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Calles enanas, cubiertas, legendarias y con cierta esquizofrenia

El otro callejero de la ciudad muestra que en el Casco existen vías de apenas 7 metros de longitud o de poco menos de un metro de anchura. Las historias que esconden detrás son apasionantes.

La calle de la Sombra, con sus apenas 7 metros, en el centro de Zaragoza.
La calle de la Sombra, con sus apenas 7 metros, en el centro de Zaragoza.
Oliver Duch

En el centenario de Benito Pérez Galdós muchos zaragozanos han recuperado los ‘Episodios Nacionales’ y han disfrutado con el relato del escritor sobre la defensa de las imbricadas calles del centro de la capital aragonesa. Significativo es que al corazón del Casco Histórico se le denomine ‘Tubo’, pues da idea de la cantidad de callejuelas y callejones, estrechos, pequeños y sinuosos, que hay en el centro de la ciudad. Ahora se habla de crear ‘supermanzanas’, pero las calzadas estrechas y las más aún escuetas aceras parecen estar en el ADN zaragozano.

El cartel de la exitosa película ‘Las Niñas’ también ha invitado a muchos vecinos a buscar la localización exacta donde se ha hecho la fotografía, que no es otra sino Torresecas, apenas un rinconcito sin salida junto al palacio de Fuenclara. ¿Cuáles son las calles más cortas de Zaragoza? ¿Por qué la cartografía del Casco parece un pequeño ‘tetris’ que asusta al urbanista más avezado?

En este pequeño avispero hay calzadas de todo tipo y condición. Desde una de las calles más cortas de España hasta un callejón a cubierto, pasando por una misma calle que va cambiando de nombre por tramos. Esta triple casuística tiene los siguientes botones de muestra. La llamada calle de la Sombra, cerca de la iglesia de San Felipe, aparece en los ránquines nacionales de vías más cortas de España: aunque su anchura es generosa, de largo apenas tiene 7 metros. De hecho, más parece un recodo de la calle Morata que lleva a un solo portal, pero -oigan- tiene su propio azulejo anunciador, de modo que ‘la Sombra’ ha de ser considerada calle. 

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El callejón de Lucas es el único cubierto superviviente en Zaragoza.
Heraldo

El callejón cubierto al que hacíamos referencia es más conocido pues se ha convertido, incluso, en una atracción turística del barrio del Arrabal. Se trata del callejón de Lucas (de Mariano Lucas), del que se echa mano para hacer recreaciones costumbristas cuando se conmemora al Tío Jorge, del que fue lugarteniente. Aunque hace 200 años había muchas más, esta es la única calle cubierta de Zaragoza y, para estudiosos y amantes de la ciudad como José Luis Melero, es una de las calles más hermosas de la ciudad. “Sirve de acceso a una minúscula manzana de viviendas de ladrillo que mantiene intacto el sabor de la arquitectura popular zaragozana del siglo XVIII”, cuenta Melero, que destaca que se ubica “en pleno corazón del Rabal más castizo, muy cerca del puente de Piedra”. 

Sobre calles que abruptamente y sin motivo aparente cambian de nombre se podrían citar un puñado de ejemplos, pero uno de los más céntricos y transitados es la confluencia -sin solución de continuidad- de Marqués de Lazán y la calles del Espino, ambas en el Casco, a pocos metros de San Vicente de Paúl.

El cambio abrupto de nombre a mitad de la calle.
El cambio abrupto de nombre a mitad de la calle.
Heraldo

Después están las mil y una calles cuyo nombre alude a la leyenda o la historia que esconden. ¿Desengaño? Pues se conoce que daba justo la puerta trasera de una casa de juego en la que debieron perderse enormes fortunas décadas atrás. Otro callejón sin salida es el que ahora se conoce como Pico de Aneto, pero que antaño “en los años 40 era el callejón de la leche barata”. ¿Cómo? “Las vacas que llegaban a la Estación del Norte, las descargaban de los vagones y las llevaban a las cuadras que había allí. Se vendía la leche al tener que ordeñarlas, y como esa leche se salía del circuito de venta se vendía mucho más barata y acudían los vecinos”, cuenta Rafael Tejedor, buen conocedor de cada metro cuadrado del Arrabal. “Aquí también está la plaza de la Mesa, muy pequeña y bonita, que se llama así porque en el siglo XIX se instalaba en el centro de la plaza una mesa donde se pagaban los jornales de los que habían ido a trabajar al campo ese día. Tiene una acústica excepcional”, cuenta Tejedor, miembro de la asociación de vecinos Tío Jorge.

Los planos de la ciudad cartografiada por Dionisio Casañal a finales del siglo XIX.
Los planos de la ciudad cartografiada por Dionisio Casañal a finales del siglo XIX.
Heraldo

Muchos vecinos se preguntan por el más evidente callejón de las Once Esquinas, ahora en obras, junto a la calle Alfonso. Vendría a ser la versión zaragozana de la calle Salsipuedes, que existe en muchas otras ciudades (Madrid, Pamplona, Oviedo) pero no oficialmente a orillas del Ebro. Especialistas como Alberto Serrano Dolader han perseguido el motivo del topónimo de la antigua Puerta Quemada, que quedaba al final de la actual Heroísmo, mientras que la restauración reciente de la Magdalena dio más de una pista sobre un voladizo que da nombre a la calle adyacente.

Callejeros de Zaragoza hay para todos los tipos y gustos (desde los que reúnen los nombres exclusivamente de mujer hasta los que analizan los ‘rebautismos’ por la ley de memoria histórica) pero es necesario recurrir a los planos y a las enciclopedias para escarbar en las calles más singulares. Julián Ruiz Martín publicó en cinco tomos la ‘Memoria de las calles de Zaragoza’ (Leyre Ediciones, 2003), que es una suerte de ‘as de guía’ para conocer la evolución de las calles, sus nombres y sus historias. También aquí se analizan algunas calles que, oh sorpresa, desaparecieron, pero no por ubicarse en el triángulos de las Bermudas sino porque hubo proyectos urbanísticos que exigieron demoliciones de manzanas enteras como fue el caso de la calle Cerdán, junto al trazado de la hoy avenida de César Augusto.

Armando Soria, en la que defienden en el pueblo que es la calle más estrecha del mundo.
El alcalde Armando Soria, en la calle de Urriés que dicen es de las más estrechas del mundo.
Ayto. Urriés

Y si en lo que a calles cortas se refiere parece que la Sombra se erige como campeona, más discusión habría si se pregunta por las más estrechas. Esta discusión se ha dado incluso en las redes sociales donde algunos zaragozanos apostaban por Mateo Flandro (entre el Coso y San Miguel) y otros se decantaban por San Cristóbal, que queda junto a la calle Mayor. La calle la Zarza también es tan mínima que ni siquiera las cámaras de los vehículos de Google Street View la han atravesado. No obstante, aún cabe un peatón e incluso (con dificultades) un carrito, algo que no sucede en la calle más estrecha de la provincia que, hasta que se demuestre lo contrario, está ubicada en la localidad cincovillesa de Urriés y apenas tiene 41 centímetros en su parte más angosta. Es un callejón medieval, de 25 metros de longitud, que ha ganado fama gracias a las instantáneas de Instagram. Eso sí, oficialmente no se lleva el Guiness, donde está registrada una vía alemana de la ciudad de Reutlingen que apenas tiene 31 centímetros de anchura.

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