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Jacobo (26 años), ludópata: "Con 14 años faltaba a clase por ir al casino, que estaba en la misma manzana que mi instituto"

El número de personas inscritas en el Registro del Juego de Prohibidos de Aragón (Rejup) se ha disparado en el último lustro, pasando de 1.276 en 2015 a 3.547 el año pasado. El 44% de quienes reciben ayuda en la Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar (Azajer) tienen entre 26 y 45 años.

Jacobo (nombre ficticio) recibe apoyo psicológico en la asociación zaragozana Azajer desde hace dos años. Es una de las más de 3.000 personas que hay inscritas en el Registro del Juego de Prohibidos de Aragón (REJUP).
Jacobo (nombre ficticio) recibe apoyo psicológico en la asociación zaragozana Azajer desde hace dos años. Es una de las más de 3.000 personas que hay inscritas en el Registro del Juego de Prohibidos de Aragón (REJUP).
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Jacobo (nombre ficticio) recibe apoyo psicológico en la Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar (Azajer) desde hace dos años. Empezó a jugar a la ruleta a los 14, empujado -cuenta- por una situación familiar que le llevó a "aislarse" y buscar "refugio" en las casas de apuestas.

Hoy, siendo padre de dos niños pequeños, es una de las más de 3.500 personas que hay inscritas en el Registro del Juego de Prohibidos de Aragón (REJUP), y acude dos veces por semana a terapia a esta asociación aragonesa, que advierte del "alarmante" número de llamadas que están recibiendo por parte de familiares que han descubierto deudas o conductas "extrañas" en su entorno más cercano.

"Con el tema de la adicción al juego, la gente se ve muy perdida. Cuando llaman aquí muchas veces es porque han descubierto situaciones ante las cuales no saben cómo reaccionar, aunque se las hayan contado sus propios hijos o maridos", señala Mónica Sardaña, trabajadora social de esta entidad, que trabaja de la mano de las familias. 

El número de personas inscritas en el Registro del Juego de Prohibidos de Aragón (Rejup) no ha dejado de crecer en los últimos años, pasando de 1.276 en 2015 a 3.547 el año pasado. Según el 'Informe sobre el Juego en Aragón 2021', los jóvenes de entre 18 y 25 años son el perfil predominante en el registro de autoprohibiciones realizadas a lo largo del año 2020, y representan un 43% del total. Los datos de Azajer confirman también estás cifras: un 44% de quienes reciben ayuda en esta asociación tienen entre 26 y 45 años; y un 26%, entre 19 y 25. 

A pesar de los esfuerzos realizados en materia normativa para dificultad el acceso de los jóvenes a los locales, los profesionales consultados coinciden en señalar que las casas de apuestas siguen siendo la principal "puerta de entrada" a esta adicción. Así lo indica también Jacobo, un zaragozano de 26 años que empezó a jugar a la ruleta siendo apenas un adolescente, cuando cursaba 3º de la ESO en el IES El Portillo.

"Al casino que empecé a ir con más asiduidad fue al que tenía en la misma manzana de mi instituto, en la avenida de Navarra. El detonante fue el divorcio de mis padres, en una edad complicada en la que empezaba a ver mundo, y no supe ponerle freno... Al final faltaba a clase por ir, porque se convirtió en una necesidad que tenía. Con el paso de los años, esa necesidad fue creciendo y por culpa de esta enfermedad tuve que dejar también mis estudios de Marketing, que me los pagaba yo, porque económicamente ya no podía", relata este joven, que no llegó a tomar consciencia de su problema hasta diez años después, cuando acompañado por su pareja y su madre acudió a Azajer en busca de ayuda.

Años atrás confiesa que llegó a cogerle dinero a sus padres, a empeñar joyas que había por casa y a pedir créditos que aún hoy sigue devolviendo con el dinero que gana de comercial. Poco a poco, la ludopatía le hizo entrar también en una vorágine de mentiras para ocultar una adicción que no tardaría en destaparse.

"La ludopatía es una enfermedad, y seguramente más jodida que otras porque la cura es que tú quieras curarte"

"Al final fue mi pareja la que me salvó la vida, por así decirlo. Yo al principio no le daba la importancia y la relevancia que tenía el problema. Tal y como salía de trabajar, cogía y me iba a estos sitios. El dinero cuando cobraba no me llegaba al día 5. Aquí en la asociación me han enseñado a aceptar y reconocer la enfermedad, porque es una enfermedad, y seguramente más jodida que otras porque la cura es que tú quieras curarte", reflexiona este joven. 

Imagen de archivo de un grupo de terapia en la asociación aragonesa Azajer.
Imagen de archivo de un grupo de terapia en la asociación aragonesa Azajer.
Toni Galán

De la mano de los profesionales de Azajer y del resto de compañeros de terapia que ha conocido en esta asociación de la calle Rioja, Jacobo ha aprendido a ser más responsable frente a una adicción que en muchas ocasiones le hace perder a la persona todo cuanto tiene, ya no solo en lo económico. "Yo gracias a Dios y a la familia que tengo no he llegado al punto de quedarme en la calle y sin nada, pero aquí he conocido a gente que lo ha perdido todo por la ludopatía, y eso también te hace abrir los ojos", señala.

La lección más importante que se lleva consigo de estos dos años en rehabilitación es que hay que "ponerse metas de superación" para salir adelante, "priorizar a la familia" y sobre todo "comunicarse" para que la enfermedad no se apodere de uno. "Cuando tú te la pegas y tocas fondo, te das cuenta de la situación y de que son las personas que tienes al lado y no te das cuenta las que más sufren. Cambiar es algo que tienes que hacer por ti, pero hay que pensar que no estás solo y que la gente te quiere. Porque cuanto más te aíslas más se apodera de ti la enfermedad. Al final, pese a que seas un ludópata o tengas deudas, la gente que te quiere te valora como persona, no por lo que has hecho, y ese apoyo incondicional se convierte en un estímulo para seguir adelante", concluye este joven, que lleva más de un año sin tener contacto alguno con el juego.

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