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Zaragoza

día del pilar 

Cuando el motor de las fiestas populares por fin se encendió

Las peñas fueron decisivas para que las Fiestas de Pilar sean lo que son hoy en día y cuenten con una programación variada de la que disfrutan todos los zaragozanos  

Recursos casinos, bingos, apuestas / 27-08-2016 / Foto: GUILLERMO MESTRE
Jorge, Luisa, Luis y Miguel Ángel, en la peña El Brabán, la más antigua de Zaragoza.
Francisco Jiménez

Hace poco más de cuarenta años, las fiestas patronales de la capital aragonesa eran cosa solo de un puñado de privilegiados que asistían a eventos muy formales y estrictamente restringidos. Mucho ha llovido desde entonces, y ahora parece impensable que –siempre que una pandemia mundial no lo impida– las Fiestas de Pilar no llenen las calles a rebosar de miles de ciudadanos, grandes, pequeños y medianos, del Actur, Las Fuentes o Las Delicias (por citar solo algunos barrios) dispuestos a celebrar, bailar y divertirse hasta que el cuerpo aguante. A las peñas es a quien hay que agradecérselo porque fueron las que levantaron los cimientos de la programación popular y variada de la que hoy disfrutan todos los zaragozanos.

El germen se fraguó en 1977 y solo hizo falta (aunque visto lo que supuso, no es poco) un grupo de vecinos de Torrero y San José acompañados del sonido de un bombo, una marcha reivindicativa y un bocadillo de tortilla que decidieron ir a comerse a las puertas de la Lonja, donde justo se estaba produciendo la elegante cena de gala que se hacía cada año la víspera del Pilar. La Policía los desalojó al poco rato, pero esta acción marcó un antes y un después. Unos meses después nació la peña El Brabán, y hoy ya son 25 diseminadas por toda la ciudad y que aglutinan a más de 14.000 zaragozanos.

"Antes no había absolutamente nada que tuviera que ver con las fiestas populares", cuenta Miguel Ángel Pintado, el actual presidente de El Brabán que cuenta con 31 años a sus espaldas como miembro de la peña. Según asegura, tras esta singular protesta "todo el mundo empezó a ver que la ciudadanía tenía que formar parte de las fiestas".

En solo una semana, tal y como atestiguó HERALDO, El Brabán pasó de estar formado por un pequeño grupo de amigos a contar entre sus filas con nada menos que 400 socios. El día del Pilar de hace 42 años explicaron a este periódico que lo que querían era "abrir el surco a una nueva dimensión de las fiestas". Y lo consiguieron. Ese mismo día todos sus miembros recorrieron las calles de la ciudad acompañados de una charanga para después hacer un "baile por todo lo alto" en la discoteca Liverpool.

"Los que comenzaron en El Brabán eran de asociaciones culturales, de comités, de barrios, de agrupaciones cristianas... Era un popurrí de personas muy diversas pero todas unidas para lo mismo", enfatiza Pintado. "Sobre todo, nos une un sentimiento de pertenencia que cala muy hondo. Tenemos gente de 60 y de 20 años porque las cuadrillas están a gusto. Es otra movida", resume. La peña cuenta ahora con 500 socios, pero llegó a tener cerca de mil más.

Desde su fundación, los peñistas, con su inconfundible indumentaria y un ánimo que parece incombustible, han formado parte imprescindible del paisaje de las Fiestas del Pilar. No se recuerda –y es bastante difícil de imaginar– un concierto, un desfile, una verbena o cualquier otro acto festivo en el que no hayan estado presentes.

Todas las fiestas tienen algo especial

Aunque el camino no ha sido del todo sencillo (con la pérdida de algunos recintos o la escisión en dos de Interpeñas y la creación de la Unión Peñista), a todos, veteranos y nuevos socios, les une el orgullo por pertenecer a su peña y a su barrio y su especial forma de vivir los festejos. Es difícil para un peñista decantarse por un único momento de las fiestas. Cada año las disfrutan de forma intensa pero también diferente y "todas tienen algo especial". Eso es al menos lo que opina Eva Cerdán, presidenta de la Federación Interpeñas. Cada edición destaca por una anécdota o experiencia concreta que se graba a fuego en la memoria de algún zaragozano. "Últimamente, lo que nos viene a la mente son los inicios en el recinto de Miguel Servet", rememora Cerdán, que apunta que aquel espacio era el que se empleaba entre finales de los años 80 y comienzos de los 90.

Concretamente, la entidad que preside se fundó en 1984 de la mano de las peñas Adebán, El Bullizio d’Aragones, El Almuerzo y Vaquillera. Desde entonces, cuenta, durante las fiestas han sido casa de multitud de diferentes artistas. "Muchos estaban justo empezando, como Melendi, que lo trajimos poco después de que sacara su primer disco, y con el tiempo se hicieron mucho más conocidos", resume Cerdán. Sobre todo, para ellos, el gran logro de las peñas ha sido "llevar la fiesta a los barrios", hacer que se puedan disfrutar de una u otra forma en casi cualquier zona de la ciudad y organizar actos para personas de diferentes edades. "También fueron las primeras que idearon el tema de las vaquillas para el Pilar", añade.

Un estreno muy emocionante

La Unión Peñista no acumula tras de sí tantos años de recorrido, pero cuenta entre sus filas con buena parte de los miembros más antiguos. Sin ir más lejos, El Brabán. El presidente de la asociación, Jorge Gracia, destaca como el momento más memorable su primer pregón, que volvió a celebrarse en la plaza de Santa Engracia. "El primer año fue importantísimo. Pusimos mucha fuerza y ánimo para que todo saliera bien –cuenta–. El primer pregón fue impresionante, con toda la plaza gritando el nombre de las peñas".

Esa emoción que Gracia recuerda de aquel día sigue presente pese a que la pandemia del coronavirus haya impedido celebrar las fiestas. "La gente entiende que es algo pasajero y estamos manteniendo el número de socios. Los peñistas sienten la Unión muy suya", apunta.

En estas circunstancias tan atípicas, los presidentes de las dos agrupaciones coinciden al definir cuál es el sentimiento que reinará hoy entre sus socios. Inevitablemente, un octubre sin fiestas se asume con "pena" pero con "mucha responsabilidad".

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