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Confinados en 40 metros cuadrados: "No sirve de nada lamentarse por el espacio"

Tres zaragozanos explican cómo llevan la prohibición de salir a la calle mientras viven en pisos de reducidas dimensiones. Algunos, incluso, junto a sus mascotas.

Toni Albero trabaja desde el ordenador de su casa junto a sus mascotas.
Toni Albero trabaja desde el ordenador de su casa junto a sus mascotas.
T.A.

Estamos acostumbrados a ver cómo un sinfín de rostros conocidos promueven la campaña #Quédateencasa, una iniciativa que pretende concienciar a todos los españoles sobre la importancia de no salir a la calle mientras perdure el estado de alarma. Políticos, actores o deportistas de élite llaman estos días al confinamiento mientras se ejercitan en espacios amplios y perfectamente equipados para la práctica deportiva o desde confortables salones que poco (o nada) tendrían que envidiarle a cualquier sala de cine. Sin embargo, en el otro extremo de esta cuarentena emergen los ciudadanos que viven este proceso en reducidos y coquetos pisos que a duras penas superan los 40 metros cuadrados. Así está siendo su cuarentena.

"Antes salía de casa a las 7.45 de la mañana y volvía a las 20.00. Pasar de estar tantas horas fuera a no salir casi a la calle es un cambio muy importante, pero de momento lo estoy llevando muy bien", explica Javier Vicente. Este zaragozano, de 32 años, reside en un piso de 45 metros cuadrados ubicado en el centro de la capital aragonesa.

Como otros muchos españoles, él también ha tenido que convertir su domicilio en una improvisada oficina, donde trabaja para una empresa de mantenimiento eólico. "Ahora mismo tengo un volumen grande de trabajo, por lo que se me pasa el día muy rápido. Cuando termino, suelo salir a un pequeño balcón para que me dé el sol y el aire, así me relajo”, explica.

Mientras España camina en su segunda semana de confinamiento, Javier se encuentra ya en la tercera, después de tener que suspender sus vacaciones en Milán tras la imparable expansión del coronavirus. "Me iba a ir una semana, del 6 al 13 de marzo, pero cuando vi cómo estaba la situación en Lombardía adelanté mi vuelo y estuve solo un fin de semana. Volví un domingo y toda la semana siguiente ya estuve en cuarentena sin salir de mi casa, aunque de vacaciones”, afirma.

El zaragozano Javier Vicente trabaja desde su vivienda.
El zaragozano Javier Vicente trabaja desde su vivienda.
J.V.

Rutina, trabajo, descanso… Pero, ¿qué más se puede hacer en 45 metros cuadrados? "Estos días me he planteado volver a tocar el piano, que lo dejé hace unos años. En cuanto al deporte, tengo un banco y unas pesas, pero apenas las he utilizado en seis meses…", confiesa con humor.

Dos humanos, dos perros y un gato… en 45 metros cuadrados

Más peculiar es la situación de Toni Albero, un zaragozano que trabaja como coordinador de una academia de inglés. En su céntrico piso de Zaragoza, también de 45 metros cuadrados, no solo reside él: le acompañan su pareja, dos perros y un gato. Una singular combinación que reconoce llevar con absoluta normalidad.

"De momentos nos hemos organizado muy bien. Saco a los perros un par de veces al día y nos turnamos para ir a comprar una vez a la semana. A mi chica le gusta estar en casa y a mí los paseos con los animales me sirven para airearme y estirar las piernas", asegura.

Además de vida, ambos también comparten profesión como docentes. "Trabajamos en el salón, a un metro el uno del otro, pero no nos supone ningún problema. Ahora vamos a empezar a dar clases online, así que, seguramente, uno tendrá que irse a la habitación", añade.

En su tiempo libre, Toni aprovecha para tocar la guitarra y el ukelele, mientras que su novia se dedica a dibujar. "Los que están felices con esta situación son los animales, que están encantados de estar todo el día en casa con nosotros", revela.

Establecer una rutina, clave

Algo peor está llevando la cuarentena Carmen González, una zaragozana de 27 años que reside en el barrio de la Magdalena junto a su pareja y su mascota. Los tres conviven en 40 metros cuadrados, donde se organizan para trabajar, descansar e, incluso, hacer deporte. "A veces es un poco duro porque de la mesa del salón, donde trabajo, al sitio donde entreno o a la cama apenas hay tres metros, pero es lo que hay, no sirve de nada lamentarse", admite.

En su caso, considera "fundamental" establecerse una adecuada rutina de trabajo e "intentar cumplirla". "Cuando termino de trabajar, apago el ordenador y trato de no volver a ese rincón de la casa en todo el día, aunque obviamente por proximidad está ahí. No puedo cerrar una habitación y dejar el trabajo dentro hasta el día siguiente", lamenta.

Carmen asegura que lleva la cuarentena "a días", aunque piensa en la gente que está "verdaderamente mal" y considera que "no tengo motivos para quejarme". "Me turno con mi pareja para sacar a nuestro perro a pasear, pero siempre le damos paseos cortos y tratando de no cruzarnos con nadie. Ahora toca ser más responsables que nunca", concluye.

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