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Los 'valientes' de los centros de mayores: "Hoy no hay ni la mitad de gente jugando al guiñote"

Los centros de convivencia para mayores de Zaragoza siguen abiertos de momento. Eso sí, sus usuarios se han reducido a la mitad en algunos talleres.

Imagen de la cafetería del centro de mayores Laín Entralgo, en el paseo de la Mina.
Imagen de la cafetería del centro de mayores Laín Entralgo, en el paseo de la Mina.
José Miguel Marco

El centro de convivencia Laín Entralgo, en pleno paseo de la Mina de Zaragoza, rebosa actividad por las mañanas. Es un lugar concurrido donde habitualmente casi hay que hacer turno para coger una mesa, leer el HERALDO o sentarse en uno de los bancos de su agradable jardín. Estos días el panorama ha cambiado. En la cafetería se puede elegir sitio para jugar a las cartas y los talleres de actividades funcionan a medio gas. El culpable, cómo no, es el coronavirus.

Quienes acuden estos días son los ‘valientes’ que no tienen miedo al Covid-19. Los mayores son población de riesgo, pero de ahí a quedarse en casa... Romualdo Gracia y Pablo Calvo toman el vermú de mediodía con cuatro amigos, tras haber jugado su partida de petanca y haberse lavado las manos. “Se está siendo demasiado alarmista con esto, es como cualquier enfermedad”, dice Romualdo. No todos deben pensar igual, ya que las cartas no vuelan sobre el tapete como otros días. “Un día normal todas las mesas están llenas de gente jugando al guiñote, y ahora hay muchas vacías. Será por miedo o preocupación”, apunta Pablo.

Susana Navarro, técnico auxiliar sociocultural del centro, certifica que el coronavirus “se está notando bastante” en el día a día del Laín Entralgo. “Hay menos afluencia de público, en algunos talleres están viniendo la mitad de los usuarios”, asegura.

Los centros de mayores de Zaragoza siguen abiertos de momento. Eso sí, sus usuarios se han reducido al a mitad en algunos talleres.

El coronavirus es el tema estrella. Por el contacto que tiene con estas personas mayores, esta trabajadora municipal observa actitudes de todo tipo ante esta crisis sanitaria: “Hay quien lo vive con mucha preocupación y otros que lo llevan con normalidad”. Estos días, al centro solo acuden los segundos.

Ángeles Rubiera, de 84 años (“casi 85”, aclara), dice no estar preocupada. Su salud (toca madera) parece de hierro, ya que según dice ha tenido fiebre “dos veces” en toda su vida. “Con 12 y 20 años”. Es decir, la última vez fue hace 64 primaveras. Cree que con esta epidemia “hay que tomar medidas de higiene”, pero poco más. “Sigo las instrucciones de toda la vida de mi madre, y además uso un desinfectante con alcohol si he subido al autobús”, señala. Aunque la cafetería esté a medio gas, cree que la gente de su entorno, en Las Fuentes, no está inquieta y hace “vida normal”.

Su compañera de conversación esta mañana, Gloria Martínez (55 años), añade que la gente “habla, comenta y dice cosas” sobre el Covid-19, pero coincide con Ángeles en que “no hay que tener este pánico de ni siquiera salir de casa”.

En una mesa cercana, Victoria Lanau, de 77 años, dice que este será “como todos los virus” que están entre nosotros. “En invierno, los que llegamos a una edad vamos cayendo”, dice desde su experiencia laboral vinculada a la ciencia. Cree que hay “demasiado alarmismo”, aunque sí pide que se atienda “a las personas que viven solas”, ya que en ocasiones tienden a descuidar algo su higiene. Su amiga Goya Teresa (68 años), coincide en que hay demasiado temor. “Había quedado a comer con una amiga el jueves, pero me ha dicho que no vendrá por el coronavirus”, ejemplifica.

En el Laín Entralgo, como en todos los centros de convivencia de la ciudad, se ha reforzado la limpieza para estos días, especialmente en las zonas comunes. Se usan productos especiales y se utilizan con mayor frecuencia. Eso sí, allí nadie descarta que en los próximos días haya que tomar una medida como la de Madrid, donde se cerraron todos los centros para evitar el contagio entre los mayores. “Claro que sería un inconveniente, porque para la gente mayor es importante salir, estar con gente y distraerse”, apunta Ángeles Rubiera.

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