar a cualquiera; han convertido este hogar en un lugar privilegiado para ambos.

“Cuando pasó todo esto yo vivía con mis padres en Vía Hispanidad y Dan en un piso compartido por la Universidad”, relata Marta Casero, psicóloga zaragozana de 26 años. Los compañeros de piso de su pareja decidieron volverse a sus hogares, algo que Daniel no hizo: “Tan pronto se pudo, me trasladé con él. Nadie podía saber si iba a salir bien o mal, pero dadas las circunstancias, decidimos probar”.

"Nadie podía saber si iba a salir bien o mal, pero dadas las circunstancias, decidimos probar”

A él, que admite que la primera vez que escuchó que debía quedarse en casa 15 días no le pareció tan mala idea, reconoce que la situación le supuso un reto extra, sobre todo a medida que se iban prolongando las restricciones. “Nunca me ha molestado estar solo, al revés, lo disfrutaba. Pero la situación no ayudaba y estar completamente encerrado en una casa sin poder salir a hacer tu vida ha sido muy difícil de encajar”, reconoce Daniel Quezada, nacido en Inglaterra, más concretamente en Manchester, hace 31 años; aunque desde hace cuatro vive en la capital aragonesa donde trabaja como profesor de inglés en una academia.

Se conocieron en junio de 2018 en un festival de música donde Dan era uno de los artistas invitados mientras que ella, que iba como artista plástica, acabó subiendo al escenario por accidente: “Fallaron dos cantantes y me pidieron que improvisara algo”. Desde entonces, ya no se han separado.

El arte ha sido una constante en su relación. Sin embargo, la música, que siempre ha estado ahí acompañando sus pasos, ha cobrado un especial protagonismo desde el inicio de la pandemia. “La creatividad me ha ayudado mucho a sobrellevarlo todo. Ha sido una constante en mi vida. De hecho, en casa de mis padres siempre ha habido más pinceles que tenedores”, bromea ella.

“La creatividad me ayuda mucho a sobrellevarlo todo. Ha sido una constante en mi vida"

Algo que pudieron compartir con el resto de vecinos del piso de la calle Santa Teresa, en la zona de la Universidad, donde Dan salió cada día, durante tres meses a las 20.00 horas -luego se le sumaría ella cuando se trasladó a su casa- al patio de vecinos para amenizar sus veladas. “Ha sido una de las cosas más emocionantes que he hecho en mi vida. Había muchas personas mayores que estaban muy solas. Fue un regalo salir cada día a cantar para ellos y me aportó tener un cometido durante esos días en los que todo había perdido su estructura”, añade Dan.

Marta Casero y Daniel Quezada en la plaza del Pilar de Zaragoza.
Marta Casero y Daniel Quezada en la plaza del Pilar de Zaragoza.
Guillermo Mestre

El resto del tiempo lo pasaron en la cocina, sobre todo haciendo bizcochos y todo tipo de repostería; leyendo o escribiendo música. “Yo aproveché para hacer más yoga y meditación al tiempo impartía talleres de gestión emocional para niños a través de arteterapia, mientras Dan, que estuvo en ERTE cuatro meses, hacía deporte en el salón con entrenadores de Youtube o preparaba la comida”, explica.

En el caso de Dan, el hecho de estar lejos de sus seres queridos tampoco ha sido nada fácil. “Pasaba bastante tiempo haciendo videollamadas a mi familia de Chile, Canadá e Inglaterra. Mi abuelo falleció en plena pandemia y ni siquiera pude ir al funeral”, añade Dan, que asegura que ha sido uno de los peores tragos de esta pandemia.

Marta Casero y Daniel Quezada en la plaza del Pilar de Zaragoza.
Marta Casero y Daniel Quezada en la plaza del Pilar de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Poniéndole la banda sonora a la pandemia

Otra actividad que retomaron tan pronto se pudo fue salir a tocar a la calle la cual, explican, se ha convertido en el mejor escenario -y prácticamente el único durante más de un año- en el que desarrollar su arte. “Sin bodas, ni eventos, ni conciertos… no teníamos nada más. Algunos compañeros han estado viviendo de esto durante varios meses”, asegura Dan, que destaca el hecho de haber tenido la oportunidad de ponerle la banda sonora a la pandemia durante días y días.

Y, como no, cada uno de ellos ha sacado una lección tras 15 meses desde que la pandemia se instaló en nuestras vidas y logró cambiarlo todo. “Me ha servido para darme cuenta de que soy capaz de lograr mis objetivos en las situaciones más difíciles y eso ha sido una gran lección de vida”, explica Marta. En el caso de Dan, asegura que ha aprendido a valorar mucho más a la gente que le rodea y algunas cuestiones del día a día: “Me quedo con lo más pequeño, con lo cotidiano, con aquello a lo que nunca dábamos la importancia que tenía. Con eso me quedo ahora”.

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