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La casa rural del Infanzón, en Sos del Rey Católico, llena desde la reapertura de Zaragoza

Acostumbrados a que sus ocho habitaciones siempre estuvieran ocupadas, a raíz de la pandemia, han pasado meses con apenas dos reservas.

María José y su marido, Felipe, llevan la Casa del Infanzón, en Sos del Rey Católico.
María José y su marido, Felipe, llevan la Casa del Infanzón, en Sos del Rey Católico.
Heraldo

Desde que el alojamiento turístico Casa del Infanzón, en Sos del Rey Católico, abrió sus puertas en 2004 sus propietarios nunca habían atravesado una crisis como la actual. Pasaron la de 2008 pero aquello, dentro de lo malo, era más o menos previsible. Ahora, a raíz de la covid, la incertidumbre es una constante en su día a día.

Esta situación hace que desde Nochevieja hasta el fin de semana de San Valentín, solo haya habido dos reservas. En cambio, desde que se reabrió Zaragoza y ya se puede circular libremente por la provincia, la casa rural está llena. “Desde que anunciaron la reapertura ha sido una locura. No paramos de coger el teléfono”, asegura Felipe Díaz, dueño del establecimiento junto a su mujer, María José Lerendegui.

La historia de la Casa del Infanzón se remonta a hace unos 17 años cuando el matrimonio decidió construir el inmueble en un solar propiedad de la madre de María José, contiguo a su vivienda. Exteriormente su aspecto es totalmente rústico, siguiendo a la estética de la piedra y la madera de las construcciones de Sos. Pero en su interior, la casa dispone de todo tipo de comodidades.

Cuenta con ocho habitaciones dobles con baño privado y se ofrecen desayunos, muy populares porque incluyen repostería y bizcochos caseros, la especialidad de María José.

Aunque lo más habitual es que se reserven las habitaciones por separado, si se trata de un grupo grande, también se da la posibilidad de alquilar la casa completa, dejando acceso a la cocina y el comedor.

Cancelaciones de última hora y clientes más jóvenes

Con la pandemia, no solo han disminuido el número de huéspedes en El Infanzón, también ha habido un cambio de tendencia. “Antes de la pandemia, ya teníamos el verano del año pasado prácticamente lleno pero se canceló todo. Después, con el desconfinamiento, se volvieron a recuperar las reservas pero pronto surgieron los brotes de los temporeros, se cogió miedo a venir a Aragón y tuvimos muchas cancelaciones”, explica.

Así las cosas, cuando entra una nueva reserva Felipe y María José no se hacen demasiadas ilusiones, porque hasta 24 horas antes se puede cancelar.

La Casa del Infanzón es una casa rural con ocho habitaciones en el barrio judío de Sos.
La Casa del Infanzón es una casa rural con ocho habitaciones en el barrio judío de Sos.
Heraldo

Las restricciones de movilidad han hecho, además, que la procedencia de sus clientes haya cambiado radicalmente. En una situación normal, llegan sobre todo desde Madrid, Barcelona y País Vasco, así como de Francia o Alemania, especialmente en verano, para estancias más largas. Ahora, en cambio, los huéspedes son aragoneses o, en las épocas de más restricciones, como la actual, zaragozanos.

Por otro lado, antes, su cliente tipo eran parejas de edad media-alta, que llegaban a Sos atraídos por el patrimonio y con el objetivo de comer bien y dar paseos. Ahora, los huéspedes son más jóvenes, atraídos por un entorno tranquilo pero en el que también se pueden hacer actividades al aire libre.

En cualquier caso, procedencia o edad no importa con tal de poder volver a tener ocupadas las habitaciones. “Tenemos unos gastos fijos mensuales de 3.000 euros y de los últimos once meses hemos podido trabajar con normalidad apenas dos”, explica Felipe, a quien le está costando mucho sacar las cuentas adelante.

Afortunadamente, este no es su único sustento, sino que ya cuando pusieron la casa en funcionamiento lo plantearon como una actividad extra. Aun así, hace ya casi un año solicitaron un ICO, pensando que esta dramática situación se prolongaría apenas tres o cuatro meses. Pero ya van camino de los doce y pronto tendrán que empezar a pagar dicho préstamo.

Ante esta situación, la plantilla habitual también se ha visto afectada. “Normalmente tenemos a una persona contratada por horas y a otra fija”, explica Felipe. Con la que está a tiempo parcial no cuentan desde hace meses ya que no hay suficiente volumen de trabajo y la otra está en ERTE según las reservas que se van teniendo.

Con las buenas noticias de los últimos días y la flexibilización de las restricciones de movilidad, en la Casa del Infanzón empiezan a ver la luz, aunque no pueden evitar ponerse en lo peor. “Solo esperamos que continúe todo bien y no haya una regresión”, dicen, mientras tratan de lidiar con lo que para Felipe es lo más complicado, la incertidumbre. “No se puede hacer ninguna previsión a dos semanas vista”, asegura.

Alojarse en un entorno seguro

La covid también está suponiendo un esfuerzo extra en lo que a medidas de desinfección y limpieza se refiere. Por un lado, han aumentado los gastos en mascarillas, geles, productos desinfectantes, mamparas… Por otro, el tiempo que se invierte ahora en las tareas de limpieza es mayor. Todo ello con el objetivo de hacer de esta casa rural un entorno seguro para alojarse. “Los huéspedes apenas se ven entre ellos, solo si coinciden en el desayuno, y en todo este tiempo no hemos tenido que lamentar ningún contagio en nuestras instalaciones”, recalca Felipe.

La Casa del Infanzón debe su nombre al título que el padre del rey Fernando dio de por vida a todos los vecinos de Sos del Rey Católico cuando nació su hijo. Se sitúa en el barrio de la judería, a pocos metros del palacio de Sada, donde nació el monarca. Las reservas se pueden realizar por internet y los precios de las habitaciones fuera de temporada alta van desde los 59 hasta los 69 euros por noche.

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