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El ropero de Utebo abre esta semana para recibir una nueva avalancha de solidaridad

Sus responsables han decidido que las donaciones únicamente se realicen la primera semana de cada mes, ya que la gran cantidad de ropa que recibían dificultaba su organización.

Ropero de Utebo.
Ropero de Utebo.
Heraldo

El ropero municipal de Utebo se encuentra esta semana inmerso en una campaña de donación de ropa para los más necesitados de la localidad. Hasta el 5 de marzo, sus puertas permanecerán abiertas para que todo aquel que quiera haga llegar las prendas que ya no usa para darles una nueva oportunidad.

Ubicado en el centro polifuncional, el ropero municipal siempre ha permitido a los ciudadanos que aportaran su granito de arena, aunque ahora las donaciones se realizan de manera algo distinta. Antes de la pandemia, el ropero las aceptaba en cualquier momento, pero sus responsables han decidido que ahora se permitan únicamente los primeros cinco días de cada mes.

La implantación de este nuevo sistema -la de marzo es la segunda donación de este tipo- se debe a motivos organizativos y llega tras dos colapsos por la avalancha de solidaridad. Los vecinos de Utebo se volcaron tanto que se hacía complicado gestionar tal cantidad de ropa: “El ropero cerró en marzo debido a la pandemia y abrió en otoño, por lo que pedíamos sobre todo prendas de invierno. Fue una locura. En un par de semanas recibimos toneladas de ropa y las voluntarias tampoco podían venir todos los días a organizarla porque intentamos que no coincidan muchas”, explica Naiara Marcos, técnica de animación sociocultural del Ayuntamiento de Utebo.

Y es que, antes de proceder a la selección de las prendas, las bolsas que reciben de los vecinos tienen que pasar por una cuarentena de siete días. Después, se limpian; se cosen, en el caso de que a alguna le haga falta; y se clasifican por tallas. “Si están muy rotas se llevan a la asociación aRopa2 para darles una segunda vida. Aquí no se tira nada”, comenta Marcos. Esto ocurre, por ejemplo, con los trajes para caballero. “Tenemos muchísimos. Si nos llega alguno que está en muy buen estado, lo damos para que lo pueda aprovechar otro tipo de usuario”, añade.

Ropero de Utebo.
Ropero de Utebo.
Heraldo

La ropa se puede llevar a dos puntos de recogida: el propio centro polifuncional y el Centro Cívico María Moliner. Desde el consistorio de la localidad aseguran que han detectado que estas necesidades “se han incrementado un poco más” durante la pandemia, al igual que las ayudas de urgencia y la solicitud de alimentos.

También ha cambiado ligeramente el perfil del usuario del ropero. “Viene gente que no tiene luz o calefacción y necesita abrigarse, refugiados que no tienen nada, inmigrantes… Pero también gente que ha perdido su empleo o que tenían entrevistas de trabajo pero carecían de ropa formal”, apunta la técnica.

Las voluntarias del ropero, alrededor de una veintena, reparten prendas de adulto y de niño en lunes alternos. A todas ellas se les entrega un kit con guantes, mascarillas e hidrogel para protegerse. “Agradecemos mucho las donaciones de los vecinos y el trabajo de las voluntarias que lo llevan, porque sin ellas sería imposible”, señala Melchor Marco, concejal de Acción Social del Ayuntamiento de Utebo.

Presupuestos sociales y comprometidos

Las cuentas municipales, aprobadas a mediados de febrero, también reflejan la preocupación por la pandemia y sus consecuencias sociales. Así, el consistorio utebero ha reducido la partida de festejos en 85.000 euros, y ha incrementado en esta misma cuantía las subvenciones a micropymes y autónomos 2020. También ha incrementado en más de 135.000 euros las partidas destinadas a limpiezas especiales de edificios, adquisición de EPIS y geles hidroalcohólicos. “Hemos duplicado las ayudas de urgencias y se ha incluido 20.000 euros para la compra de ayudas de urgencia en el comercio local”, apunta el concejal.

La localidad cuenta también con su propio fondo de alimentos, que funciona con las aportaciones de Cruz Roja y con donaciones de entidades y empresas. Con la última, en lugar de adquirir directamente los alimentos, se han dejado pagados los productos en establecimientos del barrio y se han repartido vales para que los usuarios -unos 200- vayan a buscarlos. “De esta manera, apoyamos al comercio local y ofrecemos productos frescos a las familias para fomentar una alimentación un poco más saludable”, concluye Marco.

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