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Zaragoza

atrapados en el extranjero

El emotivo reencuentro de una madre y su hija en Zaragoza, tras volver de Ecuador: "Te quiero, aunque no te pueda abrazar"

Ruth Merizalde llegó este miércoles a la capital aragonesa, tras coger un vuelo comercial de Quito a Madrid. En la Estación Delicias le esperaban emocionados su marido y su hija, que hizo este cartel para recibirla.

La zaragozana Ruth Merizalde, que viajó con sus hermanos el pasado mes de marzo a Ecuador para despedir a su padre, enfermo de alzhéimer, ha logrado volver a la capital aragonesa en un vuelo comercial que salió de Quito este jueves, 14 de mayo. "Ha sido una odisea, pero ya está aquí. No la hemos abrazado ni besado… pero al menos la tenemos de vuelta", contaba emocionado su marido, Carlos Santos.

Él y su hija, de siete años, fueron a recogerla este jueves por la tarde a la Estación Delicias de Zaragoza. A su llegada no hubo besos ni abrazos de bienvenida, pero bastó un cartel con un dibujo de su pequeña Yaiza para que Ruth rompiera a llorar en una mezcla de "ilusión e impotencia" por no poder tocar a los suyos. "Al bajar del tren yo me quedé la última, iba subiendo las escaleras mecánicas con mis hermanos delante y no veía nada. Cuando ya subo al final del todo y veo a mi hija esperándome con mi marido y los dos carteles, y yo sin poder abrazarla… sentí una impotencia tremenda, se me iban las lágrimas. Quería cogerla, abrazarla... pero simplemente la veía. Aún ahora estoy con ese sentimiento aquí en casa, pero esperaré 14 días", señala. 

El reencuentro en Zaragoza de una niña y su madre, tras volver de Ecuador
El reencuentro en Zaragoza de una niña y su madre, tras volver de Ecuador
Carlos Santos

A Ruth y sus hermanos les toca pasar ahora en Zaragoza una cuarentena de 14 días aislados en sus respectivas viviendas. Lo harán de forma "voluntaria", como muchos otros aragoneses que han sido repatriados de otros países donde han podido, sin saberlo, estar en contacto con el virus. La fecha que establece el BOE para esta medida es a partir del 15 de mayo. "Ellos volvieron el 14, pero van a hacer la cuarentena voluntariamente aquí en el domicilio. Ahora la tenemos aislada en un cuarto aparte con baño aparte. Creemos que es lo coherente”, explica su marido.

También Ruth y sus hermanos se muestran convencidos de que deben pasar este periodo aislados, aunque nadie les haya informado de ello a su llegada al aeropuerto de Madrid-Barajas. "Al llegar a Madrid, como era la 1.30, no podíamos salir y pasamos la noche en el aeropuerto, en la sala donde nos dejaron, porque no estaba todo habilitado", indica.

"Al llegar al aeropuerto no nos tomaron la temperatura ni nada. Solo recordaban mantener las distancias de seguridad"

A las 6.15 de este jueves, Ruth y sus hermanos pudieron coger el cercanías que lleva a Atocha y una vez allí esperaron hasta las 9.30 para coger el AVE con destino a Zaragoza. "Recuerdo que se acercó la policía, nos preguntó cuál era el motivo del viaje y poco más... Nos reubicaron, pero ni nos tomaron la temperatura ni nada. Simplemente te recordaban que había que mantener los dos metros de distancia, aunque no había asientos para sentarse ni nada", asegura esta aragonesa.

"El avión que nos trajo de Quito a Madrid iba prácticamente lleno"

Su vuelo de vuelta también fue controvertido en lo que a medidas de seguridad respecta. Y la odisea que tuvieron que vivir para salir del país deja algunos flecos sueltos. Según relatan, el avión que les trajo de vuelta iba "prácticamente lleno", a pesar de las circunstancias y de las medidas de distanciamiento anunciadas por los respectivos gobiernos para evitar el contagio del coronavirus. "En el aeropuerto de Quito había muchísima gente. Yo tenía la expectativa de que solo iríamos unos cuantos (los 135 del grupo); nunca pensé que estaría tan lleno", confiesa. 

