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El pulso al botellón en Zaragoza devuelve a los menores a los bares: 30 en un pub y 15 bebiendo alcohol

La madrugada del viernes la Policía apenas halló jóvenes en los parques y riberas de Zaragoza, pero abrió expedientes a varios locales de ocio.

No va a desaparecer de la noche a la mañana, pero las restricciones de movimiento que impuso la pandemia y la presión policial para ‘limpiar’ parques y riberas están haciendo que el fenómeno del botellón empiece a mutar en Zaragoza. La madrugada del viernes, los agentes denunciaron a 45 jóvenes por consumir alcohol en la vía pública. Puede parecer todavía mucho, pero en un solo bar del sector Universidad la Policía detectó un grupo de 30 menores: 15 de ellos con una cerveza o un cubata en la mano.

"Si no podemos estar en la calle y tampoco nos dejan estar aquí, al final acabaremos todos bebiendo y montando la fiesta en los pisos. Y está claro que será mucho peor, porque ahí sí que no hay control, ni distancias de seguridad", advertía ayer una chica a la puertas del bar Luces de Bohemia, en la calle de Arzobispo Apaolaza. El reloj estaba descontando ya minutos al sábado y un grupo de uniformados de la Unidad de Apoyo Operativo (UAPO) y la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) del Cuerpo Nacional de Policía acababa de sacarlos del establecimiento.

"Venga, a vuestras casas, que estáis alelados", gritaba la responsable del local espantando de malas maneras a los chavales a los que alegremente servía alcohol minutos antes. "Tranquila, tranquila", le respondía educadamente una chica que intentaba volver a entrar para recuperar su chaqueta. "De tranquila nada, ¿cómo voy a estar tranquila?", replicaba la señora, consciente de la sanción que se cierne sobre el bar. Porque los agentes comprobaron que cumplía con el horario y los límites de aforo, pero además de dar de beber a tanto menor, los camareros atendían a un cliente en la barra y las mesas no estaban suficientemente separadas. Tres irregularidades que podrían costarle no solo dinero sino incluso un cierre temporal.

La Zona y Universidad, llenos

Con el apoyo de la Unidad Adscrita, que tiene la competencia sancionadora en materia de menores, Policía Local y Nacional llevan ya varios fines de semana peinando las zonas sensibles de la ciudad. En pleno retroceso a fase 2 e inmersos en este atípico puente festivo del Pilar, sus agentes se desplegaban este viernes por el entorno del campus universitario de San Francisco y de Pedro María Ric (La Zona). Previamente, habían estado batiendo los polígonos industriales de Cuarte y el eje de la N-330, donde parece que podrían haberse alquilado naves para celebrar ‘fiestas covid’.

"Con estas restricciones y estos controles tan severos es imposible trabajar", se quejaba Bryan Merino poco antes de la 1.00 a las puertas del pub Tabú, en la calle de San Vicente Martir. Más de una docena de uniformados y un par de perros especializados en la detección de drogas acababan de acceder al local, que superaba los 75 clientes que ahora tiene autorizados. "La normativa está cambiado constantemente, lo que te obliga a estar siempre pendiente del último telediario. Ponemos el máximo cuidado, pero se te escapa algo y acaban multándote. Ya no sé si compensa abrir", se lamentaba el encargado. Alguno de los allí presentes se había excedido con el alcohol, lo que provocó un conato de altercado que finalmente se saldó sin detenciones. "No es fácil vigilar y poner orden en este tipo de ambientes, pero alguien tiene que hacerlo. Nos jugamos todos mucho", reconocían Isabel Soto y Juan Valentín Sánchez, portavoces de la Policía Nacional y la Local, respectivamente.

"La gente sale espantada al ver a la policía"

Los despliegues conjuntos que Policía Nacional y Local llevan a cabo estos días en Zaragoza para controlar el ocio nocturno están poniendo de los nervios a más de un hostelero. "Estos controles tan aparatosos van a ser la puntilla, porque al ver tanta policía la gente sale espantada y te deja el bar vacío", se lamentaba ayer Emilio Carrera tras recibir la inesperada visita de los UAPO y la UPR. Hace ya 30 años que abrió el bar Zagüeño en la calle de Giménez Soler, muy cerca del campus de la plaza de San Francisco. "Pero nunca había tenido que hacer tantos equilibrios para sacar adelante el negocio. Y ahora que empezábamos a ver un poco la luz, nos machacan de nuevo", confesaba.

La llegada del dispositivo policial, pasadas las once de la noche, le cogió con el establecimiento bastante lleno: con apenas huecos en la terraza o en el interior. Eso sí, respetando escrupulosamente las limitaciones de aforo establecidas por la covid-19. Tampoco hubo problemas con la licencia del local, ni con el horario ni con las distancias entre las mesas. "Todo estaba en orden», explicaba el responsable de la Policía. Los que no se libraron de la denuncia fueron los 14 clientes a los que los agentes sorprendieron sin mascarilla. Los perros de la Unidad Canina marcaron también a un joven, al que la Policía terminó levantando un acta por tenencia de drogas.

La inspección se prolongó durante casi media hora, lo que provocó un enorme revuelo en los alrededores del local y un enorme cabreo a sus dueños. «Nosotros somos los primeros que hacemos de policías. Tenemos una lucha constante con los críos para que no entren en el local. Y, aún así, es imposible evitar que alguno se te cuele. A los mayores les pides que se suban la mascarilla, pero ya se sabe... No sé que más podemos hacer", se preguntaba Emilio, algo más tranquilo, al ver marchar a los agentes. "Vamos a seguir trabajando, a ver si nos dejan", decía.

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