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La Cartuja se vuelca para que a ningún vecino le falte de nada

En este barrio rural de Zaragoza de poco más de 2.000 habitantes quien más quien menos está colaborando para fabricar mascarillas, animar a sus convecinos o financiar la confección de batas para sanitarios.

La Cartuja se vuelca para que a ningún vecino le falte de nada
La Cartuja se vuelca para que a ningún vecino le falte de nada
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En el barrio rural zaragozano de La Cartuja Baja, prácticamente todos los vecinos se conocen. Son poco más de 2.000 y siempre están dispuestos a echar una mano al prójimo si le hace falta. Una generosidad que durante estos días se ha disparado, ya que en mayor o menor medida, todos los habitantes del barrio se han volcado para que el confinamiento sea lo más llevadero posible. “En estos pequeños núcleos nos conocemos todos y hay mucha tradición de vecindad y de ayuda mutua. Ahora ocurre más que nunca”, considera José María Lasaosa, alcalde de La Cartuja.

La incidencia del coronavirus en este barrio es casi anecdótica, ya que tal y como explican desde alcaldía tan solo hay un caso confirmado y evoluciona favorablemente. Con todo, los vecinos llevan varias semanas luchando para frenar el avance de la enfermedad y asegurarse de que los mayores de la zona se encuentran bien atendidos. Y parece que así es, ya que los voluntarios de La Cartuja inscritos en la plataforma ZGZ Ayuda todavía no han recibido ninguna llamada solicitando asistencia. “Hay tanta solidaridad entre nosotros que la gente que tiene vecinos mayores contacta directamente con ellos para ver cómo están y qué necesitan”, añade Lasaosa.

Otra de las actividades estrella en La Cartuja es la elaboración de mascarillas y batas para personal médico. Muchos habitantes del barrio son sanitarios o tienen conocidos en la primera línea de batalla y ante la escasez de protecciones, comenzaron a confeccionarlas ellos mismos.

Yoli Plou es la vecina que coordina la fabricación de batas con bolsas de basura. Desde el día 29 de marzo ya han repartido un total de 1.619 que han ido a parar al Miguel Servet; al Hospital Clínico; al Royo Villanova; a los centros de salud de Torre Ramona, San José y Arrabal; y a varias residencias de mayores. “Es lo único que podemos hacer desde casa”, comenta Plou, que asegura que cada vez que recibe un mensaje de agradecimiento por su labor se emociona. “Es una mezcla de pena, rabia e impotencia”, señala.

Pero esta vecina y los casi treinta voluntarios que se dedican a la confección de batas no están solos. Desde el pasado domingo, bomberos de los cinco parques de Zaragoza les echan una mano con la fabricación y el reparto. “Queremos agradecer a todas las empresas que están haciéndonos donaciones de material, a los bomberos, a los taxistas que han venido hasta La Cartuja para llevarse batas y repartirlas… A todo el mundo que está en primera línea”, afirma Plou.

Para continuar con la confección de batas, se ha habilitado un número de cuenta en el que se pueden realizar donaciones para seguir comprando material. “Hemos pedido la colaboración del barrio y de momento se han recaudado 410 euros”, señala Javier Maroto, integrante del grupo de voluntariado y miembro de la Junta Vecinal del barrio.

“Los niños están enfrentándose a esta situación de forma muy digna”

Desde la alcaldía, Lasaosa reconoce que los vecinos les están poniendo las cosas muy sencillas, y que “apenas” tienen trabajo gracias a ellos. No obstante, tanto desde la alcaldía como desde la Junta Vecinal intentan mantener al barrio lo más informado posible, y también han grabado un vídeo de presentación para infundir ánimos y dar a conocer a los nuevos miembros de la Junta.

Además, Lasaosa elogia el trabajo que se está llevando a cabo desde el Ayuntamiento de Zaragoza ya que la comunicación con el consistorio es “muy directa” y sirve para resolver las dudas que van surgiendo. También destaca el comportamiento ejemplar de los más pequeños del barrio, que están “enfrentándose a esta situación de una forma muy digna”.

Precisamente para que los niños se diviertan, un grupo de vecinos de los bloques del llamado Hogar Cristiano se encarga de animarles las mañanas y las tardes. Altavoz en mano, Daniel Agudo, Sergio Jiménez y Manuel Pascual ponen a bailar a sus vecinos mientras retransmiten el momento a través de Facebook.

“Somos unos 240 vecinos. Muchos somos familias con niños, gente mayor, autónomos que no pueden ir a trabajar…”, señala Jiménez, presidente de la comunidad y que lleva casi dos décadas dedicándose a la animación de forma profesional.

Gracias a estos vecinos, quienes cumplen años estos días también reciben sus merecidas felicitaciones. “Hasta cinco cumpleaños hemos llegado a hacer en una ronda”, asegura Jiménez. Todo para que grandes y pequeños puedan olvidarse, aunque sea durante unos minutos, de la difícil realidad que les está tocando vivir.

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Toda la información sobre la enfermedad, en HERALDO.

 

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