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La Colegiata de Santa María de Calatayud prevé reabrir en 2022 tras 10 años cerrada

En los próximos meses se invertirán 2,3 millones de euros para recuperar la luminosidad del templo.

La segunda fase de obras de restauración de la Colegiata de Santa María la Mayor de Calatayud arrancó a principios de julio y prevé estar acabada dentro de 22 meses, para 2022. Hasta entonces se van a desarrollar unas labores que ejecuta la empresa Edhinor y que suponen una inversión superior a los 2,3 millones de euros, de financiados al 73% por el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana y el resto por el Ayuntamiento bilbilitano. El templo se cerró en agosto de 2010 tras unos desprendimientos, por lo que su reapertura llegaría 12 años después.

"Vamos a intentar recuperar su atmosfera luminosa. Lo haremos con tonos claros en las paredes y recuperando la forma y tamaño de los vanos de iluminación que con el tiempo y reformas discutibles se achicaron o tapiaron ", apuntaba Fernando Alegre, arquitecto responsable del plan director del edificio. Además, se actuará en las portadas barrocas de las capillas, se colocará nuevo pavimento, iluminación y calefacción. "La luz llamará la atención", hacía hincapié Alegre, y puntualizaba que el plazo de la intervención oscilará entre los 20 y 22 meses teniendo en cuenta la envergadura del proyecto.

A todo ello se añadirán unos trabajos de saneado y desalado del tercio inferior de todos sus muros para combatir las humedades que afectan al inmueble desde hace década. "Las humedades ascendentes son un problema grave. La electroósmosis que se aplicó hace 10 años ha tenido un efecto positivo pero hay zonas concretas en las que no nos está satisfaciendo", reconocía el responsable del proyecto. Con vistas al futuro, Alegre subraya que para un mantenimiento correcto de la colegiata es prioritario un mantenimiento de sus cubiertas.

"Es vital, porque los daños de una cubierta mal mantenida crecen de forma exponencial desde que se desatan y tienen malas consecuencias y muy cara enmienda", puntualizaba. Para ello se acabará de crear un sistema de acceso a las cubiertas para facilitar dichos trabajos. Por su parte, los atirantados que unen las columnas centrales por su parte superior desde las primeras intervenciones serán visibles al público: "Sin ellos no podríamos garantizar la estabilidad del conjunto", apuntaba.

Desde el Ministerio, el secretario general de Agenda Urbana y Vivienda, David Lucas, valoraba estos trabajos como "necesarios", dado que "afectan a la estructura y si no se hubiera actuado, hubiera podido colapsar". Así, destacaba la colaboración con el Ayuntamiento y el Obispado de Tarazona ya desde las dos fases anteriores y dejaba la puerta abierta a seguir interviniendo en el tiempo: "Es nuestro compromiso y predisposición para que se convierta en un referente del mudéjar no solo en Calatayud sino un ejemplo en toda España".

Para el alcalde de la ciudad, José Manuel Aranda, se trata de "una obra muy esperada" y que calificaba de "logro", agradeciendo la intervención del Ministerio. "Es algo necesario y de mucha importancia para revitalizar el turismo y que extrapolo con la Catedral de Tarazona", incidía. El Consistorio asume también 120.000 euros de la dirección facultativa, 92.674€ correspondientes a la exención del 85% de las licencias y 59.400 euros de la redacción del proyecto. Por su parte, el obispo de Tarazona, Eusebio Hernández, tildaba de "patrimonio extraordinario" al templo y le confería un valor como "centro espiritual, pero también motivo para el turismo".

A los 2,3 millones de euros actuales, se suman la restauración de su cúpula, la sacristía y el ábside. Con vistas al futuro, también se está definiendo otro proyecto para restaurar sus claustros, sede actual del museo, que cuenta con ayuda del Ministerio de Cultura y para materializarlo se realizará una solicitud al Plan de Diputación de Zaragoza.

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