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tribunales en zaragoza

"Me trajeron andando desde Pakistán para trabajar 14 horas al día en una frutería de Zaragoza sin cobrar"

La Fiscalía se apoya en un testigo protegido para acusar a seis pakistaníes de explotar a compatriotas en la capital aragonesa.

Entre los seis acusados, todos de origen pakistaní, figuran un padre y sus dos hijos.
Entre los seis acusados, todos de origen pakistaní, figuran un padre y sus dos hijos.
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La proliferación de las fruterías pakistaníes en Zaragoza no ha pasado desapercibida para nadie. Puede que el producto adolezca de calidad y no luzca tanto en sus estanterías, pero gracias a sus económicos precios y unos horarios infinitos los dueños de estas tiendas han conseguido ganarse la fidelidad de muchos clientes. Sin embargo, el juicio que ayer quedó visto para sentencia en la Audiencia Provincial ha destapado las vergüenzas de este boyante negocio, manejado por las mafias y en el que algunos trabajadores aseguran hacer jornadas maratonianas por las que muchas veces no perciben ni un euro.

«Me trajeron caminando desde Pakistán para trabajar 14 horas diarias en la frutería sin cobrar», declaró este viernes el testigo protegido que permitió a la Brigada de Extranjería y Fronteras de la Jefatura Superior de Policía de Aragón desenmascarar a los seis supuestos cabecillas de una de las tramas que operan a orillas del Ebro. «Me amenazaron de muerte y me controlaban todo el tiempo. Tenía mucho miedo», se justificó este hombre de origen pakistaní cuando le preguntaron por qué tardó casi año y medio en denunciar a sus supuestos explotadores, para los que las Fiscalía solicita ahora penas de hasta diez años de prisión por un delito de trata de seres humanos.

El denunciante llegó a España en 2017. Lo hizo por Barcelona, en un autobús procedente de Francia. Pero este fue solo el final de una larga y tortuosa travesía a pie en la que hubo de sortear las fronteras de Irán, Turquía, Grecia, Albania, Montenegro, Bosnia y Croacia. «Éramos grupos de diez o doce personas», explicó el testigo al tribunal. Como él, parece que todas estas personas recurrían a estas mafias para que les consiguieran papeles y un trabajo digno con el que abrirse camino en Europa. Pero no fue eso lo que se encontraron enZaragoza.

«Mi padre les pagó 8.000 euros, pero nunca me consiguieron los permisos», contó el testigo, al que a cambio de su trabajo solo le daban un techo.Primero estuvo viviendo en La Jota, pero luego lo pusieron a trabajar en la frutería de otro de los investigados y tuvo que mudarse alPicarral. «Para este hombre trabajé cinco meses en las mismas condiciones que en el otro sitio.Sin contrato, sin sueldo y sin descanso», explicó.

Durante la primera sesión del juicio, celebrada el pasado jueves, los acusados lo negaron todo. Es más, dijeron que permitían que algunos compatriotas les ayudaran a cargar o descargar camiones de fruta a cambio de algún dinero poco menos que por pena. Sin embargo, la Fiscalía está convencida de que no actuaban por bonhomía o caridad, sino con un claro interés lucrativo. De ahí que ratificara su petición de condena.

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