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Recreos en tiempos de covid en Zaragoza: entre el aburrimiento y la responsabilidad

La seguridad del alumnado es la prioridad en los centros educativos, como es el caso del Colegio El Buen Pastor. Los chavales echan de menos estar con amigos de otras clases en el patio o jugar al fútbol, pero entienden las medidas.

Para Lucas Lozano, estudiante de 3º de la ESO en el Colegio El Buen Pastor de Zaragoza, este año los recreos son más "aburridos". "Todos los días es lo mismo: estar sentado jugando con el móvil o hablando con otros compañeros. Es seguir siempre una pauta", dice este joven de 14 años, que antes de la covid dedicaba los momentos de esparcimiento entre clases para echar un partidillo de fútbol con los amigos o practicar el baloncesto.

Ahora bien, las medidas restrictivas implantadas en el centro para prevenir contagios -siguiendo las directrices del Gobierno de Aragón- son entendidas por los chavales. En el caso de Lucas alude a su abuela materna, de 86 años, que vive con su familia en casa: "La quiero muchísimo y deseo estar con ella el máximo de tiempo posible. Prefiero que esté mejor mi abuela que yo. Comprendo esta situación".

La seguridad del alumnado es la prioridad absoluta del plan de contingencia del centro educativo, ubicado en el barrio de Torrero-La Paz. Como destaca su director, José Luis Sampériz, desde el primer momento han intentado extremar todas las medidas de seguridad y ser "fieles cumplidores" para evitar "volver al confinamiento total". "En el centro no ha habido contagios; hemos tenido casos positivos que nos han venido de fuera. Los colegios son lugares seguros", señala el también presidente de Escuelas Católicas de Aragón.

En aras a lograr ese objetivo, los recreos de los 220 alumnos de la ESO de El Buen Pastor (distribuidos en ocho clases) han sufrido cambios significativos: solo utilizan uno de los patios (el de arriba, que es más pequeño) y salen en momentos distintos (la mitad de las clases lo hacen 10 minutos antes mientras los alumnos de las otras están almorzando en el aula). Solo coinciden en el exterior (con mascarilla) durante un espacio corto de tiempo, pero sin mezclarse (cada clase tiene una zona asignada en el patio con carteles en las paredes) y en todo momento están acompañados por profesores

"Antes teníamos dos recreos y eso no ha variado; el formato sigue siendo el mismo. Sin embargo, el patio de abajo (donde jugaban al fútbol, al baloncesto y otros deportes) no lo tenemos. Las posibilidades de juegos y opciones que tienen los alumnos son nulas. También lo hacemos por el tránsito: para no mezclarnos con alumnos de otras etapas educativas", explica el jefe de Estudios de Secundaria, Vicente Ramos, para quien el recreo en tiempos de pandemia es "muy triste".

"Un recreo es la vida del colegio. Es un momento de desconexión, de cargar pilas. Para ellos, es clave emocionalmente y psicológicamente para afrontar la mañana. Ahora se ha perdido la espontaneidad, el que los chicos puedan disfrutar libremente. Les permitimos que utilicen el móvil entre ellos para jugar 'online' si no no tienen prácticamente nada que hacer", dice.

"Un recreo es la vida del colegio. Ahora se ha perdido la espontaneidad, el que los chicos puedan disfrutar libremente"

A ello se suma que este año el criterio para configurar las clases haya sido "exclusivamente" la optatividad con el objetivo de evitar el tránsito por los edificios del centro y los cambios de clase. "En septiembre se dieron cuenta de que compañeros que tenían ya no iban a su misma clase", indica Ramos. Otro inconveniente añadido por el virus: ya no pueden aprovechar los recreos para ver a los amigos de otras clases o cursos. "Cada uno tiene que estar con su clase", recuerda el jefe de Estudios de Secundaria, que cuando se le pregunta cómo ve a los chavales responde: "Algunos están resignados, otros cabreados y otros lo llevan muy bien".

Eduardo Cervero, izquierda, junto con Lucas Lozano (centro) y otra compañera de 3º ESO A del colegio El Buen Pastor de Zaragoza durante el recreo.
Eduardo Cervero, izquierda, junto a Lucas Lozano (centro) y otra compañera de 3º ESO A del Colegio El Buen Pastor de Zaragoza durante el recreo el pasado jueves por la mañana.
Toni Galán

"No te puedes abrazar ni jugar con tus amigos"

Eduardo Cervero, de 14 años y compañero de Lucas en 3º ESO A, echa de menos estar con amigos de otras clases. "Es más difícil que otros años; hay que mantener las distancias. Además, no te puedes abrazar ni jugar con tus amigos. Antes, jugaba con el balón y ahora no podemos. Ni tampoco bajar al otro patio", se lamenta.

