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comercio en pandemia en los barrios de zaragoza 

Tiendas de barrio: “En La Almozara estamos muy bien surtidos de todo tipo de comercio”

Los propietarios de negocios de este barrio a orillas del Ebro consideran que cada vez más vecinos apuestan por hacer sus compras en establecimientos de proximidad.

Tiendas de La Almozara.
Tiendas de La Almozara.
Marcos Cebrián

Aunque algunos establecimientos no han podido hacer frente a los estragos causados por la pandemia, el zaragozano barrio de La Almozara puede presumir de contar una red de comercio sólida y muy variada. Los negocios más añejos conviven con otros que no lo son tanto, e incluso hay locales en obras preparándose para nuevas aperturas. Aunque emprender no siempre es fácil: “Mantener un negocio es inviable si no tienes un poco de solera o capital”, señala Miguel Ángel Ballestero, presidente de la asociación de comerciantes del barrio.

Ballestero considera que los ciudadanos son cada vez más conscientes de las ventajas de comprar en las tiendas de La Almozara o hacer uso de los servicios de la zona. “La gente ha vuelto un poco más al comercio de proximidad. De hecho, durante la pandemia nos hemos suministrado del barrio”, explica.

El presidente del colectivo es también el propietario de la Ferretería Flor, fundada junto a su madre en 1970. Ahora, a punto de cumplir los 65 años, él y su mujer buscan un traspaso para el negocio, al que aprecian casi como a un hijo. “Nos hace duelo porque sigue funcionando bien. El año pasado, pese a haber cerrado dos meses, pudimos recuperar las ventas a niveles del año anterior”, comenta.

El principal escollo para que la ferretería pueda pasar a otras manos es el gran desembolso económico que requiere: “En este tipo de negocios, solo el material ya cuesta mucho. Es una gran inversión, aunque en cinco años se puede amortizar”.

Abrieron sus puertas después de que otras ferreterías hubieran fracasado en la zona. Primero, en la calle Río Alcanadre, y después, en la calla Río Ebro, en la que llevan ya 19 años. Ahora trabajan a la espera de un relevo que mantenga a flote un negocio con medio siglo de antigüedad: “Si este barrio se queda sin comercio, va a ser muy triste. Los escaparates dan vida”, dice.

“Es muy duro, pero estamos para contarlo”

Aunque el de zapatero ya era un oficio en peligro de extinción antes de la pandemia, esta no ha hecho más que agravar su situación. Laurentiu Badea, a quienes todos en el barrio conocen como Lorenzo, montó hace seis años su negocio junto a sus padres, Nina y Jorge. De la mano de su familia, Lorenzo aprendió en su Rumanía natal todo lo relacionado con su profesión. “Mi padre siempre me ha dicho que los zapateros damos vida a los trabajos que hacemos”, cuenta.

En este local de la Avenida de Pablo Gargallo 17, además de reparar calzado y bolsos, realizan copias de llaves y afilan cuchillos. “Justo ahora, cuando empezábamos a tener algo de beneficio, nos viene la pandemia. Es muy duro, pero no nos queda otra. Estamos para contarlo y eso tenemos que valorarlo”, considera el zapatero, que calcula que tiene un 70% menos de trabajo que en 2019.

En agosto, el negocio de Lorenzo, Nina y Jorge cumplirá seis años.
En agosto, el negocio de Lorenzo, Nina y Jorge cumplirá seis años.
Marcos Cebrián

Del barrio les atrajo la amplitud de muchas de sus calles y el carácter cercano de sus habitantes. “Me gustaba mucho La Almozara. Le tenía mucho aprecio, queríamos venir aquí y, al final, lo conseguimos”, dice. Pese a la complicada situación que viven, Lorenzo no se desmoraliza y sabe ver el lado positivo de las cosas: “Tenemos que aguantar. A ver si pasa todo y con las vacunas seguimos adelante, porque tenemos ganas de trabajar”, apunta.

Algo menos está afectando la crisis a Marco López y a su tocayo padre, que hace dos años y medio decidieron hacerse cargo de A Zesta Berda, una tienda de productos ecológicos en la que venden tanto alimentos como cosmética y artículos de limpieza. “Estábamos buscando cambiar de actividad económica y queríamos que fuera algo que nos hiciera sentir realizados. Que dejara una huella positiva”, explica el tendero, que antes se dedicaba al campo de la informática.

Al considerarse un supermercado, la tienda pudo permanecer abierta durante el confinamiento, aunque eso sí, trabajando a medio gas. “Solo el hecho de poder abrir ya fue bueno, aunque no estuvimos a toda máquina”, cuenta Marco. Durante esas semanas también aprovecharon para darse a conocer a través de las redes sociales y a potenciar los pedidos online.

Marco López y su padre, están al frente del supermercado A Zesta Berda.
Marco López y su padre, están al frente del supermercado A Zesta Berda.
Marcos Cebrián

La tienda lleva abierta desde 2013, y aunque Marco reconoce que ha supuesto un gran esfuerzo poder sacarla adelante, asegura que ha merecido la pena: “Con mucho trabajo y esfuerzo ha podido resurgir. La aceptación ha sido increíble. Persona que entra, persona que se hace parte de nosotros”, señala.

Además, cree que la pandemia ha servido para cambiar algunos hábitos, especialmente los relacionados con la salud y la alimentación. “La gente es más consciente de lo que come. Muchos clientes no solo vienen porque consuman este tipo de productos, sino porque quieren apoyar el comercio local”, concluye.

“Hacer reír a los niños con la mascarilla es más complicado”

En La Almozara también hay sitio para la creatividad. Y si no, que se lo digan a Silvia Redín y a Diana Cebrián, las dos socias del estudio de fotografía Flash & Go. “Empezamos en 2013 con los viveros de empresa que salieron de Los Enlaces y en el barrio llevamos desde 2015”, explica Redín. Desde el primer momento, los clientes las acogieron muy bien. Y aunque la pandemia se ha llevado por delante muchos eventos, han conseguido compensar esas pérdidas con fotos de embarazadas y recién nacidos.

Diana Cebrián y Silvia Redín, de Flash & Go Fotografía.
Diana Cebrián y Silvia Redín, de Flash & Go Fotografía.
Marcos Cebrián

Para ellas posan tanto vecinos del barrio como gente de fuera que acude atraída por las recomendaciones de sus conocidos, aunque los protagonistas son los más pequeños de la casa. “Hacer reír a los niños con la mascarilla es más complicado, tenemos que decirles a los padres que hagan un poco el payasete”, reconocen.

Tanto Diana como Silvia aseguran que tienen ganas de que se retomen las celebraciones. Y no solo para cambiar de aires de vez en cuando, también para captar todas esas sonrisas que estos meses no han podido lucir por culpa del cubrebocas. “Ya llegará el momento”, dicen.

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