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La hostelería acusa el éxodo de los zaragozanos por Semana Santa

La mayoría opta por salir de la ciudad y apenas se logran llenar las terrazas. Los empresarios piden ayudas "cuanto antes"

Muchos paseantes se acercaron a la plaza del Pilar, uno de los puntos más concurridos.
Muchos paseantes se acercaron a la plaza del Pilar, uno de los puntos más concurridos.
Toni Galán

"Solo hay que verlo", relata señalando al exterior de su restaurante Alberto Delgado. Propietario de La Reserva, en la calle de Cádiz, es uno de los hosteleros que este jueves ha abierto las puertas de su negocio, a medio gas, como la mayoría, y durante la primera jornada de un puente festivo que, por segundo año consecutivo, no será como los demás. "Hay mucha gente que se ha ido pero no ha venido nadie, esto no nos va a llevar a buen puerto a ninguno", lamentaba. Desde el sector aseguran que la clientela zaragozana no será suficiente para salvar la Semana Santa, que ya anticipan que concluirá con unos beneficios exiguos, una vez más, por culpa del coronavirus.

El efecto de unas fiestas de lo más atípicas se ha notado desde primera hora en las calles de la capital aragonesa que, en general, han registrado una afluencia significativamente menor a la de anteriores fines de semana. Quienes decidieron salir a pasear por el centro de la ciudad coincidían al diagnosticar el origen del fenómeno: muchos han aprovechado para hacer las maletas y marcharse al Pirineo o a la provincia de Teruel pero, a diferencia de otros años, no hay turistas de fuera de la Comunidad para remplazar a los residentes.

A última hora de la mañana, zonas como el paseo de la Independencia, la calle de Alfonso I o la plaza del Pilar presentaban ajetreo, pero nada fuera de lo habitual. Algunos han optado por acercarse a la basílica para, al menos, "estar un poco más cerca de la Virgen" pese a la extrañeza de estos días. María Jesús Artigas ha sido una de las personas que, junto al resto de su familia, ha aprovechado la mañana para dar un paseo junto a la ribera del Ebro y, posteriormente, visitar el templo. "No nos vamos a ningún sitio porque mi marido tiene que trabajar, aunque aún así igual lo habríamos dejado para un fin de semana con menos gente", explicaba.

Cuando tocaba el vermú, en la zona del Tubo no se han repetido –por fortuna– las aglomeraciones que se llegaron a ver en jornadas anteriores. La Policía Local ha seguido controlando el cumplimiento de las medidas de seguridad, pero ni siquiera todas las mesas exteriores estaban llenas. Había incluso familias con niños pequeños, algo raro de ver últimamente, cuando los más jóvenes suelen copar casi todos los asientos de estas calles. El tiempo ha acompañado y algunos veladores, como los de la plaza de España, se han llenado casi por completo, pero otros tuvieron numerosos huecos vacíos.

Ya a la hora del café, en La Reserva solo estaban ocupadas algunas mesas del exterior. "Seguimos las medidas de seguridad a rajatabla pero aún así los clientes solo quieren estar en la terraza. No entra dinero", ha apuntado Alberto Delgado, que ha pedido que las ayudas económicas lleguen "lo antes posible". "Si no, dentro de un mes puede que ya estemos económicamente muertos", ha augurado.

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