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Las 'escape rooms' en Zaragoza: "El sector está muy tocado"

Las empresas que se dedican a este tipo de ocio han visto cómo el volumen de trabajo se ha reducido drásticamente por las restricciones de horario y la reducción de aforo. 

Beatriz Sobrevía, gerente de Clue Hunter, en Zaragoza.
Beatriz Sobrevía, gerente de Clue Hunter, en Zaragoza.
B. S.

Las salas de escape ('escape rooms', en inglés) reabrieron en junio extremando las medidas de higiene y seguridad ofreciendo "un ocio seguro" en sus locales de juegos en Aragón. Tras una primera buena acogida por parte de un público con ganas de disfrutar tras meses de confinamiento, el sector ha visto reducido drásticamente su volumen de trabajo conforme se imponían nuevas restricciones ante la evolución de la pandemia; una situación que se ha agravado estos días con la obligación de cerrar a las 20.00. "Desde julio, no hemos levantado cabeza. El 90% de las pocas reservas que tenía para mitad de octubre se cancelaron porque los clientes no podían entrar en la ciudad. Mucha gente viene de barrios rurales", señala Beatriz Sobrevía, gerente de Clue Hunter en Zaragoza.

En la actualidad, en la capital aragonesa hay alrededor de 15 'escape rooms', que emplean de forma directa a unas 75 personas, según fuentes del sector. La covid les ha llevado en muchos casos a reducir plantilla o aplicar ERTE. Por ejemplo, si antes de la crisis sanitaria en Clue Hunter (con cinco juegos) trabajaban siete personas, ahora lo hacen tres. "El trabajo se ha reducido en un 80% y hemos cerrado los trimestres en negativo. La caída ha  sido muy fuerte. El sector está muy tocado; está siendo muy complicado salir adelante", asegura su propietaria.

Para Beatriz Sobrevía, al frente del negocio desde 2016, los tres años siguientes a la apertura fueron "muy buenos" en contraste con la realidad y un futuro que se presenta incierto. "Para el sector, la mejor época es la que va desde las Fiestas del Pilar hasta primavera: con los puentes de noviembre y diciembre, las Navidades... Los últimos cuatro años, tenía un juego especial de Halloween que duraba un mes. Ahora el futuro se presenta muy regular; intento ser positiva, pero creo que va a seguir igual", se lamenta, al tiempo que hace hincapié en las nuevas restricciones y la reducción de aforo.

De entrada, tener que cerrar a las 20.00 le supone una gran pérdida de clientes porque son tres sesiones menos al día, "las de más afluencia". Beatriz se da de margen hasta final de año para ver qué hace con el negocio. "Si en junio me imagino que esta situación se iba a alargar tanto, no hago la reapertura. Hicimos una ampliación de local y esa inversión no se ha amortizado. No hay manera de levantarse y si nos obligaran a cerrar de nuevo, no volveríamos a levantar la persiana. Es muy triste", reconoce.

"Si en junio me imagino que esta situación se iba a alargar tanto, no hago la reapertura"

Cierre de un local

Por su parte, Javier Arenas, gerente de Room 60, cerró uno de sus dos locales tras la irrupción del virus. "Fue definitivo. Mucho trabajo para el resultado financiero", explica. Ahora, dirige la otra sala, en la calle de Luis del Valle, con cuatro trabajadores (2 de ellos en ERTE desde marzo) y que incluye también juegos de realidad virtual ("vemos que hay un auge derivado de esta situación, ya que no te exige un contacto directo", dice).

Javier Arenas, gerente de Room 60.
Javier Arenas, gerente de Room 60.
J. A.

En enero, se cumplirán 5 años desde que abrió un negocio que ha ido "in crescendo" hasta la covid. Tal y como reconoce, su volumen de trabajo ha caído un 75% respecto al año anterior. "El coronavirus es un varapalo bastante grande y genera mucha incertidumbre. Estamos aguantando como cualquier negocio que se dedica al público. Todos han reducido plantilla o han aplicado ERTE", resalta.

"El coronavirus es un varapalo bastante grande. Estamos aguantando como cualquier negocio que se dedica al público"

En su caso, la caída de clientes la achaca tanto a las restricciones como al retraimiento del público a la hora de hacer actividades de ocio fuera del hogar. En este punto, al igual que todo el sector, Arenas destaca las medidas que han tomado para ofrecer "un ocio seguro". Estas pasan por que todo el mundo vaya en todo momento con mascarilla, que haya un grupo por sesión con un máximo de 6 personas, la ampliación de horario entre sesiones para la desinfección de las salas, gel hidroalcohólico antes de comenzar el juego y al finalizarlo o una ventilación continua, entre otras. "Ningún grupo coincide y están vigilados en todo momento. Se aprovechan las cámaras para comprobar que se cumplen todas las normas. En ningún 'escape rooms' de Zaragoza ha habido ningún caso de coronavirus", afirma.

El sector en la Comunidad lanzó la iniciativa 'Saldrás' con el objtetivo de transmitir un mensaje de tranquilidad a sus clientes para que continúen disfrutando de este ocio cultural "con todas las medidas de seguridad".

Coco Room, presente en 11 ciudades

Mientras, Diego Marcos y Aldo Sorrosal son socios de Coco Room, presente en 11 ciudades españolas y con 3 locales en Zaragoza (con 11 juegos). "Somos la franquicia más grande de España en salas de escape", subraya Marcos, que recuerda que hace un par de semanas abrió la sala de la calle de Antonio Cánovas con el juego 'La caída de Troya'.

Diego Marcos, derecha, junto a su socio Aldo Sorrosal, de Coco Room.
Diego Marcos, derecha, junto a su socio Aldo Sorrosal, de Coco Room.
Coco Room

En su caso, el negocio ha bajado en estos meses en torno a un 40-65% y de los 15 trabajadores con los que cuentan en la capital aragonesa, diez están en ERTE. Ante la situación que atraviesan estos negocios, el futuro lo ven con "incertidumbre" y consideran que lo que más les penaliza es el pago del alquiler de los locales. "Cumpleaños infantiles, empresas y despedidas de solteros son varias de las patas del negocio que se han caído. Lo que más vienen son grupos de amigos. La covid se ha notado mucho y el sector lo está pasando mal", indica también Marcos, quien avisa de que en Zaragoza ya han cerrado dos salas y en otras ciudades "muchísimas".

Esta semana, con la obligación de cerrar a las 20.00, han tenido que devolver las fianzas de las reservas con las que contaban. "Suponen dos sesiones menos, las de más afluencia de público. La última es a las 18.30. Sigues abierto, pero la situación tiene mala pinta".

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