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Serendipia: el deseado gastrobar que nació gracias a la pandemia

La crisis sanitaria ha sido el trampolín que necesitaban Esther Alonso y Carlos Yagüe para poner en marcha su propuesta de picoteo con presentaciones muy cuidadas.

Esther Alonso se encarga de la atención en sala y de la repostería en Serendipia.
Esther Alonso se encarga de la atención en sala y de la repostería en Serendipia.
A. Toquero

Esther Alonso y Carlos Yagüe no hubiesen dado el salto de abrir el gastrobar Serendipia (c/ San Lorenzo, 7. 685 684 883) de no ser por la pandemia. En 2013 abrieron el restaurante Entre Libros y Pucheros y en él seguían hasta que se desencadenó la crisis sanitaria. “Trabajábamos bien un menú que estaba muy consolidado, incluso para la noche, pero queríamos hacer algo más nuestro, con elaboraciones cuidadas, pero informal y de picoteo; lo que nos apeteciese en cada momento”, comenta Esther.

Sin embargo, la idea de pensar en despedir a la camarera y al ayudante de cocina que les acompañaron durante siete años, les impedía dar el paso. “Cuando se crean vínculos tan cercanos es difícil tomar según qué decisiones”, confiesan. Pero a partir del 14 de marzo de 2020 todo cambió. Durante los meses de confinamiento y vuelta a la actividad, sus compañeros encontraron otros trabajos de más horas y ese fue el momento.

“Estamos solos, vamos a lanzarnos”, se dijeron. Lo primero fue empezar a buscar el local teniendo más o menos claro lo que querían pero sin estar muy definido el proyecto, hasta que un día apareció en la calle San Lorenzo. “Lo encontramos de casualidad”, recuerdan. Eso, más o menos, es lo que significa el término serendipia, así que estaba claro cuál iba a ser el nombre.

“Nos gustó la estructura, es pequeño y manejable, perfecto para los dos”. Además, en la misma calle hay otros que responden al mismo perfil –Musti, Eli&Coco, Cancún... –, aunque cada uno con su especialidad, “así que casi podemos decir que hemos creado una zona de ambiente”.

Esther Alonso se encarga de la atención en sala y de la repostería en Serendipia.
Esther Alonso se encarga de la atención en sala y de la repostería en Serendipia.
A. Toquero

Esther y Carlos están convencidos de que este año tan complicado, para ellos ha sido “como una nueva oportunidad que nos ha dado la vida; hemos tenido tiempo para pensar y replantearnos lo que queríamos hacer y, al final, tomar la decisión que tanto nos estaba costando”.

Tan seguros estaban de que el nuevo local era su sitio que decidieron comprarlo. “Hasta lo hemos decorado nosotros –explican–, si la cosa va mal en la cocina ya sabemos que podemos montar un negocio de reformas”. Del Entre Libros se han traído varios ejemplares, un puchero y algún objeto más. “Es que allí aprendimos mucho y queríamos que hubiese algún recuerdo”, rememoran.

Por supuesto, a la mesa resulta evidente que el talento culinario también ha viajado con ellos. Abren a mediodía para el almuerzo o la comida temprana, que en este local no tiene forma de 'brunch'. Se concreta en pizarras de cecina de León con parmesano, jamón ibérico asado con patata roja o una cuidada selección de quesos. Además, están las tostas. Especialmente recomendable, la de ensaladilla de encurtidos y sardina ahumada que se acompaña con pasta wanton.

La carta es corta pero suficiente, como para darse un buen festín a un precio ajustado. Del otro restaurante han rescatado platos como la focaccia de verduras con alioli de tomillo y los langostinos crujientes con salsa de mango y lima. Son dos de sus apuestas más consolidadas, tanto por el tratamiento que, por ejemplo, reciben las verduras confitadas, a la parrilla y al horno, como por la presentación. “Si algo no me gusta cómo queda, no sale a la mesa”. Así de claro lo tiene Carlos, que cuida hasta el más mínimo detalle para empezar a atrapar al comensal por la vista.

Fachada del Serendipia.
Fachada del Serendipia.
A. Toquero

La maestra repostera es Esther. Merece la pena dejar un hueco para sus elaboraciones artesanas, al menos para las dos que ha probado el que firma: la torrija templada con helado de leche merengada y el cremoso de queso con coulis de frutos rojos, espuma de frambuesa y crumble de semillas.

Lo dicho, esta pareja aspira a que la relación con su nuevo proyecto se convierta en un auténtico amor serendipia, duradero pero no asentado en la necesidad o la obligación de tener que sacar adelante algo de lo que no están muy convencidos.

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