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Prostitución en tiempos de covid: "Las mujeres tienen mucho miedo a que un cliente las contagie"

Fogaral atendió a casi un 60% más de mujeres en 2020 respecto al año anterior. Las féminas con las que trabajan el centro de Cáritas y Médicos del Mundo Aragón demandan formación y empleo para poder salir de ese mundo.

Imagen de un prostíbulo camuflado como spa
Imagen de un prostíbulo camuflado como spa, en una imagen de archivo.
EP

El año pasado, Fogaral -el centro de Cáritas para la acogida y el acompañamiento de mujeres en contexto de prostitución y víctimas de la trata con fines de explotación sexual en Zaragozaatendió a 556 mujeres (384 de ellas acudían por primera vez) frente a las 229 (con 58 nuevas usuarias) de 2019; un aumento del casi 60%. También las ayudas económicas experimentaron un crecimiento exponencial: de 1.929 tramitadas en 2019, con un importe de 220.000 euros, se pasó en 2020 a 4.524 por valor de un poco más de 700.000 euros. Y en lo que llevamos de 2021 siguen con "el mismo ritmo".

Su directora, Marta Jiménez, resalta que estas cifras no significan que haya más mujeres ejerciendo la prostitución sino que el coronavirus las ha visibilizado para Fogaral. "Muchas de ellas no habían necesitado acudir a pedir ayuda; iban ejerciendo, ganando su dinero y se iban manteniendo. Con la covid, durante los meses de confinamiento se quedaron con ingresos cero y después han seguido en una situación bastante mala. Ha habido menos apertura de clubes y con restricciones de horarios y aforos; eso también ha afectado. Nos dicen que hay muchos menos clientes. Y la mayor parte de las que han entrado nuevas desconocían los servicios - tanto públicos como privados- que existen", explica Jiménez, quien añade como dato curioso que una mujer les contó que los pocos servicios sexuales que podía hacer durante el primer estado de alarma eran "cuando los clientes bajan por la noche a los parques a pasear al perro".

Por su parte, Médicos del Mundo Aragón atendió a 500 mujeres; el mismo número que el año anterior. Ahí les ofrecen un acompañamiento psicosocial integral. "Lo primero que hacemos es un acercamiento a lugares de prostitución (clubes, pisos y zonas de calle) para realizar una aproximación a sus necesidades. No damos ayudas económicas, aunque este año sí lo hemos hecho de manera excepcional por la pandemia: para necesidades más básicas en situaciones límites. Nos hemos dado cuenta del gran desconocimiento que tenían de sus derechos y acceso a recursos sociales y sanitarios", señala Erika Chueca, trabajadora social de esta ONG y técnico del proyecto de atención a mujeres en situación de prostitución y explotación sexual.

Inserción social y laboral

Tanto Jiménez como Chueca hacen hincapié en que la gran mayoría de las mujeres con las que trabajan quieren dejar la prostitución. "Hay que acabar con ese mito de que están ahí porque quieren. Lo que se ve ahora, según datos de las Fuerzas de Seguridad del Estado, es que el 80% son mujeres en explotación sexual. Todas nos han pedido formación, cursos y empleo. Necesitan una inserción social y laboral; son mujeres con muchas posibilidades y deseos de empleabilidad", afirma la trabajadora social de Médicos del Mundo en la Comunidad.

Mientras, la directora de Fogaral también destaca el apoyo psicológico y la formación que estas mujeres demandan para buscarse la vida en otro ámbito. "Al hacer ese parón obligado por el confinamiento, se dieron cuenta de cómo estaban tanto física como mentalmente: cansadas y machacadas. Nos decían que no querían volver a ejercer la prostitución. Hay ayudas de la administración a las que podrían acceder, pero se les está poniendo muy difícil. El ingreso mínimo vital está siendo muy complicado para todo el mundo y para ellas, también", dice.

A todas esta situaciones se suma el temor al contagio del virus. "Es una población de riesgo en todo. Pero no porque ellas sean las que contagien sino que a ellas las contagian.  Cuanta más necesidad económica hay, la mujer más cede. En estos momentos, también se aprovechan de esto y la covid se añade a los riesgos que siempre han tenido. Las mujeres tienen mucho miedo a que las contagien un cliente", comenta Jiménez.

En la misma línea, Erika Chueca señala que ese miedo al contagio ha sido grande y continúa. "Se ha quedado instaurado lo que yo llamo doble miedo: el que antes existía a la posibilidad de contraer cualquier enfermedad propia de estas situaciones de riesgo y ahora al contagio de la covid. Las mujeres están muy concienciadas tanto del uso de la mascarilla como del preservativo porque es lo que las protege, pero suelen ser los clientes los que las coaccionan para no utilizarlos. Como te imaginarás mantener una relación con mascarilla con dos metros de seguridad es imposible. Es verdad que muchas mujeres tienen que acabar aceptando las prácticas sexuales como vengan porque hay que ingresar dinero a final de mes", indica.

"Muchas mujeres tienen que acabar aceptando las prácticas sexuales como vengan porque hay que ingresar dinero a final de mes"

En cuanto al perfil de las mujeres que lo ejercen, Médicos del Mundo señala que la mayoría son extranjeras con cargas familiares y cuya situación de prostitución y/o explotación sexual viene ligada "a un proceso migratorio fallido".

De Latinoamérica

En Fogaral, el grupo de mujeres que más atendían antes de la crisis sanitaria eran de Guinea Ecuatorial y Nigera. Sin embargo, en 2020 el orden fue: República Dominicana, Guinea Ecuatorial, Colombia, Brasil, Rumanía, Nigeria y Venezuela. "Al haber mucho cambio en la población de origen también hemos atendido a muchas más mujeres nacionalizadas españolas. Bastantes son madres. El año pasado atendimos por medio de ayudas económicas a 147 hijos menores y 30 mayores", informa Jiménez.

En España la prostitución es alegal y no hay una cifra oficial de las mujeres que la ejercen. Erika Chueca recuerda que somos "el segundo país de Europa" en cuanto a demanda de sexo de pago. "Convivimos en una sociedad que perpetúa el consumo de prostitución, pero tenemos a estas mujeres invisibilizadas y son víctimas de muchas violencias y vulnerabilidades. Lo primero que se necesita es que se les ofrezcan alternativas ", reclama. 

Cuando Marta Jiménez empezó a trabajar en el centro de Cáritas a finales de los 80 apenas conocía a una mujer víctima de trata con fines de explotación sexual. "Desde 2008-2009, por desgracia, he conocido a muchas. Son personas sobre las que se está cometiendo un delito, que además es muy cruel y que se puede comparar con la esclavitud", denuncia.

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