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Zaragoza

CORONAVIRUS

Mascarillas solidarias tejidas en la cárcel de Zuera

La elaboración de mascarillas surge durante el confinamiento a iniciativa de los propios internos en colaboración con la ONG Estelar.

Mascarillas confeccionadas en la cárcel de Zuera.
Mascarillas confeccionadas en la cárcel de Zuera.
Heraldo

La idea que surgió sobre la marcha, sin embargo, como suele ocurrir con este tipo de iniciativas, el resultado no podría haber sido mejor. Así lo explica Pilar Guallart, fundadora de la ONG Estelar creada hace cinco años con el objetivo de humanizar el paso de los niños prematuros por las UCIs zaragozanas. “La colaboración con los internos de la cárcel de Zuera comenzó hace tiempo, ya que tejen arrullos para nuestros kits de duelo de forma habitual”, relata Guallart.

Normalmente ella compra los materiales y los hace llegar hasta el centro penitenciario y ellos le devuelven el producto final. Sin embargo, hace unas semanas le llegó una carta a través de la educadora a cargo del taller de confección, Pilar Ramón, que no se lo esperaba. “Me contaban que se les había ocurrido una idea para reutilizar los restos de los últimos arrullos y que estaban muy contentos de poder ayudar porque se sienten realmente felices cuando desde fuera aprecian su trabajo”, afirma. La carta iba acompañada con una fotografía de una mascarilla con el logo de Estelar.

Así fue cómo los internos del módulo 11 que forman parte del taller de costura capitaneado por Eduardo, comenzaron a coser estas mascarillas solidarias. “Hasta la fecha nos han entregado un centenar de estas mascarillas en modelo adulto y niño”, añade Guallart, que asegura que se han convertido en una parte muy importante del equipo de trabajo de Estelar, que ha estado formado por más de 300 costureras de varios puntos de la provincia de Zaragoza desde el pasado mes de marzo.

Cosiendo en el taller.
Cosiendo en el taller.
Heraldo

“Nos unimos varias asociaciones y entidades, y juntos hemos hecho llegar mascarillas a más de 600 familias, muchas de ellas con algún familiar enfermo o con problemas de recursos”, asegura la fundadora de Estelar. Una labor que también ha llegado a todos los hospitales zaragozanos que han necesitado estos materiales.

Guallart recuerda a la perfección la primera vez que pisó la prisión para dar una charla a un grupo de internos de la cárcel de Zuera. Un encuentro que tuvo lugar el 10 de agosto de 2016 y al que acudieron un total de 75 presos y 10 funcionarios. La zaragozana la describe como “una de las experiencias más emocionantes e intensas de mi vida” así como la charla más impactante que ha dado: “Nos dimos cuenta de lo que viven realmente. No son simplemente presos, fuera tienen sus vidas. Muchos son padres, madres, abuelos… enseguida se volcaron con nuestra causa. No tengo palabras para agradecer lo que hacen”.

Por su parte desde el centro aseguran que es una actividad verdaderamente enriquecedora y que ha crecido mucho en los últimos años. Tanto que recientemente se ha ampliado la zona de taller. “Comenzó con un interno que casi casi está haciendo escuela y hacen de todo, neceseres, bolsos… productos que luego pueden vender en el mercadillo de prisión”, explica María José Aranda, subdirectora de Tratamiento de la cárcel de Zuera.

“Cuando comenzaron los problemas de desabastecimiento y nos propusieron ponerse a hacer mascarillas nos pareció una buenísima idea”, destaca la subdirectora, que asegura que cuando pasan a ver su trabajo lo muestran verdaderamente orgullosos. “Además, todo el dinero que consiguen con su trabajo se reinvierte en el propio módulo de forma que siempre se convierte en algún beneficio para ellos”, añade.

La importancia de sentirse útiles

El de costura se une a otros talleres ocupacionales de carpintería, pintura o cerámica que también gozan de un gran éxito entre la población penitenciaria. “Todo este tipo de labores manipulativas y creativas les van muy bien porque están entretenidos y despierta en ellos un sentimiento de utilidad muy importante”, asegura Aranda que, como hacía Guallart, destaca el sentimiento de utilidad. “Se sienten verdaderamente útiles de poder colaborar con la sociedad y, sobre todo, con un colectivo tan vulnerable como los bebés prematuros. Para ellos es muy importante”, añade.

Pilar Ramón, educadora y Pilar Guallart, presidenta de Estelar.
Pilar Ramón, educadora y Pilar Guallart, presidenta de Estelar.
Heraldo

Además, este tipo de actividades les ha ayudado mucho a la hora de mantener la mente ocupada durante los meses de pandemia. “Sobre todo al principio se vivió una situación muy estresante pues para ellos era un doble confinamiento de repente”, afirma Aranda. Durante las primeras fases se tomó la determinación de cerrar todo tipo de comunicación con el exterior, tanto familias como ONGs, para evitar que hubiese un contagio dentro de la cárcel en la que actualmente permanecen en torno a 1.300 presos.

También se ha dado un antes y un después en la vida dentro de la cárcel donde la introducción de las nuevas tecnologías también ha supuesto un gran avance. “Poco a poco fuimos dando permisos, aunque también ha sido de gran ayuda introducir las videollamadas, un formato que posiblemente haya venido para quedarse”, concluye. 

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