La espera en el aeropuerto de Ecuador no se retrasó mucho para esta familia. Cuentan que al llegar allí les dirigieron a todos por un solo sitio y hasta llegar a la sala de espera "todo fue bien" en Quito. El problema -puntualizan- se dio a la hora de embarcar. "Cuando lo anunciaron fueron llamando por fases (A, B y C), y ahí sí se montó el revuelo. La gente quería ponerse en la fila, rozándose unos con otros… había animales y perritos también que viajaban y fue un poco caos ese rato", cuenta Ruth, que logró hace unas semanas comprar un billete de vuelta para volar con Avianca de Quito a Madrid, en el avión comercial que les trajo de regreso este jueves, 14 de mayo. 

Ella y sus hermanos tienen la tranquilidad de que volaron los cuatro convivientes juntos, prácticamente en la misma fila de asientos. "Pero la verdad -subraya ella- es que no se cumplieron las medidas. Estábamos todos bastante pegados. Delante y detrás nuestro iban todos como si no hubiera pasado nada. Durante el viaje la atención se limitó a un bocadillo al subir y otro una hora antes de bajar, más zumo y agua. Las pantallas no funcionaban y tampoco había mantitas. Supongo que por seguridad", añade esta aragonesa, que se muestra muy contenta de estar por fin de vuelta. 

"Al menos ahora hablamos, estoy con mi hija a distancia aquí en casa, pero me puedo mover con mascarilla y los guantes. He llamado también al médico para comunicarle que he estado de viaje y tendré cita para el lunes por la tarde", precisa. 

Atrás quedan dos meses lejos de casa, en circunstancias "muy tristes" para la familia, pero una vez en Zaragoza asegura que la tranquilidad es absoluta después de la incertidumbre y los momentos de angustia que han vivido en este viaje alterado por la pandemia

"Hasta llegar aquí ha sido todo muy incómodo, pero a mí me compensa el estar en casa. Lo único que quería era llegar... y ahora ya poco a poco", dice con una sonrisa. 

Cuando pase todo, Ruth y su marido tienen ganas de juntarse con el resto de la familia y tomar una paella fuera de casa, en Zaragoza. Quieren ver a los abuelos, pero saben que ahora lo importante es pasar esta cuarentena aislados y esperar a que este confinamiento no se alargue por más tiempo. "La cuarentena es totalmente voluntaria -resaltan-. Yo hago este sacrificio por precaución y por coherencia también con lo que pudiera pasar. Ahora mismo me encuentro bien, no tengo síntomas ni me duele nada. Si lo he cogido ha tenido que ser durante el viaje, porque en mi casa de Puerto Quito apenas salíamos y el pueblo en sí no está contagiado", indica esta zaragozana.

Su cuarentena en Ecuador

En su país natal las cosas fueron muy diferentes para Ruth y sus hermanos. Según informan, las autoridades de Ecuador se tomaron muy en serio la llegada de españoles a los municipios y durante su estancia en Puerto Quito estuvieron "bastante" controlados por la policía. "Allá tenías a la policía por la mañana y por la tarde. Llegó a estar una patrulla en nuestra casa y era bastante incómodo, sobre todo con los vecinos, en un pueblo pequeño que se comenta todo", aclara. 

Ruth y sus hermanos, que llevan más de 20 años en Zaragoza, viajaron a Ecuador para cuidar de su padre en sus últimos días de vida. Ahora tienen también la tranquilidad de haberlo despedido, aunque no ocultan que las circunstancias para ello fueron duras. "Muchos vecinos se pensaban que teníamos el virus, y hasta que no vino el médico y lo certificó, la gente no se calmó. Ese día lo llevamos bastante mal. Mi padre murió y lo llegué a ver con vida 10 días. En ese tiempo estuve muy pendiente de él, pero la policía nos llamaba hasta a las once y las doce de la noche", afirma. 

Según explica su marido, gracias a un contacto que tenía un hermano suyo en la policía, al final les dejaron salir del pueblo para llegar hasta el aeropuerto de Quito, donde cogieron su vuelo de regreso a España. "Tuvieron suerte, porque toda la cuarentena que vivieron allí los tenían acribillados a visitas. No todo el mundo ha podido salir del país", apostilla. 

