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Las Delicias se sacude el estigma de la covid-19

El barrio más poblado de la ciudad es uno en los que más mella ha hecho la pandemia. Los vecinos y trabajadores del distrito exigen soluciones.

En el ecuador de la tarde, Las Delicias está a medio gas, aplanada por el calor. Unos hacen tertulia en las terrazas, otros hacen las últimas compras en el  Mercado Delicias, un par de agentes de la Policía controlan el uso de la mascarilla, un equipo de televisión recoge testimonios... Avelino y María conversan en la plaza de Huesca. "Es una preocupación que llevamos por dentro. Pero hay que vivir", dicen con un gesto inquieto ante una pandemia que no se va.

El distrito sabe que está en el foco, pero se sacude el estigma. Y pide soluciones a un problema que no solo es cosa de un barrio. El coronavirus está en todo el mundo. "Este es un barrio diferente por la cantidad de población. Las Delicias tiene más población que Huesca, Alcañiz y Teruel juntos. Vivimos 31.000 personas por kilómetro cuadrado, cuando en otros barrios son 8.000. Pero hoy aquí no pasan cosas diferentes que en otras zonas", dice Isabel Antón, de la asociación de vecinos Manuel Viola.

HeraldoTV se ha acercado a Delicias para saber qué opinan sus vecinos acerca de las medidas de control que esta semana se pondrán en marcha en este barrio zaragozano, con el fin de hacer cumplir “escrupulosamente” el aislamiento

Isabel relata que los vecinos sienten "incertidumbre, angustia y cansancio" después de meses de confinamiento. Pide información "contrastada, con un lenguaje que llegue al ciudadano, unificada y que dé seguridad". Apuesta por la prevención, por un ocio alternativo al botellón y a las aglomeraciones, por la atención a la pobreza estructural y la precariedad laboral que afecta a los inmigrantes, muy implantados en el barrio. "Hay que contar con las entidades sociales, las casas de juventud, las asociaciones de migrantes, que tienen sus claves, con los centros de salud y los equipos de atención primaria. Si se les escucha, seguro que surgen soluciones", comenta.

Más presencia policial

No es fácil atacar el problema con un tejido social complejo, de gran diversidad, donde se concentra mucha población inmigrante en condiciones de precariedad y que se está desplazando a las zonas agrícolas, con gran presencia de covid. Ayer tenía que haberse iniciado el control casa por casa, para facilitar el aislamiento de los afectados. Es un trabajo que desarrollarán mediadores sociales, con el apoyo de la Policía. Al final, las primeras visitas comenzarán a finales de esta semana.

La concejal delegada de la Policía Local, Patricia Cavero, comenta que a la espera de que se concrete el operativo, este pasado fin de semana ya se reforzó la presencia de los agentes municipales en el barrio. También está actuando la Policía Nacional. Dos agentes a pie vigilan a media tarde que nadie se salte las normas tanto en las calle Delicias como en el paseo de Calanda, que está lleno de terrazas. "Tenemos instrucciones de controlar más el tema de las mascarillas. La gente cuando ve a la Policía siempre se la pone", afirman .

Muchos vecinos se quejan de que numerosos jóvenes se agrupan junto al jardín vertical de la calle Delicias o en el Castillo Palomar, sin mascarillas ni distancias de seguridad. "Esto ha pasado porque tenía que pasar. Aquí a las 10 de la noche un sábado esto está petado, es un hervidero de gente", comenta María, una trabajadora de un establecimiento de la zona. Dice que las medidas de control que plantea la DGA y el Ayuntamiento de Zaragoza le parecen bien, pero desconfía. «Es política, para que la gente vea que están haciendo algo. Aquí cuando se van los policías nacionales la gente se quita la mascarilla", asegura.

En el bar Malen, Elena Loredana vigila el cumplimiento de las normas en el local. "Algunos no cumplen, pero no servimos si no llevan mascarilla", comenta. Bogdan Pop dice que "hay mucha gente en la calle y no hacen mucho caso a lo que dicen". "Debería haber más medidas", afirma.

Mientras, en el Mercado Delicias se ha contratado a un vigilante de seguridad para que la clientela cumpla. Pero, pese al clima, no hay temor, el barrio sigue latiendo. Lo dice Isabel Naya en uno de los puestos de la lonja. "La gente está con el genio a flor de piel. Tratamos de buscar el humor. Hay que ser conscientes de lo que hay, pero sin miedo. Con miedo no se va a ningún sitio", concluye.

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