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Selvatik: reabrir tu negocio tres veces en un mismo año

Se trata del centro de ocio y restauración ‘indoor’ más grande de Aragón. Desde su inauguración, en septiembre, se han visto obligados a cerrar en dos ocasiones, en febrero y en diciembre.

Iván Acedo, propietario de Selvatik.
Iván Acedo, propietario de Selvatik.
Heraldo

La historia de Selvatik se remonta al pasado 16 de septiembre, momento en el que se producía la primera apertura de este establecimiento de restauración y ocio ubicado en el entorno de Gómez Laguna, en concreto en el número 18 de la calle Ramón Sainz de Varanda. Se trata del centro de ocio y restauración bajo techo más grande de Aragón. Sin embargo, y a pesar de haberse decidido por emprender en tiempos de pandemia a pesar de las dificultades y con un proyecto tan ambicioso como este, desde su inauguración se han visto obligados a cerrar hasta en dos ocasiones, la primera en febrero y, la última, en diciembre.

En el caso de la última apertura, que se produjo el 15 de diciembre, tuvieron que cerrar tan solo 5 días después. La situación generada por la pandemia, y las restricciones marcadas durante esta cuarta ola, provocaron que la situación se tornase insostenible. Finalmente, y tras mucho esfuerzo, volvían a abrir sus puertas este mes de marzo.

“Ha sido un año muy complicado, con un local con una inversión muy alta, sin poder trabajar, sin ingresos y con muchísima incertidumbre”, explica Iván Acedo, su propietario e ideólogo de este nuevo concepto, asegura, único en toda España. “La idea surge de mi experiencia como padre viajando en familia por toda España. Cuando visitas espacios dedicados al ocio infantil, la restauración suele estar más desatendida mientras que, cuando es al revés, el ocio se limita a una piscina de bolas al fondo del local”, asevera Acedo.

Lo que él buscaba era el completo equilibrio entre ambos mundos: el de restauración más enfocado a padres y madres, y el de ocio, dirigido al público infantil y en el que cuentan con su propio comedor. Además, estos están acompañados en todo momento por el equipo de monitores de Selvatik y llevan una pulsera con el teléfono de sus padres para poder estar controlados en todo momento.

El local cuenta con un espacio de más de 3.000 metros cuadrados, de los cuales 600 están dedicados a la restauración mientras que el resto es un área de juegos destinados a los más pequeños. El aforo total del espacio es de casi 700 personas, actualmente de 194 con la limitación de 30%. También cuenta con 15 mesas en la terraza. En cuanto a la propuesta gastronómica, la carta incluye hamburguesas, pizzas, ensaladas, raciones y frankfurt de medio metro, así como todo tipo de carnes y pescados a la brasa.

“El proyecto supone una apuesta importante no solo para la ciudad sino a la hora de generar actividad económica y puestos de trabajo”, reivindica Acedo, que actualmente cuenta con una plantilla de 21 personas entre ambos espacios. Un espacio en el que se ha apostado por un estilo vanguardista, actual y completamente original en cuanto a diseño se refiere.

¿Y qué pasa con la zona de juegos? Allí, los más pequeños gozan de todo tipo de actividades pensadas para ellos como toboganes de 7 metros de caída, camas elásticas, un circuito de Karts y motos eléctricas, una zona de cañones de aire comprimido para batallas con bolas de goma espuma, un futbolín humano, tres canchas de baloncesto y hasta un rocódromo. La oferta de ocio la completan una máquina de realidad virtual, el espacio destinado al mundo lego y una pista de obstáculos ninja para los más aventureros.

“Además, su comedor también está tematizado y ambientado en el mundo de los exploradores”, añade Acedo. En cuanto a los precios, el acceso a la zona de ocio va desde los 10 hasta los 17 euros en función del tiempo y el día de la semana. El horario es de martes a domingo de 16.00 a 22.00, siendo el se Semana Santa -o cualquier festivo escolar- de 12.00 a 22.00 horas.

“Una vez subido al barco, no queda otra que navegar”

Acedo echa la vista atrás y asegura que ha sido uno de los años más complicados de su vida, pues gestionar un negocio de estas características en medio de una crisis sanitaria mundial no ha sido una tarea nada fácil. “Firmé el contrato del local en mayo del 2019 y empecé las obras en noviembre. Cuando estábamos a punto de abrir, a finales del mes de febrero principios de marzo, saltó todo por los aires”, rememora.

Y, ¿por qué decidió seguir para adelante? Porque, como él mismo explica, tampoco tenía otra opción. “Estaba ya subido al barco en el medio del mar, una vez ahí solo puedes lanzarte al agua o ponerte a navegar”, concluye.

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