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Las sillas de La Caridad, asiento de procesión

Unas 5.000 sillas de madera se instalaban en Zaragoza para que los ciudadanos vieran la procesión sentados. Ahora no ocupan las aceras en Semana Santa, pero se alquilan para otros actos.

Daniel Gimeno, director de la Fundación La Caridad, sentado en el Coso en una de las sillas.
Daniel Gimeno, director de la Fundación La Caridad, sentado en el Coso en una de las sillas.
Guillermo Mestre

No son mullidos sillones, pero han sido sinónimo de colchón económico. No son tronos, pero se han sentado personas de toda clase social y en cualquier situación. Sencillas, de madera y con una inscripción en la parte trasera, "La Caridad". Hace unas décadas, ver estos asientos en las calles de Zaragoza eran preludio de Fiestas del Pilar o de procesión.

Se extendían por los porches del Mercado Central, el Coso o Alfonso I para que los ciudadanos disfrutaran sentados de procesiones como el Santo Entierro. Se trataba de un servicio que se asentó en la primera mitad del siglo XX, tal y como desvelan las noticias en la prensa. "Incluso, en la plaza de España se instalaba un estrado donde las sillas eran más caras", explica Daniel Gimeno, actual director de la fundación.

El recuerdo de las sillas de La Caridad que se utilizaban en Semana Santa

"Se recuerda al vecindario la obligación de respetar la colocación de las sillas instaladas por La Caridad en el itinerario de la procesión. Esta obligación comprende el deber de no variarlas de emplazamiento y el de abstener se ocuparlas sin haber obtenido previamente el correspondiente boleto", dictaba la Alcaldía en los años 60. Se abonaba un precio por sentarse en las sillas, la última vez fueron unos 3 euros. La recaudación obtenida se dividía entre La Caridad y la Sangre de Cristo, hermandad organizadora de la procesión. "Para nosotros siempre ha sido una fuente de ingresos para poder sostener nuestras actividades", recuerda Gimeno. Normalmente eran instaladas por las brigadas municipales.

Recorte de Heraldo de Aragón que habla de las sillas de La Caridad.
Recorte de Heraldo de Aragón que habla de las sillas de La Caridad.
HA

A principios de este siglo culminó esta tradición. "Con el paso del tiempo, la legislación impidió poner precio, tenía que ser un donativo voluntario y era muy difícil de controlar... Además, el itinerario se hizo más largo", sostiene el director. A pesar de que hace años que ya no ocupan las aceras, los zaragozanos siguen llamando a la fundación para preguntarles si las instalan el Viernes Santo. "Sobre todo es gente mayor que quiere ver la procesión y no puede estar de pie tanto tiempo", mencionan desde la entidad.

Las 1.200 sillas de la actualidad se prestan a cambio de un donativo para reuniones de vecinos, cenas de Nochebuena, actos de peñas o convites en fincas. A pesar de que no tienen la misma actividad que antes, siguen siendo un icono de La Caridad, tanto que ponen nombre a sus premios, y también para el conjunto de la ciudad.

Detalle de una de las sillas de La Caridad.
Detalle de una de las sillas de La Caridad.
Guillermo Mestre

Más servicio en este año de pandemia

Las tres áreas de trabajo de la Fundación La Caridad —infancia, mayores y personas sin hogar— han continuado durante la pandemia de coronavirus. Hace algo más de un año los servicios educativos se cerraron, pero la formación siguió incluso con el reto de la brecha digital. Sus mayores no acudían al centro de día, pero estuvieron atendidos gracias al servicio telefónico.

"Pasamos de servir de 700 comidas a diario a 1.700. De un día para otro tuvimos que llegar a personas que no disponían de medios para cocinar. Casi triplicamos este servicio. Ahora estaremos repartiendo unas 1.400", apunta Daniel Gimeno, el director. 

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