"Conseguimos un vuelo por 800 dólares, pero hay gente que no ha podido volver por dinero"

Carlos, por su parte, sigue en contacto con otros españoles del grupo que no han tenido la misma suerte. Mientras muchos de ellos esperan noticias de la embajada, este aragonés anuncia que quiere seguir moviéndose para facilitar el regreso de aquellas personas que a causa de la pandemia se han quedado varadas y sin posibilidades económicas. "Nosotros conseguimos un vuelo por 800 dólares (unos 700 euros al cambio), pero hay gente que no ha podido volar porque no tenía dinero para el billete. Conozco historias de otras familias que están pasando dificultades allí. Tienen su vuelo cancelado y llevan dos y tres meses gastando dinero para comer y para la estancia, porque la embajada por ahora no les ha ayudado. Les ha facilitado una web para que se pongan en contacto y poder hospedarlos, pero solo eso. No hay ayudas económicas", lamenta este zaragozano, agradecido por el "altavoz" que le han dado los medios y la ayuda del consulado ecuatoriano. Cuenta que ahora apenas salen aviones de allí, que había otro vuelo autorizado por la embajada para el 15 de mayo, pero el precio del billete de vuelta no baja de 1.200 dólares. "Al ver mermada su capacidad, entiendo que suban el precio, pero si el avión va lleno, no lo entiendo. Ni un 14 de agosto había costado tanto la vuelta", asegura Carlos. 

Avianca, la compañía con la que volaron de Quito a Madrid, decretó la quiebra días antes de hacer este viaje. Creen que para evitar el embargo de aviones. "Este vuelo empezó porque la embajada ecuatoriana en Barcelona pedía autorizar el trayecto de Madrid-Quito del 14 de mayo. Empezaron a ponerse en contacto para traer españoles y gracias a eso tengo a Ruth de vuelta", dice agradecido. 

En unos días Carlos podrá volver al trabajo más tranquilo, mientras Ruth se queda en casa con la niña, cumpliendo con las medidas de distanciamiento pautadas y llevando una frecuente higiene de manos. "La sensación de estar aquí en casa y no poder hacer lo que quieres con tu hija es rara... Yo todas las mañanas la levantaba, la cogía en brazos y la llevaba hasta el salón para que desayune… Son tonterías que ahora no puedo hacer, pero vale la pena esperar 14 días. Tengo que estar dos semanas sin salir, pero se lleva más fácil estando aquí", confiesa esta mamá.

Tanto ella como su marido se muestran muy orgullosos del comportamiento de su pequeña, que enseguida se dispuso a hacer los carteles para dar la bienvenida a su madre ante la imposibilidad de abrazarse. "Yaiza tiene muy asimilada la situación y, de hecho, cuando estábamos los dos aquí en casa apenas quería salir estos días. Desde que autorizaron los paseos de los niños hemos salido dos veces... Mi hija es muy buena, y en casa no coge ni toca nada que no deba", cuenta orgulloso su padre. 

Tras un largo viaje de vuelta y un poquito de 'jet lag', las vidas de estas familias vuelven poco a poco a la "nueva normalidad". Ruth, por su parte, ha hecho ya videollamada con su familia de Ecuador para contarles que, a pesar de las circunstancias, les ha ido bien el viaje. También ha hablado con sus suegros y sobrinas, a los que tiene muchas ganas de ver en persona cuando pasen 15 días. "A mi madre la tengo bastante preocupada... Se quedó muy mal. La casa se le hace grande y tiene un vacío tremendo sin mi padre. Ahora están mi hermano y sus dos niñas pequeñas con ella, que le hacen compañía, y ayer al llegar a España pude hablar con todos y decirles que estoy bien con mi familia. Mi deseo es que todo vuelva a la normalidad pronto, aunque no es lo mismo llevar la cuarentena aquí... Ahora estoy con lo que más quiero, tengo a mi hija, y aunque he dormido poco, lo llevo bastante bien", confiesa aislada en su dormitorio. 

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