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"Le golpeé con la culata porque se me cayó la pistola e intentó cogerla"

Dos manteros se enfrentan a 18 meses de cárcel por atentado, mientras las acusaciones piden 4 años y medio para un policía por las lesiones derivadas de un arresto.

El agente y los manteros, Souleymane C. y Serigne M., declararon ayer en la Audiencia de Zaragoza.
El agente y los manteros, Souleymane C. y Serigne M., declararon ayer en la Audiencia de Zaragoza.
Toni Galán

¿Uso desproporcionado de la fuerza o aplicación oportuna en el transcurso de una intervención policial? La respuesta a esta pregunta es la clave del juicio que comenzó ayer en la Audiencia de Zaragoza y que sentó en el banquillo a un agente de la Policía Local y a dos manteros de origen senegalés que huyeron en una intervención policial que terminó de forma violenta, con un agente herido en el tobillo y uno de los manteros con una brecha en la cabeza tras ser golpeado con la culata de un arma reglamentaria. Los dos vendedores ambulantes, que durante la sesión negaron dedicarse a tal actividad, se enfrentan a una petición de 18 meses de cárcel por los delitos de atentado y lesiones que solicita la Fiscalía, que pide la absolución del policía. Pero las acusaciones particulares reclaman cuatro años y medio al agente por un delito de lesiones agravado por el uso de un arma y otro contra la integridad moral.

Los hechos se remontan al 13 de octubre de 2017, en plenas Fiestas del Pilar, cuando dos funcionarios de paisano, entre ellos el encausado, se aproximaron a los soportales de plaza de Aragón, donde varios manteros vendían mercancía de forma ilegal. La presencial policial hizo que los vendedores ambulantes huyeran con los bultos a sus espaldas hacia las calles de San Ignacio de Loyola y Pedro María Ric. En la última vereda los agentes vieron a los dos detenidos e iniciaron una nueva persecución que acabó a la altura del número 18 de la calle de Lacarra de Miguel. En el transcurso, según la versión policial, los fardos que portaban los arrestados a sus espaldas habrían hecho caer a una mujer.

«Los dos detenidos y mi compañero corrían por la acera, yo bajé a la calzada y logré adelantarlos. Cuando la acera se estrechaba, los arrestados chocaron entre sí. Uno cayó sobre unas motos, el menos corpulento, mientras que el otro quedó frente a mí y me arrolló de forma intencionada», narró el funcionario acusado, que defiende la letrada Olga Oseira.

El empleado público afirmó que en ese momento se le cayó la pistola al suelo, ya que «cuando uno no va uniformado, el arma se guarda a presión en la funda», sin un cierre que la contenga. La pistola quedó cerca y el agente pudo recuperarla enseguida. Sin embargo, aseguró que el detenido «se mostró muy violento» y le «agarró la mano para intentar cogerla». Esto le llevó a golpearlo con la culata en la cabeza: «No se me ocurrió otra manera en ese momento, era la única forma de reducirlo sin disparar». El compañero del agente que intervino en la actuación, testigo en el juicio, ratificó esta versión:« Vi como le intentó quitar el arma. Si lo llega a conseguir, tendría que haber soltado al otro arrestado –el que presuntamente le lesionó– y desenfundado mi arma», indicó.

Lo niegan todo

Los manteros ­­–representados por las abogadas Eva María Parra y María Carmen Yuste– expusieron un relato de los hechos completamente distinto.El que recibió el impacto de la culata, Souleymane C., aseveró que se había «pasado a saludar a unos amigos» que se habían desplazado a vender a Zaragoza aprovechando los días festivos y que se marchó de la zona «andando despacio» pero fue abordado por la Policía Local a la altura de un bar. Negó haber acometido al agente, sino que fue este quien lo abordó por detrás, y tampoco intentó hacerse con la pistola. Insistió en que los agentes no les dieron el alto, y dijo que el golpe en la cabeza lo dejó muy aturdido y no sabía dónde estaba, aunque también se mostró firme en que su compañero no golpeó a nadie (algo que ocurrió después) y el otro agente reprendió la actuación del ahora encausado.

La asociación para la defensa de los derechos civiles, acusación popular representada por el abogado Chabier Mallor, aportó testimonios de unos testigos oculares.

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