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Cuando ir a clase es toda una suerte

Los alumnos de la Universidad de Zaragoza que todavía reciben clases de forma presencial esperan no tener que pasarse al método ‘online’ y creen que las aulas son seguras

Un grupo de estudiantes sale de la Facultad de Ciencias, ayer.
Un grupo de estudiantes sale de la Facultad de Ciencias, ayer.
Guillermo Mestre

Es mediodía y en el campus universitario de San Francisco abunda el silencio. Solo lo rompen algún que otro puñado de personas que, mascarilla mediante, charlan entre clase y clase. Un panorama muy distinto al que había ocho meses atrás, antes de que el coronavirus pusiera del revés la vida de los estudiantes. Las lecciones siguen su curso, pero son muchos los que contemplan las explicaciones de los profesores a través de una pantalla. Quienes todavía continúan acudiendo diariamente a la facultad valoran su suerte y esperan que la evolución de la pandemia no les obligue a marchar de nuevo a casa.

Lara Buxeda es estudiante de primero de Filosofía y ayer, como cada día desde que comenzó el grado, estaba en el campus. Cree que si el Gobierno de Aragón toma la decisión de suspender toda la actividad presencial en la Universidad de Zaragoza –como ya están haciendo otras comunidades autónomas– sería "mucho peor". "No aprendería nada", lamentó. Tanto ella como su compañera María Used decían estar "contentas" y confiaban en que las medidas de seguridad ante la covid-19 son suficientes y adecuadas. "Está genial. Hay gel hidroalcohólico y distancia de seguridad ­–explicaba Buxeda–. Somos casi 70 pero la clase es muy grande".

Por ahora, cada facultad ha marcado sus normas. Por eso hay algunos estudiantes que van a clase todos los días y otros, de grados como Marketing o Ingeniería, que nunca pisan las aulas. También los hay que están en el término medio. Es el caso de Rubén Muñoz, que cursa el último año de Física en la Facultad de Ciencias –la que más estudiantes aglutinaba ayer a sus puertas–. "Atender en casa es más complicado, pero también se ahorra tiempo en ir y venir", valoraba el joven, que apuntaba que todavía quedan aspectos por mejorar en la educación 'online'. "Según el profesor hay veces no se escucha bien, que el micrófono no va o que no se ve bien la pizarra", resumía. Al lado de Muñoz, Hugo Pérez, estudiante del máster de Física y Tecnologías Físicas que se imparte siempre de forma presencial, remataba: "Las aulas no están preparadas".

El verdadero peligro

Los jóvenes están en el punto de mira de las administraciones públicas por ser quienes aglutinan el mayor numero de positivos de coronavirus de la segunda ola. "Claro que hay gente que está haciendo las cosas mal, aunque es algo que pasa en todas las edades", relataba poco después, apuntes en mano, una estudiante de Administración y Dirección y Dirección de Empresas.

Frente a su facultad, aseguraba que no se debe criminalizar a la juventud pero "ni mucho menos" al colectivo estudiantil, porque considera que no es en este ámbito donde está el "verdadero peligro" de contagio. "Donde faltan mascarillas y no se respetan distancias es en las fiestas privadas con alcohol de por medio", añadía otra joven, que prefirió no dar su nombre. "Creo que el problema no está en ir o no a clase, aquí todo el mundo sigue las normas", sentenciaba.

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