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ocio en pandemia 

Momoa: la noche se transforma tras un año sin poder salir de fiesta en Zaragoza

Se trata de uno de los 90 locales de ocio nocturno de la capital aragonesa que se han transformado en cafetería en lo que va de año para tratar de capear la crisis producida por el coronavirus.

Javier Gascón, propietario del Club Momoa.
Javier Gascón, propietario del Club Momoa.
Camino Ivars

La historia del Club Momoa – ubicado en el número 18 de la calle Contamina de Zaragoza- se remonta al 1 de enero de 2019. “Era un muy buen momento para la noche zaragozana”, rememora Javier Gascón, su propietario, dedicado al mundo del ocio nocturno desde hace varios años. Sin embargo, jamás pudo imaginar el reto al que tendría que enfrentarse tan solo unos meses después de su inauguración. La llegada de la pandemia eliminaba por completo las alternativas de ocio nocturno en esta y otras ciudades del mundo, quedando este tipo de establecimientos completamente huérfanos: “Nos es imposible sacarse la vida con este escenario”.

Por eso, Momoa se convertía en uno de los 90 locales -entre pubs y discotecas- de la capital aragonesa que, aprovechando la aprobación del decreto del Ayuntamiento de Zaragoza que favorecía nuevos usos en los establecimientos de ocio nocturno, se vio abocado a convertirse en cafetería. Eso sí, dándole una vuelta de tuerca.

Natural de Alagón, Gascón se sumó al ‘Boom’ de la coctelería que se lleva produciendo hace años en la ciudad abriendo un establecimiento especializado en este tipo de copas, originales, únicas y más elaboradas. “Siempre hemos intentando marcar la diferencia en cada uno de nuestros tragos”, admite. Adentrarse al local, ubicado en un bajo, es como trasladarse unos meses atrás a aquellos fines de semana en los que salir formaba parte de nuestra cotidianeidad. Con una iluminación y una estética de pub, la oferta, sus horarios e incluso la música, todo ha cambiado radicalmente para adaptarse a la era covid.

“Renovarse o morir se ha hecho más necesario que nunca y está funcionando muy bien entre la clientela"

Sin embargo, a esta apuesta por la originalidad que se plasma en su carta -la cual va variando semana a semana con la introducción de nuevas copas-, así como en su curiosa vajilla -llegada de Italia, Francia o Portugal-, ha sido casi una imposición marcada por la pandemia. “Hemos apostado por presentaciones más visuales y por comunicarnos mucho más a través de las redes sociales. Ahora toca lucharlo todo el doble”, explica.

Mientras habla, Gascón elabora varios cócteles creados por él mismo, uno de ellos servido en un cenicero con forma de labios, que compró por internet. “Renovarse o morir se ha hecho más necesario que nunca y la verdad es que está funcionando muy bien entre la clientela”, añade.

Javier Gastón, en la puerta del Club Momoa.
Javier Gastón, en la puerta del Club Momoa.
Camino Ivars

El hostelero destaca la velocidad con la que se han ido produciendo unos acontecimientos para los que nadie estaba preparado: “De la noche a la mañana, nos vimos abocados a adoptar unos horarios nuevos para nosotros es una zona tradicionalmente nocturna y empezar a ofrecer vermut o sesiones de tardeo”. También han intentando vender tapas frías y organizar algún evento. Pero nada ha funcionado como esperaban: “Es un prueba error constante, no podemos hacer otra cosa más que buscarnos la vida”.

“Estamos resistiendo gracias a los ahorros de toda la vida. Se trata de aguantar lo que podamos hasta que pase la tormenta”

Además, en el último año el local ha pasado de abrir de 19.00 a 3.00 de la madrugada todo el fin de semana a trabajar de 16.00 a 22.00, tan solo los viernes y los sábados. “Afortunadamente tengo otro empleo, en el sector del suministro industrial, con el que estoy manteniendo todo. Sino no sé qué habría sido de nosotros”, reconoce.

“La sensación que tengo es de una profunda frustración pues no es nada que dependa de mí, ni de mi trabajo, ni de mi local. Es algo incontrolable, solo podemos acatar las normas, unas normas que no nos dejan sobrevivir económicamente”, reivindica. Y es que, al hecho del cierre de más de seis meses y del miedo generalizado de la población, se suman las limitaciones en cuanto a aforo se refiere -30% en el interior, pues no dispone de terraza-, algo que en un local con espacio para 75 personas reduce su capacidad a 16 en la actualidad, un total de 4 mesas.

“Nos pegamos la mayor parte del tiempo diciéndole a la gente que no cabe y, consecuentemente, perdiendo dinero”, explica.

Javier Gastón, elaborando un cóctel.
Javier Gastón, elaborando un cóctel.
Camino Ivars

“30% de aforo, pero 100% de impuestos”

El hostelero asegura que, el del ocio nocturno, está siendo uno de los sectores más castigados por la pandemia y, a su juicio, de manera injusta: “Todo el esfuerzo que hemos hecho durante estos meses no ha servido para nada, porque la gente ha seguido juntándose en sus casas y celebrando fiestas sin respetar las medidas que aquí si cumplimos”.

“Estamos resistiendo gracias a los ahorros de toda la vida, ahora abro para pagar el alquiler y tratar de cubrir gastos. Se trata de eso, de aguantar lo que podamos hasta que pase la tormenta”, lamenta. Una realidad que, confiesa, comienza a pasarle factura a nivel psicológico. “Hay días en los que llegas a casa destrozado. Intentas sacar creaciones nuevas, llamar la atención de la gente, ilusionarte de nuevo… pero la realidad está siendo demasiado dura”, afirma Gascón.

Aspecto de uno de los sugerentes cócteles que ofrece el Club Momoa
Aspecto de uno de los sugerentes cócteles que ofrece el Club Momoa
Camino Ivars

Por otro lado, asegura que, a día de hoy, todavía no ha recibido ningún tipo de ayuda. “Tengo un 30% de aforo, pero el 100% de los impuestos”, reivindica.

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