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El centro se queda sin jornada de convivencia pero conserva demandas que ya son históricas

Desde hace 15 años, la Asociación de Vecinos Puerta del Carmen celebra esta cita en la que reclaman más equipamientos para el distrito y poner fin al ruido que genera el ocio nocturno.

Colegio Jesús y María.
Colegio Jesús y María.
AVV Puerta del Carmen

En circunstancias normales, la Asociación de Vecinos Puerta del Carmen estaría ultimando los detalles para la celebración de su ya tradicional jornada de convivencia. Una cita al aire libre, en plena Gran Vía de Zaragoza, en la que de forma lúdica, los vecinos del centro exponen sus reivindicaciones desde hace más de una década.

Este año, la jornada de convivencia que solía tener lugar a principios del mes de junio no podrá celebrarse, aunque el colectivo vecinal quiere seguir dando voz a sus demandas, algunas de ellas históricas. “La previsión es dejarlas ya para el año que viene por estas mismas fechas. Como pronto se podrían celebrar para septiembre u octubre, es mejor dejarlas para 2021”, señala Carlos Terrer, responsable de urbanismo de la asociación.

Esta cita se celebra desde hace 15 años de manera ininterrumpida, aunque para disgusto de sus impulsores, las reivindicaciones apenas han variado desde la primera edición. “Desgraciadamente no ha cambiado nada”, lamenta Terrer en relación a uno de los asuntos en los que más ha trabajado el colectivo: la reconversión del antiguo colegio de Jesús y María para que, además de viviendas pueda albergar un centro cívico. “Tenemos dos centros de mayores, el de Laín Entralgo y el de la plaza Mariano Arregui, pero están saturados”, comenta el portavoz.

Los vecinos de la zona llevan cerca de dos décadas intentando que el espacio que ocupa el antiguo colegio -alrededor de 10.000 metros cuadrados- pueda convertirse en un equipamiento público para el disfrute de toda la ciudadanía. Se trata de un asunto que la asociación lleva planteando desde que el colegio se clausuró hace veinte años, aunque nunca ha llegado a buen puerto. Los terrenos que ocupa el edificio abandonado, ahora propiedad de una promotora, están calificados en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) como suelo privado destinado a equipamientos.

Sin embargo, la intención de los propietarios pasaba por construir viviendas y ceder parte del terreno para ubicar allí un equipamiento para el barrio, aunque para ello era necesaria la recalificación del suelo. El expediente, realizado ya en el año 2008 no se sometió a consulta hasta 2016, cuando fue denegado por la Gerencia de Urbanismo. Desde entonces, el edificio continúa abandonado a la espera de una solución que no llega. “Esos terrenos llevan muertos de risa veinte años. Vienen a limpiarlos periódicamente, pero hay palomas, ratas y acumulan mucha suciedad”, afirma Terrer.

Fuentes municipales consultadas a este respecto aseguran ser conscientes “de que es una reivindicación vecinal que viene de años atrás” y que es un tema al que “hay que dar solución”. No obstante, advierten de que no será ni fácil ni rápida, sino “de largo recorrido” y con el consenso entre propietarios, vecinos y fuerzas políticas como requisito indispensable. “Desde el equipo de gobierno hay ganas de buscar esa solución y aportarla”, apuntan desde el Ayuntamiento de Zaragoza.

En este sentido, la asociación afirma que pronto solicitarán una reunión con el consistorio para exponer sus reivindicaciones. “Ni nos planteamos rendirnos. No nos queda otra opción”, añaden.

Desde hace un tiempo, los vecinos también demandan una solución para los perjuicios que provoca el ocio nocturno en algunas zonas del distrito, especialmente debido al ruido y la suciedad. Es algo que, evidentemente, no sufren en estos momentos en los que la actividad todavía está limitada, pero temen que en cuanto los locales reabran vuelvan los problemas. “Ahora podemos descansar, pero no sabemos hasta cuando. Las calles de Doctor Cerrada, Fita o Ricla son un tanto problemáticas”, cuenta Terrer.

El colectivo continuará trabajando en estos asuntos cuando la actividad vecinal vuelta a la normalidad. La Junta del Distrito Centro celebró la semana pasada el primer pleno desde que se decretó el estado de alarma, aunque únicamente sirvió “como toma de contacto”. En estos momentos, la labor de la entidad se centra en colaborar con la compra de alimentos para el Refugio y artículos de primera necesidad para AMASOL (Asociación de Madres Solas).

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