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Zaragoza

coronavirus

Las trabajadoras de una residencia de Garrapinillos se confinan con los mayores para reducir los riesgos

Las 13 empleadas del centro 'Entre Álamos' no dudaron en tomar esta medida para evitar que el coronavirus traspase las puertas del centro.

Foto de equipo a las puertas del centro, donde no se ha registrado ningún caso de coronavirus.
Foto de equipo a las puertas del centro, donde no se ha registrado ningún caso de coronavirus.
Macu Morlanes

La crisis del coronavirus está sacando lo mejor de la gente. La pandemia ha desatado una ola de solidaridad que ha llevado a muchos ciudadanos a ofrecer su ayuda en todas las dimensiones imaginables, a empresas de distintos tamaños y sectores a pasar a producir o importar material sanitario e, incluso, los hay que han realizado aportaciones económicas a fondo perdido. De un euro o de cantidades millonarias, da igual: cada céntimo cuenta en esta carrera contrarreloj por acabar con los contagios y las muertes por covid-19, que además de generar una triste pérdida de seres queridos amenaza con colapsar el sistema sanitario.

Algunos de los gestos altruistas están teniendo un fuerte eco, mientras otros pasan desapercibidos. Esto último es lo que ocurre con la decisión de las 13 trabajadoras de la residencia Entre Álamos, en Garrapinillos, que de forma unánime decidieron el pasado viernes confinarse con ‘sus’ abuelos. De este modo, y al reducir al mínimo la entrada y salida de personas y el contacto con el exterior, se aseguran de que el virus tenga muy pocas posibilidades de colarse en el recinto y atacar a los residentes, que no cabe olvidar que constituyen la mayor población de riesgo.

La idea surgió a raíz del agravamiento de la situación. “El viernes por la mañana, después de leer las noticias, de escuchar que había tantos casos graves, sobre todo entre gente de la edad de nuestros residentes, nos entró pánico”, cuenta Macu Morlanes, directora del centro. “Estuvimos dándole vueltas todo el día, no sabíamos muy bien qué hacer, ya que veíamos que nuestros abuelos estaban bien, que acabábamos las jornadas bien, preocupados pero sin contagios. Por la tarde llegamos a la conclusión de que hacer la cuarentena con ellos podía ser la mejor decisión y se lo planteamos a la plantilla sabiendo que estábamos pidiéndoles un esfuerzo extra muy grande”.

Lo que quizá no esperaban desde la dirección es la gran respuesta de sus trabajadoras. “Empezaron a decirnos que claro, que contásemos con ellas, que comprendían perfectamente la situación y que era lo más lógico. Y eso que, como es normal, la mayor parte de ellas tienen hijos u otras responsabilidades fuera de su trabajo. Aun así no preguntaron qué recibirían a cambio, aunque evidentemente tendremos que estar a la altura y corresponder”, cuenta Macu, quien se siente “gratificada” por la labor de sus empleadas: “Sabíamos que teníamos un equipo excepcional, pero algo así supera cualquier expectativa. En medio toda esta situación, la sensación no puede ser más gratificante”.

Dentro de la residencia se reparten las labores en turnos de nueve horas, algunos de ellos partidos y otros continuos, pero todos con un ritmo alto de desempeño. “Por el momento lo llevamos bien, estamos contentas, con alegría. Si llega el viernes y vemos que ha pasado la primera semana sin problemas... no sé lo que vamos a hacer, ¡una fiesta!”, apunta esperanzada la directora.

Ninguno de los residentes ha notado, hasta el momento síntoma alguno relacionado con el coronavirus. Los mayores reciben la única visita del exterior del médico, que “evidentemente es la persona que mejor sabe qué precauciones se han de tomar”. Además, en el interior no falta material de protección, pues “el proveedor avisó hace tiempo de que fuésemos previsoras”. Y, por si fuera poco, la hija de una de las enfermeras les llevó un lote de mascarillas de tela tejidas por ella misma y que también llegaron al Hospital Clínico de Zaragoza.

Una idea que "sale del corazón"

Los propios residentes, cuenta Macu, “se muestran muy agradecidos por la decisión ya que se sienten más seguros”. Siguen en contacto con sus hijos y nietos a través de “un ratito de videollamadas o mensajes mediante las aplicaciones de móvil”, si bien “la vorágine del trabajo no deja mucho tiempo para ello”.

Las familias también saben apreciar la decisión del centro. “Son todo palabras de agradecimiento, pero quiero dejar claro que esto no está siendo una búsqueda de protagonismo ni nada parecido, esta ha sido una idea que ha salido del corazón, lo hacemos por nuestros mayores, que si bien son clientes, para nosotros son mucho más que eso”, concluye la responsable de la residencia.

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