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Zaragoza

7º día de encierro 

Diario de un confinamiento: Eva Nasarre y Jane Fonda estarían orgullosas

Día 7. ¡Dejad de compartir tablas de ejercicios! Hay quienes antes no pisaban el gimnasio y ahora no paran de entrenar en casa. Este encierro obligatorio dejará una raza de humanos hipertrofiados.

Bodegón de material básico y plantas.
Bodegón de material básico y plantas.
Heraldo.es

Pienso que no habrá término medio. Cuando acabe esta forzosa reclusión, se habrán  desarrollado dos nuevos fenotipos. Estarán los humanos hipertrofiados y los pequeños albondigones rodantes. Esta es mi conclusión después de comprobar en las redes que hay dos clases de ‘influencers’: los que se pasan el día entrenando con cualquier cosa que encuentran por casa y los que posan con mantas cuquis, decoración chic y cajas de donuts de fondo.

Los primeros tienen un auténtico trastorno obsesivo compulsivo. Garrafas que sirven de pesas, dominadas en el marco de las puertas, mallas y cintas de pelo que harían sonrojar Jane Fonda. He visto incluso arrebatos de sansonismo: forzudos levantando sofás repletos de familiares repantigados y con unas venas en el cuello que requerirían un telexorcismo.

Cálmense un poco, enrólense en un circo y explíquenme -de paso- de dónde sacan el ánimo y las ganas. Yo tengo una triste mancuerna cubierta de polvo y cuando la miro desde la distancia me sonríe con su cara de donette...

Dicho lo cual, es muy loable tratar de mantenerse en forma en el encierro, claro que sí. Una compañera me cuenta que el médico le recomendó andar dos horas diarias y ahora lo hace por el anodino pasillo de casa. Está agotada. Por la calle se para en los semáforos, pero ahora tiene que llamar a su marido para que se cruce o algo. Hay días que se harta y estampa el podómetro contra la pared. “¡Mira que son resistentes estas máquinas del diablo!”, lamenta.

Yo también me propongo mantenerme ‘fit’ y, cómo no, acudo a los clásicos. Aprovecho que el archivo de RTVE ha recuperado estos días a Elena Santonja (con su masa) y a la icónica Eva Nasarre y me dispongo a apuntar algunas tablas. El maldito YouTube es tan predictivo que en lugar de mostrarme a la gimnasta original me sugiere una parodia de Martes y 13. Sí, más o menos así me veo yo: me faltan la peluca, los calentadores y las bragas por fuera del maillot. "Metiendo la femoral, expandiendo el glande", decía Millán Salcedo, al ritmo de Locomía...

He de confesar que el fin de semana en el que todo esto comenzó me había apuntado a una competición de ‘crossfit’. No porque me viera posibilidad alguna, sino porque regalaban una camiseta. El gimnasio, claro, tuvo que cancelar la sesión y creo que es lo único bueno que ha traído consigo el estado de alerta. Eso sí, como a la vuelta no me den mi camiseta, armo la ‘marimorena’. Vanessa, David, Juan, gasto una talla L, advertidos estáis. Además, en un par de semanas seré aún más temible porque os podré perseguir por el gimnasio rodando cual albóndiga.

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