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La invasión de las terrazas: entre la salvación de los bares y las quejas de los vecinos

Las mesas siguen ganando terreno en aceras y plazas de aparcamiento de Zaragoza, mientras algunos colectivos piden que se ponga fecha para volver a la situación anterior a la pandemia.

La terraza ha salvado a muchos bares del cierre, tras 14 meses de restricciones por la pandemia de covid-19. En la etapa más dura de la desescalada solo los establecimientos que contaban con mesas en el exterior o servicio a domicilio podían trabajar. Ahora siguen aumentando las solicitudes para ganar terreno a la acera o a la calzada, mientras algunos colectivos vecinales alertan de las molestias que provoca tener a más gente en la calle y piden que las ampliaciones tengan fecha de caducidad. Sin embargo, la recién aprobada ordenanza del Ayuntamiento de Zaragoza, con el respaldo de PP, Cs y Podemos, da carácter permanente a las autorizaciones de veladores sobre la calzada.

En el centro de Zaragoza, peatones, coches, motos, furgonetas, bicicletas y patinetes se reparten la calle cada día. Los espacios de aparcamiento se han visto reducidos por la instalación de terrazas desde el inicio de la pandemia y su expansión continúa. A la entrada de la calle Francisco de Vitoria, unas placas de prohibido aparcar delimitan una plaza de aparcamiento de la zona azul donde se va a instalar un nuevo velador. En tres o cuatro días se montará la instalación para una cafetería que podrá casi duplicar el número de mesas con el nuevo espacio. Una plaza menos de aparcamiento de las 600 que se han perdido para dar cabida a esta petición de la hostelería. El consistorio ha concedido más de 300 permisos y está analizando alrededor de 150 solicitudes. 

Ganar terraza

"Se pidió desde el principio, pero se ha concedido ahora", explica Tayisiya Kebich, que trabaja en el Bar Gora, que ampliará ahora su terraza. Espera que esté ya lista el viernes que viene. Entre los cambios de hábitos de los clientes con la pandemia destaca el de preferir consumir en el exterior. "Hay gente que solo está en la terraza", asegura. El bar, con más actividad en desayunos y al mediodía, cerró cuando solo se podía servir fuera y con reducción de aforos. Con las cinco mesas que tenía se quedaba "en dos y media", recuerda. La cafetería de al lado, aunque tiene más mesas en la terraza, también ha ganado otras tres a una zona de carga y descarga.

En el caso de las plazas, el Ayuntamiento permite que los veladores ocupen el 60%, desde el 50% anterior. "La terraza ha supuesto la diferencia entre haber tenido que cerrar y poder subsistir y aguantar", explica Marian Díez, desde La Terraza del Teatro, en la plaza Sinués. En su caso, ya contaba con una treintena de mesas fuera. Junto a un bar de la cadena 100 Montaditos ocupan buena parte del espacio. En los meses de invierno no ha dado abasto con las estufas porque "a pesar de que hiciera frío, a la gente no le apetecía estar en el interior", reconoce la hostelera.  Pese a contar con terraza, tuvieron que recurrir a un ERTE en los meses más duros del confinamiento, en los que solo trabajaban como panadería, y no han recuperado los ingresos anteriores a la pandemia, por lo que prepara la solicitud de ayudas aprobadas recientemente para la hostelería.

"Hacen falta terrazas porque muchos bares que no tienen si no no podrían abrir"

En la plaza San Felipe, otro espacio ocupado tradicionalmente por las terrazas, los clientes entienden que son necesarias para los bares, aunque pueden generar molestias para los vecinos y conductores. "Hacen falta terrazas porque muchos bares que no tienen si no no podrían abrir", cuenta Isabel Blanco, una universitaria zaragozana sentada con unas compañeras, algunas de ellas navarras. "En Navarra no se ha podido entrar hasta hace nada en los bares y los que no tenían terraza no han podido abrir", recuerda Lara Galipienzo, que apunta que allí no ha habido posibilidad de ampliar las terrazas en la calzada. La desescalada de la hostelería comenzó en la comunidad vecina la semana pasada. Entre los más perjudicados entienden que están los conductores, que no es su caso, pero son conscientes de que "quita muchos aparcamientos" y que puede producir molestias a los vecinos. "Es un poco inevitable", cree Irati Izaguirre. 