Mientras, Marina García -de 15 y que va a la misma clase que ellos- considera que todo tiene un lado positivo. "La convivencia ha mejorado; hay menos roces. Gracias a este rato acabas conociendo más a gente de tu clase. Estamos sentados con el móvil y hablando, poca cosa. Al principio esta situación no te gusta, pero ahora es como algo normal. Además, valoras más las cosas, como el juntarte con otros compañeros. Se echa de menos los torneos de los recreos (de distintos deportes que gestionaban los propios alumnos y que se llevaban haciendo desde hace 10 años) y la libertad del espacio", explica.

Marina García, alumna de 3º ESO del colegio El Buen Pastor, el jueves durante el recreo.
Marina García (centro), alumna de 3º ESO del colegio El Buen Pastor, el jueves durante el recreo.
Toni Galán

A metros de distancia, Sara Rodrigo, de 12 años y de 1º ESO A, reconoce que le da "pena" no poder hacer las cosas de antes. "Nos lo pasábamos mejor en los recreos. Ahora no puedes juntarte con amigos de otros cursos ni practicar baloncesto". A su lado está Aisa Cisse, de 13 y compañera de aula, que también se refiere a las dos opciones que les quedan: "el móvil y hablar". "Son las que tenemos para estar mejor y que acabe esto", añade.

"Enjaulados"

Por su parte, Paula López, de 13 años y de 2º ESO A, sostiene que este año están "enjaulados". "Estamos en un sitio pequeño, no podemos ir con otras clases... Quiero seguir como antes, que todo vuelva a la normalidad. Pero entiendo esta situación: es mejor que estemos así para luego poder estar como siempre", afirma minutos después de que las otras clases hayan regresado a sus aulas. A su lado está su compañero Pablo Suils -también de 13- que admite que lo lleva "un poco mal". "Somos unos chicos inquietos y necesitamos libertad. Es un poco difícil respetar las distancias", asegura.

Por otro lado, José Miguel García, jefe de Estudios de Infantil y Primaria (450 alumnos en total), resalta que desde el primer día los niños tenían interiorizadas las medidas de seguridad que debían que seguir en el colegio. "No costó mucho explicárselo: hacían la fila, guardaban las distancias... Se notó que las familias habían trabajado mucho en casa", dice.

Los alumnos de Primaria pasan los recreos en el patio grande, donde se aprovechan las líneas de las pistas deportivas para distribuir a las diferentes clases (12 en total). Al igual que los de la ESO salen primero la mitad mientras el resto permanecen almorzando en las aulas, después se hace "el baile de escalera" y cambian. "El primer recreo es de 10.15 a 10.45, quince minutos para cada grupo; y el segundo de 12.00 a 12.30, otros quince minutos. Se abarca una hora de organización para garantizar la seguridad, que es de lo que se trata. No hay cruce entre grupos burbuja", explica.

Almuerzo en una de las aulas de Primaria del colegio El Buen Pastor.
Almuerzo en una de las aulas de Primaria del colegio El Buen Pastor.
Toni Galán

Uno de los alumnos de Primaria es Manuel Bautista, de 11 de 4º A, que lamenta no poder jugar al fútbol. "Es más aburrido y echo de menos a algunos amigos en el patio. Ahora corro, juego al pilla pilla... Sin pasarnos del límite si no nos castigan. Lo hacen para prevenir", comenta este niño, que como positivo destaca que ahora "nadie tiene heridas" de un pelotazo. Junto a él está la pequeña Zaihab Maamla, de 10, que asegura que no se pueden "divertir" mucho. "Jugamos menos, no nos podemos tocar mucho y tenemos que guardar las distancias en la fila para bajar al patio y subir a las aulas. Me siento bien porque es mejor prevenir que curar", sostiene.

José Miguel García destaca el "esfuerzo agradecido" de toda la comunidad educativa de El Buen Pastor en estos tiempos tan difíciles. "De todas las familias, por el trabajo que llevan en casa con los niños. De los profesores, adaptando sus horarios y su docencia a la prioridad sanitaria. Y el del alumnado, por su responsabilidad. Cuando les preguntamos si piensan que podríamos hacerlo de otra manera dicen que 'no', que esto es lo que toca. Están perdiendo parte de su infancia. Y los adolescentes son rebeldes por naturaleza y no se ha rebelado ninguno. Esa actitud nos ayuda mucho", afirma este maestro, que señala que "nadie de la comunidad" haría esto "por capricho". "Ahora lo importante es que no haya contagios".

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