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Bomberas al servicio de Zaragoza

Solo siete de los 309 profesionales que conforman el Cuerpo en la capital aragonesa son mujeres. Las dos últimas entraron el año pasado, aunque cada vez son más las féminas que se presentan a las oposiciones.

Las bomberas de percha Cristina Lafuente (izquierda) y Noemí Loma en el Museo del Fuego de Zaragoza.
Las bomberas de percha Cristina Lafuente (izquierda) y Noemí Loma en una autoescala en el Museo del Fuego de Zaragoza.
Toni Galán

"Es mejor que no pasen cosas, pero suena el timbre y sales a trabajar con todas las ganas". Son palabras de Noemí Loma, una de las siete mujeres bomberas de percha (es decir, los profesionales en activo que salen de emergencia) del Ayuntamiento de Zaragoza. Entró en el Cuerpo hace 4 años y desde entonces se ha tenido que enfrentar a todo tipo de situaciones. "Me acuerdo de todos los servicios en los que han fallecido personas. Aprendes un poco a vivir con la muerte más de cerca y a valorar más lo que tienes. Ves el día a día, las cosas que van pasando", comenta.

Noemí fue la única chica que aprobó la oposición en 2017 (de seis que se presentaron) y la primera bombera de percha que se incorporaba al Cuerpo en 14 años. La pionera fue Marta Ruata, en 1992, a la que le siguieron Rosa Marín (1996), Belén Hernando (1999) y Ujue Sarraseca (2003). Y el año pasado lo hacían las dos últimas: Cristina Lafuente y Asún Segurola. Son apenas un 2% de una plantilla con 302 hombres, aunque con el tiempo ha ido crecido el interés por una profesión ante todo vocacional.

Lafuente, de 24 años, destaca que en su convocatoria se presentaron 20 y que al final aprobaron cuatro. "Pero por nota solo hemos accedido dos; están baremadas. No es fácil entrar y lograr puntuación en las pruebas físicas (subir la cuerda a pulso, correr con un maniquí de 25 kilos y nadar 100 metros, entre otras). La valoración es distinta para hombres y mujeres, pero la exigencia es muy alta para ambos", dice. A lo que Noemí añade: "Son igual de duras para todos; no se beneficia a la mujer".

Asimismo, ambas hacen hincapié en que en los Bomberos de Zaragoza no hay diferencias. "Me considero igual que mis compañeros y hago el mismo trabajo. Es muy activo, cada día te pasa una cosa diferente y aprendes oficios (fontanería, fugas de agua...). Todos somos iguales y tenemos muy buen rollo entre nosotros. Y cada vez hay más chicas: esto también está bien", asegura Noemí, de 41 años, que antes fue policía y en 2016 decidió dar el salto. "En 2005, cuando entré en la Policía Local, las oposiciones de Bombero me parecieron muy difíciles. Siempre me quedó la cosa de presentarme", cuenta.

En el caso de Cristina ser bombero era el sueño de su vida, otra cosa -admite- es que fuera factible. "Cuando los veía, decía: ¡Ojalá fuera como ellos! Ayudaban a la gente, hacían muchas cosas... Es un Cuerpo envidiable y estoy supercontenta de estar aquí. Amo este trabajo y hay mucho compañerismo", resalta esta joven, que reconoce que necesita coger experiencia tras solo siete meses en activo.

Precisamente esta semana se ha tenido que enfrentar a su primer fuego importante en una nave industrial. El martes a las 8.00 salía de una jornada de 24 horas "movidita" y los compañeros del nuevo turno continuaban apagando las llamas. "Las cosas gordas me dan respeto; todavía son muy novata. Poco a poco voy viendo de los veteranos lo que hay que hacer. Hay que trabajar bien: un fallo no es una tontería. Hay que tener cuidado", advierte.

Dos muertes

Para Noemí Loma, lo que más le ha marcado en los años que lleva de bombera de percha son las muertes de una niña de dos años que se cayó de un quinto piso y de un hombre en un accidente laboral en la Feria de Zaragoza. "Iba en un toro mecánico y se le cayó un palé encima. En ambos casos estuvimos intentando reanimarlos, pero al final fallecieron", se lamenta.

Aunque la imagen de un bombero se asocia a extinguir incendios no es lo que más les ocupa. De hecho, tal y como informan las dos, los fuegos han bajado por las medidas de prevención  y porque las viviendas y naves son cada vez más seguras. Lo mismo ocurre con fallecidos en accidente de tráfico tras la implantación del carné por puntos. "En estos cuatro años solo me ha tocado uno y eso que he ido a muchos siniestros", subraya Noemí, quien recuerda que durante los meses de confinamiento por la covid apenas tuvieron servicios. "Era una sensación muy rara estar en el parque de Bomberos y no ver coches por la calle", recuerda.

Siempre que acuden a un fuego trabajan por binomios (de dos en dos) y cada cuatro meses les cambian de parque (hay cuatro en Zaragoza) para que hagan todo tipo de funciones. "No todos los parques trabajan igual. Por ejemplo, en el de Casetas (nº4) son más incendios forestales, accidentes y abejas; y en el de Ramón y Cajal (nº 2), fugas de agua, aperturas de puertas e incendios en invierno por temas de estufas. Somos bomberos conductores y unos ciclos te toca de bombero y otros, de conductor. Los turnos son de 24 horas, hay seis y como mínimo se descansan otras 24 horas entre turnos. Además, dependiendo del parque hay distintas salidas y cada una tiene su servicio", explica Noemí, que se ha especializado en auxiliar de ambulancia. Por su parte, a Cristina le gustaría hacerlo en rescate vertical.

El Museo del Fuego de la capital aragonesa acoge, hasta el 27 de junio, la exposición 'Una mirada distinta 080. Femenino'. En ella se muestran dibujos -a tamaño real- de parte del personal femenino de intervención -bomberas, enfermeras y médicas- del Cuerpo de Bomberos. Uno de ellos es el de Noemí, al que le acompaña su mensaje: 'Cuando te digan: no puedes, responde: mira cómo lo hago'. Ella es un buen ejemplo.

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