TERRAZAS Y VELADORES ( ZARAGOZA ) / 27/05/2021 / FOTO : OLIVER DUCH[[[FOTOGRAFOS]]]
Terrazas y veladores en Zaragoza.
Oliver Duch

Algunos vecinos tienen claro que las molestias que ya había en las calles con muchos bares se van a multiplicar, lo que dificultará la convivencia. Antonio Pérez, uno de los portavoces de la plataforma vecinal Stop Ruido, califica la nueva ordenanza municipal de "salvoconducto para incumplir las leyes" y se prepara para lo peor en la zona de la calle Mayor donde reside. En algunos balcones cuelgan desde hace tiempo pancartas denunciando el exceso de ruido por la noche, un problema que ha desparecido con las restricciones de la pandemia y el cierre a las 23.00, pero que cuentan con que vuelva a medida que se recupere la normalidad.

Mientras recorre el tramo entre las calles San Vicente de Paul y Don Jaime con Luis, otro vecino que como él lleva más de 30 años viviendo en la zona, cuenta una docena de bares en apenas 150 metros, la mayoría con terrazas sobre la zona azul o preparándolas. Calcula que serán unas 75 ó 100 personas más en la calle cuando estén llenos, en una zona ya saturada. Recuerdan que cuando llegaron a vivir era "un barrio normal" con bares y comercios, pero ahora casi todos los locales los ocupa la hostelería.

"El Ayuntamiento cree que somos consumidores y no ciudadanos con derechos. Esto es degradar la ciudad"

Pérez intervino esta semana en el Pleno municipal en el que se aprobó la ordenanza municipal para mostrar el descontento de los vecinos. "Es una barbaridad lo que han hecho", denuncia, en referencia a que se admitan las terrazas de forma permanente, porque en otras ciudades ya se les empieza a poner fecha de caducidad. "No va a haber tanta gente en Zaragoza para tanta terraza". Su vecino Luis cree que sí que habrá, porque es lo que se está potenciando en el centro.

Díaz entiende que los bares necesiten las terrazas. "No estamos en contra de la hostelería", aclara, pero defiende que se cumpla la ley,  "que no tengamos ruido y podamos convivir". Va señalando la lista de incumplimientos de muchas de ellas, desde no respetar la distancia entre las mesas (por la covid y para dejar paso a una silla de ruedas), hasta estar pegadas a la fachada o clavar los 'corralitos' de la zona azul a la acera. 

Su lucha viene de muchos años atrás, pidiendo también un nueva ordenanza del ruido. "¿Han cuidado a los ciudadanos con problemas del ruido hace 30 años?", se queja. El Ayuntamiento ha adelantado media hora el horario por las noches, pero no les parece suficiente. Las terrazas tendrán que cerrar a las 0.30 entre semana y a las 1.30 el fin de semana según la nueva ordenanza.

Para los hosteleros, esa media hora "supone una reducción de trabajo importante", consideran desde bares de copas como el Planta Calle del Casco Viejo. "Estamos agradecidos al área de servicios Públicos por su sensibilidad en este aspecto durante toda esta pandemia, pero no entendemos el recorte horario planteado en la nueva normativa. No es tiempo de recortes horarios, después de la que llevamos encima", apuntan desde Gonzo Bitterbar, en la plaza de Los Sitios. La terraza, con diez mesas, ha sido "fundamental para la supervivencia", aseguran, y confiesan que de no tenerla se hubieran visto avocados "probablemente al cierre".

Sin embargo, para los vecinos, no soluciona nada y, además, como se adelanta la apertura una hora, a las 7.00, creen que se corre el riesgo de que en zonas con locales de ocio nocturno, cuando regresen a su horario prepandemia, la gente continúe la fiesta por la mañana en las terrazas, convirtiéndolas en 'after'.

"El ayuntamiento cree que somos consumidores y no ciudadanos con derechos", lamenta Díaz. El colectivo de Stop Ruido recuerda que "las calles y plazas son propiedad de los zaragozanos", que deben servir al interés general. Además, dice que se "arrincona" a los ciudadanos, la cultura, el ocio y otras actividades y se deja un "espacio mínimo" a bancos, monumentos o fachadas de edificios históricos, muchas veces encerrados entre mesas. Díaz destaca cómo en la plaza de San Pedro Nolasco los niños ya casi no tienen sitio para jugar.

Pide volver a la situación anterior porque "esto es degradar la ciudad", asegura. "Lo que hacen es que nos marchemos del centro. Hay vecinos que se han ido o han dejado el piso de apartamento turístico", lamenta Luis, que también se lo está planteando. De momento, sonómetro en mano, ya que desde el móvil puede consultar los siete que tiene la asociación repartidos por la ciudad, señala algún pico de decibelios pese a las restricciones. Por ello, confiesa que tiene pensado cambiarse las ventanas por otras más gruesas para poder dormir este verano. "Están destrozando nuestra ciudad", advierte Díaz.

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