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sociedad

La crisis sanitaria amenaza con obligar a limitar el aforo de las piscinas de verano

Las instalaciones deportivas deberían abrir el 6 de junio, pero todo depende de la evolución de la crisis sanitaria. El Ayuntamiento compensará los abonos de las cubiertas que estos días no pueden utilizarse.

Las obras en las piscinas de la Hípica el pasado mes de febrero.
Las obras en las piscinas de la Hípica el pasado mes de febrero.
Raquel Labodía

A estas alturas de año ya era costumbre que los usuarios más tempraneros comenzaran a asomarse por los solariums. Con sus hamacas y tumbonas eran la avanzadilla de la temporada de piscinas de verano, que este 2020 es una incógnita cómo podrá llevarse a cabo.

Desde el Ayuntamiento explican que por ahora, no hay cambios en la previsión de inicio de campaña, pero son conscientes de que esta crisis sanitaria lo altera todo muy rápido. La idea era que las piscinas pudieran abrir sus puertas el próximo 6 de junio, pero todo dependerá “de cómo evolucione la pandemia y de las directrices que se den a nivel nacional”. “Todas las opciones están abiertas”, afirman, conscientes de que la temporada será obligadamente atípica.

Si la ministra de Turismo Reyes Maroto ya advirtió hace unos días que incluso en las playas habrá que guardar la distancia de seguridad durante un tiempo, es más que probable que en las piscinas haya que limitar los aforos, como ya obliga el Gobierno en muchos edificios oficiales e, incluso, en el transporte público. Tampoco sería esta una medida extraña para los zaragozanos pues en julio y agosto suele haber centros deportivos tan saturados (La Jota o Alberto Maestro) que cierran temporalmente los tornos y, conforme hay bañistas que abandonan la instalación, se va permitiendo el acceso a nuevos usuarios. La normativa municipal establece que en las zonas verdes debe haber como mucho una persona por cada cuatro metros cuadrados de césped, y en los vasos, una por cada dos metros cuadros. Estos aforos es de prever que se vean mucho más restringidos este año.

Habrá que evitar las aglomeraciones de bañistas, si bien los expertos no temen por que el agua pueda ser una vía de contagio porque, según explican, el cloro tiene una gran capacidad desinfectante y el correcto mantenimiento de los vasos hace que el agua no sea un vector de transmisión. También se especula con que las altas temperaturas puedan frenar la expansión del virus, pero los expertos creen que no lo suficiente como para eliminarlo.

Tradicionalmente la venta anticipada de abonos solía empezar a primeros de mayo y, de momento, la campaña publicitaria está en ‘stand by’. En casi todas las ciudades españolas sucede lo mismo, sus consistorios se encuentran “a la espera de acontecimientos”, y ninguna ha renunciado aún a la temporada de piscinas, a pesar de que el coronavirus ha sido un azote para cualquier tipo de reunión multitudinaria como ya se ha visto con el Mobile Congress, las Fallas, la Semana Santa… Los ayuntamientos manejan, de momento, varias alternativas y escenarios para poner en marcha la campaña de piscinas y las variables con las que juegan son la posibilidad de limitar aforos, comenzar más tarde, extender la temporada (si hace bueno) en septiembre o mantener el calendario previsto pero abriendo “de una forma muy controlada”. También habrá que extremar las medidas de higiene y algunos municipios estudian ya vender entradas por turnos limitados, para que los escasos bañistas que puedan pasar no se ‘apoltronen’ y se dé oportunidad de disfrutar a más usuarios.

Todo esto son escenarios hipotéticos, y lo único que sí tiene claro ya el Ayuntamiento de Zaragoza es que habrá compensaciones para todos aquellos que tienen un abono de piscina cubierta y que no están pudiendo disfrutar desde hace un mes de las instalaciones. La idea es que el abono anual se congele y que, cuando todo vuelva a la normalidad, se prolongue durante el mismo tiempo que haya permanecido inactivo por el cierre. Es decir, que en estas semanas de cierre obligado por la pandemia el tiempo que corra no se haga efectivo.

Capítulo aparte supondrá el elevado déficit que anualmente generan las piscinas y que queda lejos de cubrirse con la venta de entradas (la recaudación apenas cubre el 20% del coste real del servicio). Este año, si se tuviera que limitar el número de usuarios, ese déficit sería aún mucho mayor que los seis millones al año en los que suele cifrarse, si bien las piscinas se consideran un “servicio de utilidad social” dado que muchas familias no pueden irse de vacaciones y este año aún está la amenaza de que los viajes continúen limitados durante parte del verano.

El Consistorio presentó en febrero cuáles iban a ser las líneas clave de la venidera campaña de piscinas, pero muchas de aquellas previsiones se han ido al traste con la pandemia. La intención era abrir los centros este año a las 10.30, treinta minutos antes del horario habitual, y retrasar la temporada una semana: los primeros chapuzones se darían el sábado 6 de junio (y no el 30 de mayo, como sería de esperar) y se podría nadar hasta el domingo 6 de septiembre. El gobierno municipal mantenía congeladas las tarifas (4 euros la entrada diaria) y contaba con poder estrenar la reforma de las instalaciones de Gran Vía (la antigua Hípica), tras una inversión de 1,2 millones de euros. Esta obra, que buscaba acabar con las filtraciones de los envejecidos vasos, tuvo que pararse durante las dos semanas en las que hibernó la economía, pero se ha recuperado hace pocos días.

El área de Deportes también preveía continuar con una política emprendida el año pasado como era la de dejar el precio a la mitad de determinados centros (sobre todo en los barrios rurales) cuando azotaba una ola de calor que eleve durante varios días la temperatura por encima de los 40 grados. Esta iniciativa hizo que el año pasado se rozara el millón de bañistas (el balance fue de 913.181 usos), en el que fue uno de los mejores registros de la década teniendo en cuenta que la citada Hípica permaneció cerrada. Los centros preferidos por los zaragozanos, como es habitual, fueron el de Las Delicias, el Actur y la Granja, que es de largo el de una afluencia más elevada.

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