Despliega el menú
Zaragoza
Suscríbete

tribunales en zaragoza

Un empresario de Caspe falsea la firma de un peón para culparle del accidente en el que casi muere

La Audiencia de Zaragoza lo condena por mandar redactar un documento en el que la víctima, que pasó año y medio en el hospital y perdió una pierna, supuestamente reconocía ser la responsable del accidente.

El empresario y el encargado de la finca, ayer, en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Zaragoza.
El empresario, en la silla de la derecha, durante la celebración del juicio en la Audiencia de Zaragoza
M. A. C.

La Audiencia de Zaragoza ha decidido condenar a prisión al gerente de una explotación agrícola y ganadera ubicada en el paraje El Cerrojo de Caspe tras desentrañar el sucio ardid del que intentó valerse para no asumir la responsabilidad de un grave accidente laboral. La víctima fue uno de sus peones,  al que le pasó por encima un tractor que llevaba enganchada una desbrozadora-picadora. Las consecuencias del atropello fueron tremendas, ya que las pesadas ruedas del vehículo le fracturaron 14 costillas y el apero le destrozó la pierna derecha. Y aunque el temporero, A. K., de 60 años, salvó la vida, estuvo casi año y medio hospitalizado y tuvieron que amputarle la extremidad derecha. Por supuesto, quedó impedido para trabajar y le reconocieron la incapacidad absoluta.

Los hechos se produjeron el 1 de septiembre de 2009, pero han tenido que pasar más de 11 años para condenar a Alberto José T. A., de 72 años, por un delito de falsedad en documento privado en concurso con otro de estafa procesal en grado de tentativa. Y no es el único castigo que podrían imponerle, ya que el suceso dio lugar a una inspección de trabajo y la Seguridad Social decidió sancionar a la sociedad que explotaba la finca por dos infracciones en materia de prevención de riesgos laborales. Sin embargo, esta resolución fue impugnada por la vía judicial y todavía no es firme.

La inexplicable tardanza de la justicia en tramitar la causa penal le ha servido al encausado para que la Audiencia Provincial le rebaje la condena a un año de cárcel, ya que le aprecia la atenuante de dilaciones indebidas. En cuanto a los hechos, el tribunal no alberga «ninguna duda» de que el acusado mandó redactar dos documentos, uno en castellano y otro en árabe, para hacer creer a los jueces que el trabajador reconocía toda la responsabilidad del percance que casi le cuesta la vida. A través de aquella supuesta autoconfesión, que este hombre aportó en los dos procedimientos judiciales –civil y penal– que se estaban instruyendo, la víctima decía que había manipulado el tractor sin autorización, exoneraba a la propiedad de la finca y al encargado de toda culpa y renunciaba a cualquier indemnización.

"Yo nunca firmé ningún papel"

«Yo nunca firmé ningún papel asumiendo la culpa del accidente. Estuve en tres hospitales. Y lo único que hacía era llorar por mi pierna», declaró el peón durante el juicio celebrado en la Audiencia de Zaragoza. Para averiguar si las rúbricas que figuraban al pie de la presunta confesión eran o no la suya, se hicieron hasta cuatro informes periciales, que han permitido concluir al tribunal que ambas firmas son falsas. Lo que no tienen tan claro los magistrados es si fue o no el acusado quien hizo los garabatos. Sin embargo, dicen ahora que «resulta indiferente que fuera el propio acusado el autor material de la falsedad o que la encargara a un tercero, pues en ambos casos respondería como autor de la falsificación». «De lo que no cabe duda alguna –añaden–, es que él fue la única persona que pretendió beneficiarse directamente de la falsificación    y quien planificó y ejecutó los actos fraudulentos».

Además del gerente de la sociedad Finca el Cerrojo, en el banquillo de los acusados se sentó también el que fuera encargado o jefe directo de la víctima, Abdelhakin B. R., para el que la Fiscalía y la acusación particular también pedían prisión. Lo hacían porque parece que fue él quien le encargó que comprobara el correcto funcionamiento de un tractor que acababan de reparar. El vehículo estaba con el motor encendido, en punto muerto y sin nadie a los mandos. Y cuando A. K, estaba delante, le pasó por encima. Sin embargo, el tribunal no aprecia delito en la conducta de capataz.

Etiquetas
Comentarios
Debes estar registrado para poder visualizar los comentarios Regístrate gratis Iniciar sesión